
No sĂłlo se queda atrás respecto a paĂses pobres que crecen velozmente. En 1980 a poder de paridad de compra EE.UU. tenĂa un per cápita 2,7 veces mayor que el continente y en 2014 alcanzaba a 3,5 veces. Chile es una excepciĂłn ya que gracias a un cĂrculo virtuoso de crecimiento es uno de los pocos que acorta la brecha del 27% del PIB per cápita estadounidense al 42% en igual perĂodo.
Pero los sectores ideologizados que hoy guĂan el destino del paĂs postulan que ese avance carece de importancia. Ello es falso, pero al repetirlo con insistencia y violencia están logrando que el paĂs entre al cĂrculo vicioso de nuestro continente. No importa que la evidencia diga lo contrario a lo que aseveran. Fuerzan el camino de la decadencia y están creando hitos sin retorno.
Como ejemplo de que las cifras econĂłmicas no son sĂłlo nĂşmeros sino que se reflejan en más y mejores vidas es interesante la evoluciĂłn del indicador de los años de vida potencialmente perdidos, AVPP, que representa los años de vida perdidos por las personas que fallecieron antes de alcanzar una edad meta. Los registros nacionales muestran que entre 1997 y 2012 nuestro paĂs registrĂł una caĂda considerable - de 89,5 a 71,6 AVPP por cada 1000 habitantes - lo que equivale a un 1,5% menos cada año. No se trata de nĂşmeros o bienes de consumo que algunos creen prescindibles, se trata de vidas humanas. Más aĂşn, esta mejorĂa no ocurriĂł entre los más pudientes. Un estudio de Libertad y Desarrollo muestra que el indicador AVPP cada mil habitantes mejora mucho más velozmente en las comunas de menos recursos que en las más pudientes e incluso estas Ăşltimas se estancan en el tiempo.  Los años perdidos se hacen cada vez más parecidos entre áreas ricas y pobres. De un valor de 1,51 veces en 2003 se llega a 1,22 veces el 2012. Si el paĂs se hubiera mantenido en el cĂrculo virtuoso rápidamente se podrĂa haber llegado a igualar este indicador entre ellas. El progreso no es sĂłlo nĂşmeros: es vidas humanas que beneficia especialmente a los más desfavorecidos.
Pero la realidad no importa ante la obstinaciĂłn ideolĂłgica y el paĂs se aleja inexorablemente del cĂrculo virtuoso. Nos enorgullecernos de tasas de crecimiento proyectadas para el 2015 que bordean el 3%. De allĂ al estancamiento crĂłnico hay un solo paso.
Esta tendencia econĂłmica tiene su correlato en la evoluciĂłn de las polĂticas pĂşblicas y transformaciĂłn de las instituciones que Chile hoy tambiĂ©n copia al continente: la concentraciĂłn de la toma de decisiĂłn en los gobernantes y no en los ciudadanos, y la creaciĂłn de un cĂrculo de hierro que le permite a los lĂderes de turno monopolizar el poder.
Luego de despojar a las familias de una libertad tan primordial como la de elegir dónde educar a sus hijos, hoy se avanza a la entrega de los derechos de los trabajadores a las cúpulas sindicales. Las inspiraciones van desde la fascista carta del Lavoro de 1927 a la noción marxista de “las relaciones contractuales entre el capital y el trabajo”. Todos los argumentos son falaces y no hay un solo ejemplo exitoso en la historia. Se postula que es la acción sindical la que consigue mejoras a los trabajadores cuando ello sólo se logra con productividad, y con ese argumento se les da a los sindicatos un poder monopólico para decidir a quién otorgan los supuestos beneficios. La realidad es inversa, dado los privilegios sindicales los empleadores se abstienen muchas veces de avanzar en mejoras laborales a la espera de las negociaciones formales por razones tácticas y prácticas.
La lista de proyectos por la que perdemos libertades es larga. En estos dĂas en particular hemos visto avances en el ámbito de cambios institucionales para monopolizar el poder polĂtico. El sistema electoral diseñado a conveniencia de los polĂticos de hoy está a pasos de promulgarse. Fundamentalmente impide el control ciudadano ya que con el sistema de listas de varios candidatos se elige a quien no se conoce. El poder de los votantes pasa asĂ a los lĂderes polĂticos que arman las listas o que las encabezan, cuando el mejor control es que los votantes tengan claro a quien elegirán y seguirlo una vez en el cargo.
El financiamiento pĂşblico a la polĂtica es el otro elemento que permite la captura del poder por parte de los lĂderes de turno. Es en gran medida inmoral ya que usa recursos obtenidos por la fuerza para financiar a candidatos que no queremos apoyar. Los que nos deben convencer para representarnos nos quitan recursos para hacer su propia propaganda. Los argumentos contra el financiamiento privado son equivocados. Argumentan que el dinero tiene una injerencia inadecuada y genera corrupciĂłn cuando los estudios muestran que los votos de los legisladores dependen de sus propias creencias y de las preferencias de los votantes y partidos, y no de los aportes. Es lĂłgico pues son los votos y no los pesos los que se colocan en las urnas y no tiene sentido contrariar a los votantes por una contribuciĂłn que sĂłlo puede ser usada para conquistarlos de nuevo. Para lo que sirve el financiamiento privado es para colocar en la agenda pĂşblica temas que son de interĂ©s de los ciudadanos pero que no conviene a los polĂticos.
Respecto al argumento de corrupción no olvidemos que la esencia del gobierno representativo es que los funcionarios electos se encarguen en interceder por las preocupaciones y visiones de quienes representan y los apoyan, sea en la calle, en la prensa o con dinero. En las sociedades modernas el dinero – y el tiempo- y la salud, la educación y la libertad de expresión son inseparables. Este tipo de comportamiento no es para nada cuestionable.
Pero el crecimiento inorgánico de los gobiernos lleva a situaciones como parece ser el caso de Petrobras, donde se usa plata pĂşblica que debiĂł tener empleo comercial para beneficio privado o partidista. Eso sĂ es condenable. La corrupciĂłn institucional de populismo y demagogia que puede generar el monopolio polĂtico y de expresiĂłn que facilita el financiamiento pĂşblico es muy grave.
Más adelante se perfilan los cambios constitucionales para limitar los derechos de protecciĂłn a las minorĂas y los ataques a la libertad de prensa.
El populismo crĂłnico es el resultado final de este camino, como lo muestra la historia de varios paĂses vecinos. La evoluciĂłn econĂłmica y los cambios polĂticos convergen para hacernos cada vez más similares a LatinoamĂ©rica. A la autoridad parece satisfacerle. Para los chilenos es mala noticia.
 Columna de Hernán Büchi, publicada hoy en El Mercurio.-