Impecable

Mis hijos me dicen que soy “chato” porque siempre estoy con la cantilena de que cuando yo era chico, en Chile no había ninguna de las cosas buenas que ellos tienen ahora en variedades y cantidades, que eran impensables para un niño de los años 70. Si hasta para comprar un turrón de maní había que cruzar la frontera y hacer cola en la tiendecita de la aduana de Caracoles.

Hay muchas cosas del Chile del siglo XXI, que las nuevas generaciones toman por dadas, pero que quienes alcanzamos a vivir unas cuantas décadas del siglo XX no olvidamos. Una de ellas es la persistente y odiosa inflación que Chile experimentó por décadas y que solo a partir de finales de los años 90 comenzó su retirada definitiva. A riesgo de que los lectores de esta columna compartan el juicio de mis hijos, quiero recordarles que en 1990, la inflación anual en Chile superó el 25%. Vale decir, con la misma plata usted compraba cuatro marraquetas el 1 de enero y solo tres marraquetas el 31 de diciembre del mismo año.

Una de las razones de por qué la inflación en Chile y muchos otros países latinoamericanos fue persistentemente alta durante gran parte del siglo XX, es porque los bancos centrales no eran independientes del gobierno. De manera que el ministro de Hacienda podía recurrir a la maquinita de imprimir billetes para financiar su déficit fiscal o tapar los forados financieros de las empresas públicas.
Chile fue pionero en América Latina en implementar políticas destinadas a eliminar el flagelo de la inflación. Entre otras cosas, porque ésta afecta desproporcionadamente más a las personas de menos recursos. La privatización de las empresas públicas, la eliminación de los déficit fiscales y finalmente la consagración por ley de la autonomía del Banco Central fueron todas piezas claves para que Chile pudiera derrotar la inflación. Este es un triunfo que debemos cuidar. Por lo mismo es que quisiera aprovechar de hacer un homenaje en estas líneas a Rodrigo Vergara, el saliente presidente del Banco Central. Durante los cinco años en que él presidió el instituto emisor, su gestión fue impecable. Ejerció su cargo con el profesionalismo que ya forma parte de la tradición de nuestro Banco Central y que le han permitido ganarse muy merecidamente el sitial como uno de los bancos centrales más prestigiosos del mundo.

Vergara deja su cargo con la inflación totalmente en línea con los objetivos del Banco Central. La inflación de los últimos 12 meses en 2,8%, y las expectativas para los próximos dos años en 3%, justo en el centro del rango meta establecido por el propio banco. Es difícil que los jóvenes de hoy puedan imaginarse cómo era un Chile con 20%, 50% y hasta 500% de inflación. Por lo mismo, dificulto que puedan valorar en su real magnitud la labor de personas como Rodrigo Vergara y muchos otros que han integrado el consejo del Banco Central. Quizás una vueltecita por Argentina o Venezuela sería recomendable para que cuando algún político creativo plantee eliminar la autonomía del Banco Central, las nuevas generaciones entiendan cuál el riesgo de dicha propuesta.

Columna de José Ramón Valente, Consejero de Políticas Públicas de Libertad y Desarrollo, en La Tercera.-