
Sin lugar a dudas que la revalorizaciĂłn de la vĂa partidaria parece un esfuerzo encomiable y que podrĂa revestir de institucionalidad a la configuraciĂłn de referentes polĂticos, más aĂşn en un contexto donde la oferta partidaria se caracteriza por escasos niveles de raigambre social y donde nuestro sistema de partidos demanda mayores de niveles de oxigenaciĂłn.
Sin embargo, más allá de lo evidente, detrás del revival de la vĂa partidaria tambiĂ©n hay incentivos que explican el proceso vigente de irrupciĂłn polĂtica, desde una perspectiva menos cercana a la de una preocupaciĂłn holĂstica por el estado actual de nuestra institucionalidad democrática y la sanidad polĂtica, y donde paradĂłjicamente los resultados de la interacciĂłn entre los diversos procesos de incubaciĂłn partidaria podrĂan ser un remedio peor que la misma enfermedad.
En primer lugar, habrĂa que señalar que el impulso partidario está estrechamente ligado al establecimiento de una nueva fĂłrmula electoral de carácter estrictamente proporcional. Ésta reduce los niveles de exigencia para al acceso al escaño en el ámbito parlamentario, al pasar desde un 33,3% a un 11% por unidad electoral, en aquellos distritos donde se asignan 8 escaños. En palabras simples, hoy las chances para nuevas agrupaciones de adquirir un peso especĂfico parlamentario son mayores que en el pasado, a lo que adicionalmente se suma el hecho de que la estructura de incentivos para la formulaciĂłn de coaliciones cambiará siendo Ă©stas más volubles a los vaivenes de la contingencia polĂtica. AhĂ, los partidos bisagra juegan un rol preponderante en las correlaciĂłn de fuerzas operando como fuerzas pivotales.
Paralelamente, en la reforma electoral, la real moneda de cambio para su aprobaciĂłn por parte de legisladores independientes, fue la posibilidad de abrir el marco institucional para la constituciĂłn de partidos regionales y la disminuciĂłn del nĂşmero requerido de firmas -a la mitad- para su formaciĂłn. Con este escenario, en alguna regiĂłn extrema, llegamos a un irrisorio escenario donde un caudillo local podrá dar forma a una agrupaciĂłn partidaria de carácter nacional, con menos de 100 firmas. Algunos analistas ya esbozan la tesis de la balcanizaciĂłn de la polĂtica en zonas extremas del territorio nacional, sĂłlo como ejemplo, el 44% de los alcaldes de las cuatro primeras regiones son independientes. Imagine los incentivos y las lĂłgicas de acciĂłn de Ă©stos agentes con la nueva legislaciĂłn.
En tercer lugar, y sin lugar a dudas, la variable más relevante que opera como estĂmulo de este boom partidario es el establecimiento de financiamiento pĂşblico a los partidos. DiscutiĂ©ndose aĂşn si la legislaciĂłn considerará o no a las agrupaciones sin representaciĂłn parlamentaria vigente, la trĂada de pocas firmas, pocos votos y dinero seguro, podrĂa ser letal para la gobernanza teniendo en mente la compleja interacciĂłn existente entre un sistema hiperpresidencialista con un Poder Legislativo fragmentado.
Algunos podrĂan considerar este diagnĂłstico como alarmista, sin embargo, la situaciĂłn actual admite márgenes de preocupaciĂłn. Al respecto, y aĂşn sin entrar en plena vigencia la totalidad de nuevas disposiciones aprobadas o en avanzada tramitaciĂłn, hoy en Chile ya existen 14 partidos polĂticos constituidos, 6 en formaciĂłn y 3 en trámite de constituciĂłn. Siendo conservadores, y de no rectificarse algunos errores en la legislaciĂłn, un escenario de más de 20 partidos no parece tan lejano
Y cuando de saturaciĂłn de partidos, trabas al trabajo legislativo y parálisis gubernamental se trata, la respuesta siempre será la misma: la anti-polĂtica. Y asĂ pasamos dialĂ©cticamente de la revitalizaciĂłn de la polĂtica a su descrĂ©dito.
Por eso, mucho cuidado con las PYMES en polĂtica.
Columna de Jorge RamĂrez, Coordinador del Programa Sociedad y PolĂtica de LyD, publicada en El DemĂłcrata.-