
La cĆ©lebre frase de Adam Smith en āLa Riqueza de las Nacionesā (el mejor libro sobre economĆa que yo haya leĆdo) se ha usado para caracterizar su concepto de la āmano invisibleā. Ćsta estarĆa presente en un mercado competitivo, ocasionando la paradoja de que aun cuando cada productor busque su beneficio individual, termine favoreciendo a los consumidores que obtendrĆan los bienes de mejor calidad al menor precio.
Pero esta mano invisible tiene un requisito fundamental para que funcione, y ese es que el mercado sea competitivo. Si no hay libre entrada de competidores, los precios que se cobrarĆ”n serĆ”n mayores por el poder de mercado que tienen los productores. La mano invisible se transformarĆa en una mano torcida que altera el buen funcionamiento del mercado.
Y esto Ćŗltimo es lo que ha sucedido en el caso del papel tissue, segĆŗn nos hemos enterado. Ello es condenable porque lleva a que los consumidores tengan que pagar mĆ”s caro por el producto que el precio al que accederĆan cuando hay libre competencia.
Estamos frente a una traba al funcionamiento del libre mercado y no ante una consecuencia del funcionamiento de éste. Pero la consigna antisistema, bÔsica como lo es,  no es capaz de ver eso.
Por ello es fundamental que en una economĆa libre haya una institucionalidad que se preocupe de resguardar la libre competencia, como el propio Adam Smith lo advertĆa.
Es sano, a mi juicio, cierto escepticismo que trasunta la frase del cĆ©lebre economista escocĆ©s que citamos. Lo cierto es que cualquier empresario trata de crear en su mercado una ventaja competitiva, un atributo de su producto que otros no puedan imitar. Pero hay formas lĆcitas de hacerlo y otras ilĆcitas.
Es lĆcita la innovación, por ejemplo, que lleva a que al menos por un tiempo un productor sea cuasi-monopólico en el mercado del producto que vende. No es lĆcito sin embargo establecer barreras a la entrada para prolongar esa situación mĆ”s allĆ” de lo que se demore un competidor en replicar las caracterĆsticas del producto. La misma innovación se encargarĆ” de mantener competitivo ese mercado en ausencia de interferencias como lo son los comportamientos anticompetitivos tales como acuerdos de precios y colusión.
Hay ciertas caracterĆsticas de los bienes (baja elasticidad al precio por ejemplo) que pueden facilitar los comportamientos anticompetitivos. TambiĆ©n sucede con ciertas caracterĆsticas de los mercados (pocos consumidores) y con la combinación de atributos del producto y el mercado (costos de transporte). Por eso la labor de defensa de la libre competencia es una tarea sofisticada que debe quedar entregada a profesionales muy competentes y muy independientes.
Eso es lo que estÔ sucediendo en Chile en los últimos años. Nuestra institucionalidad ha sido capaz de detectar varios casos de colusión y la delación compensada parece ser una herramienta común en estos hallazgos.
Sin embargo con esa peculiar lógica que tiene nuestra opinión pública, la primera reacción es que hay que cambiar las leyes, las mismas que han permitido descubrir la colusión. Y claro, la sanción penal aparece como la gran solución.
Pero ojo, la sanción penal no conversa fÔcilmente con la delación compensada. Nadie se autodenunciarÔ si va a terminar en la cÔrcel, de modo que una tramitación chapucera de una norma en ese sentido, este gobierno tiene un magister en eso, puede echar por la borda todo lo avanzado en materia de colusión gracias al buen funcionamiento de nuestra institucionalidad.
Para el escÔndalo de los guardianes de la moralina, seguirÔn habiendo comportamientos anticompetitivos en Chile y otras partes del mundo. Lo inteligente entonces es, en lugar de vociferar, perfeccionar la legislación y la institucionalidad en general.
Se entiende la indignación de la ciudadanĆa ante conductas de empresas que les perjudican. Pero verdaderos lĆderes debieran conducir esa energĆa para lograr mejoras sustantivas y permanentes en la competencia en los mercados.
Las empresas chilenas, por su parte, tendrĆ”n que mejorar sus estĆ”ndares de comportamiento corporativo, ojalĆ” por convicciones Ć©ticas; pero si no es asĆ, por la simple constatación que en definitiva estas conductas pueden terminar perjudicĆ”ndolas en lugar de favorecerlas, dada la creciente capacidad fiscalizadora demostrada por nuestra institucionalidad y la sanción social que sigue a estas denuncias.