
Muy interesantes resultaron también sus planteamientos sobre el funcionamiento de los derechos colectivos en esa economía. Aunque legalmente el reemplazo está prohibido, el reemplazo interno no es considerado reemplazo. Es factible también la subcontratación para suplir funciones afectadas por una huelga. Pero eso no es todo, es en extremo relevante que en Alemania son los sindicatos los que pagan los días de huelga a los trabajadores, no por una disposición legal, sino como una práctica habitual. Esto obviamente altera en forma importante los incentivos, tanto de los trabajadores como de los dirigentes sindicales. Lo primero, es que por parte de los trabajadores se genera un incentivo a la pertenencia al sindicato y una justificación al pago de una cuota usualmente de 1% del sueldo, y lo segundo es que el llamado a huelga tiene un costo inherente para el sindicato, por lo que se realiza sólo cuando percibe un beneficio probable en términos de lo que se puede lograr con la misma. De esta forma, es usual que la huelga se inicie sólo con un grupo de trabajadores y a veces por algunas horas, como llamados de atención al empleador, pero también motivado por el costo que puede representarle al sindicato. No se trata de sugerir una norma equivalente para Chile, sino del cuidado que hay que tener al analizar la legislación comparada en materia laboral, ya que la ley es sólo una parte, la idiosincrasia y la cultura son a veces más importantes.
Lo anterior es clave respecto a la violencia en las huelgas y a la provisión de servicios mínimos. Para este dirigente sindical alemán estos resultaban ser temas menores, ya que no le parecía concebible que los sindicatos estuvieran dispuestos a generar graves perjuicios a la empresa que les da el sustento.Parece razonable, pero poco concordante con la realidad de nuestro país, en que se observa un clima de creciente violencia en materia de huelgas. La situación me hizo pensar en el derecho a huelga como algo equivalente a entregar las llaves de un bar. En el caso de Alemania, éstas se entregan a personas con criterio formado, que van a tomarse unos tragos con prudencia y cuando la situación lo amerite. En la situación actual de nuestro país le estaríamos entregando las llaves del bar a un grupo de jóvenes que disfrutan del carrete, lo que no sólo sería riesgoso para ellos, sino también para los dueños del bar y para los que se encuentren cercanos al mismo.
Columna de Cecilia Cifuentes, Economista senior de Libertad y Desarrollo, publicada en El Líbero.-