PARTIDOS POLÍTICOS EN CHILE ¿INSTITUCIONES INCLUSIVAS?

A CONTINUACIÓN, REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN EL DÍNAMO.

Durante la pasada semana el economista Daron Acemoglu visitó nuestro país para exponer los principales argumentos de su connotado best seller "Why nations fail" escrito junto al politólogo James Robinson. En aquel texto, la tesis de los autores, en términos simples, es que por medio de determinadas instituciones políticas, de carácter inclusivo, los países logran no sólo alcanzar el desarrollo, sino que también hacerlo perdurable. ¿A qué refieren con el adjetivo "inclusivo"? Se trata de arreglos institucionales que permiten la generación de incentivos y oportunidades que permiten que el poder se distribuya de manera razonable dentro de un determinado orden social, imponiendo deberes y derechos, garantizando procesos conocidos por todos los miembros del juego político, y exponiendo a sus líderes al escrutinio ciudadano frente a su toma de decisiones. La pregunta es si nuestros partidos políticos están cumpliendo dicho rol en el orden político vigente.

La respuesta es que efectivamente nuestros partidos, y por ende nuestro sistema de partidos, pueden avanzar significativamente en inclusividad.

En primer lugar ha surgido un nuevo estándar en términos de democracia interna. La legislación actual, respetando el principio de autonomía, pero también la tradición y la costumbre en las formas en que se desarrolla la vida partidaria, no introduce exigencias en cuanto a procedimientos institucionalizados de toma de decisiones ni de resolución de controversias. Potenciales formulas para inducir a un catálogo de buenas prácticas en la óptica de distribución de poder, es a través de la fijación de incentivos que propendan a la descentralización de la toma de decisiones, el fomento a la participación femenina y la incorporación de nuevos militantes jóvenes contra financiamiento a las agrupaciones, entre otras medidas. A partir de estos ajustes, se lograría revitalizar la vida partidaria, presentándola como una vía atractiva para quienes busquen desarrollar carreras políticas.

Luego, se encuentra la necesidad de generar mayores niveles de oxigenación en el sistema de partidos. La lectura de la contingencia expresa el surgimiento de nuevos referentes de diversas sensibilidades políticas, sin embargo, muchos de ellos han optado por operar en clave de "movimiento", en lugar de incorporar en su horizonte el constituirse en partidos tradicionales. Quizás se trate de una decisión legítima, pero en las democracias consolidadas, la generación de un debate político responsable, con una mínima orientación ideológica bajo el aval de instituciones y referentes que respalden determinadas posturas, sólo es posible mediante el rol que ejercen los partidos políticos. Es en este punto, donde se podría pensar en la eliminación de una serie de costos de transacción del proceso de conformación partidaria. El cual es excesivamente oneroso para agrupaciones nuevas, principalmente dado los costos notariales en que los partidos en formación deben incurrir.

En definitiva, se trata de pequeñas modificaciones a nivel de legislación que en el agregado, permitirían que nuestros partidos sean instituciones menos autoreferenciadas y con mayores niveles de inclusión e integración de sus militantes en las forma de conducción de la acción política.