Intervención de Pacheco

La Tercera

Elección e intervención van de la mano. Siempre que se aproxima una elección vemos formas de intervención o, lo que es lo mismo, usos abusivos del poder para intentar mantenerse en él. Pero la intervención de hoy es algo más sofisticada que las de ayer y por eso requiere atención. El viaje de Helia Molina a Nueva York, por ejemplo, es una manera novedosa de 'intervenir'. Es claro que ella se ha transformado en una favorita, pero no de los electores de Ñuñoa, sino que de la Presidenta que la llevó no se sabe mucho para qué. El resultado de la intervención, con todo, está por verse porque dio paso a un ninguneo de la candidata a sus votantes: 'el habitante de Ñuñoa no cacha ni lo que es la Asamblea de la ONU', dijo, cuestión que sabremos si es cierta sólo el día de la elección. Pero se le ha dado menos importancia a otra forma más dañina de intervención.

Será porque su autor es uno de los pocos ministros que se siente seguro o será simplemente por indolencia. Pero, cualquiera sea la razón, es sorprendente que no haya crecido más el escándalo por los mensajes que acompañan las cuentas de la luz en ciertas comunas. Como se sabe, el ministro Pacheco ha instruido que junto a las cuentas de la luz se distribuya un mensaje que anuncia la baja de éstas gracias al gobierno de Bachelet. 'Es una forma de hacer política pública' dijo. Pero es más bien una forma abusiva de usar el poder. ¿Se imagina que el SII instruya en el futuro que todas las facturas deben llevar un mensaje alusivo a la reforma tributaria y sus supuestas 'bondades'? ¿O que en ciertas comunicaciones de los colegios se haga lo propio con la reforma educacional?

El mismo mensaje en un discurso del ministro es perfectamente legítimo pues el público asume en esas palabras una opinión. Pero el problema está en el medio elegido que no sólo pretende transmitir cierta objetividad, induciendo a engaño, sino que además sólo sirve a la autoridad que mandata su distribución, lo que muestra el abuso. Llama la atención que las empresas de electricidad que distribuyen estas cuentas no se hayan opuesto. La omisión favorece el inicio de una práctica que debilita el entendimiento de aquello que es aceptable en el juego político. Pero también hay un interés propio comprometido: el día de mañana cualquiera podría reclamar que otros mensajes sean distribuidos en las mismas condiciones.

La fórmula me recuerda lo que hasta hace algunos años hacía el diario La Nación: utilizar un medio supuestamente neutral (un diario 'público') para transmitir mensajes gubernamentales. No hemos sido todo lo agradecidos que debiéramos para reconocer el servicio que se hizo al país durante el gobierno anterior, cuando se puso fin a la edición impresa y se terminó con el financiamiento público de La Nación, por la vía de separar aguas con el Diario Oficial. Nadie celebra que ya no tengamos que enfrentarnos a esos eslóganes abusivos que tomaban la forma de titulares objetivos. Pero todos estamos algo mejor porque ellos no están. Esperemos que la idea de Pacheco no sea una forma más sofisticada de reemplazar esa vieja práctica.

Tags:

otras publicaciones

La Tercera