Pasado, presente y futuro de las pensiones

La alternativa de volver a un sistema de reparto implica desconocer nuestro pasado, presente y también nuestro futuro. Nuestra historia da cuenta de que el antiguo sistema de cajas era injusto, al depender el monto de la pensión y sus exigencias del poder de ciertos grupos de presión y no del esfuerzo individual (el caso de Myriam Olate es un claro ejemplo de cómo los sistemas de reparto entregan mejores pensiones sólo a “unos pocos”).

Hoy, las cifras promedio aparentan que el sistema antiguo paga mejores pensiones de vejez que el sistema vigente. Sin embargo, dicha comparación olvida que bajo el antiguo sistema sólo reciben pensión quienes cumplen con un mínimo de aportes, por lo que el 50% de los cotizantes no reciben pensión alguna y pierden todo lo ahorrado durante su vida activa. Corrigiendo por este factor, las pensiones de vejez del sistema antiguo resultarían 47% inferiores, incluso cuando el sistema antiguo cotiza por prácticamente el doble que el sistema de capitalización individual (20% vs 13%, aproximadamente).

Por definición un sistema de reparto paga sus pensiones con las cotizaciones de la población activa. Volver a este sistema implicaría desconocer que estamos y seguiremos envejeciendo rápidamente (por una menor tasa de fecundidad y una mayor esperanza de vida). Esto haría insostenible a financiar una alternativa como la señalada -o sólo sería posible con un gran endeudamiento fiscal, y/o una elevada tasa de cotización por parte de nuestros futuros jóvenes y/o ajustando a la baja la pensión entregada.

El sistema actual es transparente al entregar pensiones de acuerdo al esfuerzo individual (el ahorro va a una cuenta del trabajador y sólo cerca de 1% del salario imponible se le entrega a la administradora), pero esto no significa que no se puedan hacer esfuerzos para mejorar las pensiones. ¿Las claves? Aumentar el aporte de trabajadores y empleadores para mejorar el ahorro previsional, procurando no generar informalidad; corregir al alza la edad legal de jubilación (sobre todo de mujeres); mejorar las oportunidades de empleo de grupos que requieren mayor flexibilidad; fomentar la participación de los independientes en el sistema. Y por último, fortalecer gradualmente el Pilar Solidario (cuidando nuestras arcas fiscales), de tal modo de mejorar la contribución que el Estado realiza a los pensionados más vulnerables.

Columna de Alejandra Candia, Directora del Programa Social de LyD, en Medios Regionales.-