Desde el inicio del actual gobierno se nos notificĂł que se promoverĂa un rol más activo del Estado en el sector energĂ©tico, lo que luego quedĂł plasmado en la Agenda de EnergĂa. Cabe reconocer que este anuncio se ha ido cumpliendo, lo que cada uno podrá evaluar como bueno o malo.
Primero fue la ley de licitaciones de suministro elĂ©ctrico para clientes regulados, que si bien se hizo cargo de un diagnĂłstico compartido en cuanto a la necesidad de perfeccionar algunos aspectos del sistema vigente, terminĂł por otorgar un fuerte rol al Estado en el proceso de licitaciĂłn, adjudicaciĂłn y modificaciĂłn de contratos. En particular, el Estado se hizo cargo del sistema de licitaciĂłn (antes en manos de las empresas distribuidoras) y asumiĂł como propia la responsabilidad de los resultados de los procesos. Ello fue ampliamente debatido por no separar los roles de regulador y operador del mercado, asĂ como por el riesgo implĂcito de que se pudieran privilegiar objetivos no prioritarios, distintos a garantizar el menor precio posible a los clientes regulados.
Luego fue la ley que amplĂa el giro de ENAP a la producciĂłn, transmisiĂłn y comercializaciĂłn de energĂa elĂ©ctrica. Esto gatillĂł una fuerte controversia puesto que la incursiĂłn de estatal en el negocio no solo no resolvĂa los problemas de fondo – como es destrabar la ejecuciĂłn de proyectos energĂ©ticos de base – sino que podrĂa incluso tener efectos indeseados en el mercado y, eventualmente tambiĂ©n, en los dueños de la estatal que son todos los chilenos.
El proyecto de transmisiĂłn elĂ©ctrica viene a realzar aĂşn más el rol del Estado, otorgándole mayores atribuciones en la planificaciĂłn energĂ©tica, la expansiĂłn del sistema y la determinaciĂłn de franjas para la transmisiĂłn. Adicionalmente, se empodera a la ComisiĂłn Nacional de EnergĂa, dependiente del Ministerio de EnergĂa, otorgándole nuevas facultades en materia de procedimientos, como es el caso de la regulaciĂłn y remuneraciĂłn de los servicios complementarios, los que hasta ahora son determinados por los CDEC y aprobados por la CNE. TambiĂ©n en materia de distribuciĂłn la CNE concentrĂł mayores atribuciones, que podrĂan incluso ampliarse de prosperar una eventual modificaciĂłn al proceso tarifario de las empresas distribuidoras.
En este contexto, no es de extrañar que se abriera un debate en torno a la necesidad de otorgar mayor autonomĂa a la CNE, a fin de dar más garantĂas de que los procesos tĂ©cnico–econĂłmicos estĂ©n debidamente aislado del ciclo polĂtico e intereses particulares. El tema es ciertamente discutible; sin embargo, a la luz de los cambios no debiera descartarse sin antes discutirlo en profundidad. Son muchas las atribuciones traspasadas al Estado en corto tiempo y los efectos solo podrán ser evaluados en un perĂodo más largo. Y al final, lo quieran o no, los resultados dependerán fundamentalmente de la certeza jurĂdica y el clima de negocios que impere en los mercados para que pueda desplegarse la iniciativa privada.
Columna de Susana JimĂ©nez, Coordinadora de PolĂticas PĂşblicas de Libertad y Desarrollo, en Diario Financiero.-