Todo se cuestiona y todo se des-intermedia

Diario Financiero

¿Qué provoca el desencanto ciudadano en Chile y el Mundo? Son varias cosas. A nivel internacional muchos países, Estados Unidos entre ellos, han sufrido un prolongado período de bajo o nulo crecimiento económico que se ha traducido en un estancamiento en los ingresos de las personas, en particular de aquellos de ingresos medios y bajos. Se calcula que en el país del norte recién esos sectores están recuperando el nivel que tenían en 2008, antes de la crisis de Lehman Brothers.

Pero en Chile el desencanto ciudadano tiene una expresión fuerte el año 2011 con el movimiento estudiantil, y en esos años la economía chilena crecía al 5%. Es cierto que el ritmo de crecimiento de la economía antes de Piñera había bajado fuertemente, lo que explicaría algún desencanto, pero acá el fenómeno parece también estar asociado a una cuestión más tendencial: una clase media creciente que ya representa más del 50% de la población y que luego de acceder a cierto nivel de vida aspira a mejorarlo y, más importante aún, a no perderlo producto de la fragilidad de su nueva condición. Chile se encontraría en la trampa de los países de ingreso medio. Por supuesto hay también una explicación más puntual, que es el alto porcentaje del ingreso de muchas familias chilenas que tuvo que dedicarse a pagar la educación superior, la que, además, no siempre era de calidad. Y ese tema no se ha resuelto, y tardará mucho tiempo en aliviarse.

En el mundo, el desencanto parece estar asociado a la globalización. Si bien es posible sostener que la globalización tiene un efecto neto muy favorable especialmente para países con importante comercio exterior, es cierto que hay sectores al interior de diversos países que se ven perjudicados. Algunos son trabajadores poco calificados y en general los que tienen dificultades para usar la tecnología. En la percepción de la gente al menos, las olas masivas de inmigrantes han contribuido a empeorar la situación, tanto porque compiten por puestos de trabajo como porque presionan el gasto público al acceder a generosas prestaciones sociales. Hay mucho de mito en esto último, porque los inmigrantes trabajan más que los nacionales y usan menos el estado de bienestar.

Tanto en Chile como en el mundo la izquierda ha tratado de atribuir el malestar a un desencanto con el sistema capitalista. Un hombre nuevo más solidario rechazaría el materialismo imperante. Sin embargo los ciudadanos le han dado la espalda a esa tesis y, al contrario, demandan más del capitalismo y su descontento está en no acceder a mejores niveles de vida. En el caso de nuestro país los resultados de las últimas elecciones municipales confirman que esto no es más que el sueño de sectores muy ideologizados. Por el contrario, para dar más sentido a sus vidas las personas necesitan una sociedad que dé cada vez más oportunidades, tanto en lo económico como en otros ámbitos, donde sí hay una mayor demanda por espacios públicos que mejoren la calidad de vida.

Pero hay explicaciones más sociológicas al desencanto. Lo que sí vemos es un cuestionamiento a la autoridad. Tanto a la autoridad política como aquella que otorga el poder económico o los grupos que tenían reputación social o moral. ¿Otra vez la muerte de Dios de Nietzsche? Todo se cuestiona y todo se des intermedia. Crece la tentación de la democracia directa para des intermediar a los políticos, y el uso de las redes sociales para saltarse a los medios de comunicación y para desafiar a las empresas.

Esto plantea un gran desafío a la política, porque no hay hasta ahora propuestas concretas para reemplazar a las instituciones cuestionadas.

Y lo que es más preocupante: dentro de las autoridades cuestionadas, está también la de la técnica. Hoy día pareciera no haber reconocimiento a ella y en cambio, cierto rechazo al pensamiento racional.

Será difícil lidiar con esta expresión del desencanto, pues decisiones erradas que no consideran a la técnica  suelen llevar a un círculo vicioso de malas políticas y creciente  malestar. Un desafío para líderes de verdad.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, en Libro aniversario Diario Financiero.-

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