¿INSTALANDO UN GOBIERNO O INSTALANDO DUDAS?

REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA, PUBLUCADA EN EL DÍNAMO.

No hay registros de un proceso de instalación de gobierno con tantos desaciertos. A la renuncia de cuatro subsecretarios antes de asumir en sus funciones, se suman la de cuatro gobernadores y dos SEREMIS en menos de una semana de entrado en vigencia la administración Bachelet.

Son múltiples las líneas interpretativas que surgen a raíz de episodios que pudieran parecer anecdóticos, pero que lamentablemente develan desprolijidades y errores de diseño político del cual son responsables tanto en La Moneda como en los partidos que conforman la coalición de Gobierno.

En primer lugar, tenemos la responsabilidad que le compete a los partidos en el proceso de nominación de autoridades. Los hechos ponen de manifiesto que los partidos de la Nueva Mayoría no asimilaron que los cambios que la sociedad demanda también se orientaban hacia la forma en que éstas mismas agrupaciones operan. Lamentablemente en este llamado "nuevo ciclo" de la Nueva Mayoría, sólo encontramos las viejas malas prácticas de los partidos de proponer -irresponsablemente-  nombres que a la luz de sus antecedentes (malversación de fondos púbicos, falta a la probidad, uso indebido de beneficios sociales, etc.), sólo contribuyen a retroalimentar la dañina noción de que los políticos son sujetos de dudosa valía.

Enseguida tenemos la precaria respuesta, enunciada por algunos líderes del oficialismo, de que tratándose de un proceso de nominación de autoridades tan amplio en su número, era de esperar que ocurrieran episodios de esta naturaleza. En este caso las excusas agravan la falta. El proceso de instalación de Gobierno entre la segunda vuelta presidencial y el 11 de marzo ha sido extraordinariamente largo como para poder realizar una selección idónea de perfiles para los respectivos cargos, a lo que se suma el hecho de que se trata de una coalición que no es neófita en la tarea de asumir gobiernos. En este plano no hay justificación que valga.

Finalmente tenemos las implicancias éticas detrás de la coyuntura. Durante la administración Piñera fue la -por ese entonces- oposición la que, a raíz de los llamados "conflictos de intereses", instaló la idea de que a las autoridades no se debía juzgar a partir de una ética de mínimos, sino que a partir de una ética de máximos. En este sentido, resulta llamativa la flexibilización de dicho criterio frente a la nula autocrítica del oficialismo en el episodio designaciones.

Así las cosas, tenemos que a una semana de instalación de Gobierno, más que instalar certezas, sólo se han instalado dudas respecto a la capacidad de la Nueva Mayoría para montar una administración que destine sus capacidades en gobernar más que en corregir errores.