Respeto por las instituciones

Brasil está en los suelos por la corrupción. La séptima potencia del mundo resultó atrapada por redes de sobornos. Quedaron menoscabados poderes públicos, sindicatos, partidos políticos y grandes empresas. Culpable o no, la permanencia del gobierno del Presidente Temer parece difícilmente sostenible. Ante los desmanes, se ordenó al Ejército proteger las instalaciones y servicios públicos. El despliegue armado resultó exagerado y los militares han vuelto a sus cuarteles, hasta nueva orden. Por el momento no se avizora una salida. Puede pasar cualquier cosa en Brasil. Lo que necesita, y con urgencia, es comenzar por ganarse el respeto por sus instituciones. Es impostergable un cambio de dirección y señales claras para ese propósito, más allá de las acciones judiciales. De lo contrario se profundizará la crisis con repercusiones insondables.

En Chile, la demora en detectar las malversaciones y lavado de dinero en Carabineros permitió la corrupción financiera a niveles inimaginables, con grave daño para su imagen.

Antes, los abusos policiales habían sido episódicos y aislados. Muchos relacionados con el narcotráfico. La trama actual se arrastra por varios años, los montos sustraídos superan los veinte millones de dólares, con varias decenas de involucrados, algunos de alta graduación. Hay responsabilidades extendidas, éticas, civiles, penales y de los mandos.

Los delitos y la negligencia de una ínfima minoría no deben dañar a la policía completa: los Carabineros cumplen con su deber de manera admirable, sacrificada y honesta. Es la institución más valorada del Estado, según las encuestas. Pronto veremos qué pasará en las siguientes mediciones de opinión. Los prestigios se ganan y se pierden. Pueden recuperarse pronto, dependiendo del contenido y velocidad de las medidas reparatorias.

Ya se sabe de la falta de apoyo a Carabineros, cuando se les encarga hacer cumplir la ley, el orden y la seguridad pública. Ahora sufren injustos agravios y descalificaciones por las negligencias y delitos económicos de otros. Ha ocurrido en recientes manifestaciones y también soterradamente.

Para evitar esas gravísimas repercusiones en la moral de los policías y devolver la confianza en Carabineros no basta con facilitar las investigaciones, entregar los antecedentes a la justicia y anunciar medidas para evitar la repetición de delitos.

Este año, al conmemorar los noventa años de su existencia, Carabineros celebra estar "en el corazón e historia de Chile". Para seguir siendo reconocidos y admirados antes requieren ser respetados. Lograrlo depende de ellos, de la ciudadanía y de las autoridades. Para recuperar el respeto dañado debe haber un esfuerzo conjunto y la percepción de que se han introducido cambios tangibles y profundos en la dirección y gestión de los recursos humanos y materiales de Carabineros. Y no se nota.

Columna de Hernán Felipe Errázuriz, Consejero de Libertad y Desarrollo, publicada en El Mercurio.-