REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE NUESTRO DIRECTOR EJECUTIVO, LUIS LARRAĂŤN, EN DIARIO FINANCIERO.

La economista Andrea Repetto ha estado en esa lĂnea al señalar que hay que preocuparse de cerrar espacios de elusiĂłn y que “el acuerdo introduce riesgos que hay que acotar en la redacciĂłn final de la ley”. TambiĂ©n debe precisar la economista quĂ© quiso decir cuando señala que “es importante que se fomente la reinversiĂłn en empresas productivas, no en cualquier instrumento, justamente porque ello puede no generar ahorro nuevo, pero sĂ promover la elusiĂłn”. Además de una explicaciĂłn econĂłmica de lo que es “reinversiĂłn en empresas productivas”, ella debiera aclarar si pretende que se establezcan restricciones a la reinversiĂłn de utilidades. Cabe señalar al respecto que en la negociaciĂłn no se acordĂł restricciĂłn alguna en materia de reinversiĂłn de utilidades para la modalidad de desintegraciĂłn parcial.
Pero más que la opinión de una economista, que por muy respetable que sea no participó del acuerdo, preocupa que algunos de los protagonistas de éste, en particular el senador Ricardo Lagos Weber, presidente de la Comisión de Hacienda del Senado, deje espacio a esa posibilidad. ¿Qué quiere decir Lagos Weber cuando dice que “hay que regular el régimen actual de reinversión de utilidades para ver si son del mismo giro”? Eso no es parte del acuerdo.
Son muchos los aspectos de detalle del protocolo que deben precisarse y este es un proceso delicado que requiere absoluta buena fe. Intentar en la redacción de los textos ir más allá de lo que verdaderamente se acordó es una mala práctica pues ella hace imposible que se generen las confianzas que son fundamentales para alcanzar cualquier acuerdo.
En el supuesto que el proceso legislativo sea fluido y tengamos finalmente una ley tributaria que refleje con precisiĂłn los contenidos del acuerdo alcanzado la semana pasada, los desafĂos econĂłmicos y polĂticos para el paĂs no son menores. En lo econĂłmico, Chile deberá lidiar con el hecho que una de sus ventajas competitivas -tasas de impuestos bajas y estructura tributaria que promueve el ahorro- ha sido parcialmente desmantelada. Nuestras tasas de impuestos, corporativas y totales pasan a estar por sobre el promedio de la OCDE, en circunstancias que nuestro PIB por habitante es uno de los tres más bajos de ese club de más de treinta paĂses. El camino del crecimiento se pone entonces cuesta arriba.
En lo personal me preocupan dos puntos adicionales. El primero es la facilidad con que se aceptĂł por parte de la mayorĂa que Chile necesitaba una reforma tributaria para recaudar tres puntos del PIB adicionales. Por supuesto esta reforma no crea riqueza, sĂłlo retira del circuito productivo esos 
US$ 8.200 millones y se los traspasa al Estado. La promesa de los polĂticos oficialistas es que esos recursos servirán para disminuir la desigualdad y aumentar la productividad de los chilenos vĂa mayor educaciĂłn. Pero tenemos la evidencia que los proyectos presentados con ese supuesto fin son muy malos y no mejorarán la calidad de la educaciĂłn.
La segunda preocupaciĂłn es constatar que algunos conciben la acciĂłn polĂtica de la centroderecha en estos temas como una mera defensa de intereses corporativos. Superada o atenuada en opiniĂłn de los afectados la amenaza que significaba el alza de impuestos, no habrĂa ya razĂłn para oponerse. Craso error. La defensa de impuestos bajos no debe limitarse a cuidar intereses sino tiene su fundamento en la creencia que no es en el Estado donde deben administrarse los recursos producidos por las personas. Son ellas las que deben disponer de Ă©stos y ese es uno de los fundamentos de la libertad.