LOS GABINETES ¿POR QUÉ IMPORTAN?

A CONTINUACIÓN, COMPARTIMOS CON USTEDES LA COLUMNA DE JORGE RAMÍREZ, INVESTIGADOR DEL PROGRAMA SOCIEDAD Y POLÍTICA DE LYD, PUBLICADA EN EL DÍNAMO.

En los sistemas presidencialistas como el chileno la conformación de gabinete es probablemente la decisión estratégica más importante del ejecutivo. Al depender en su conformación y su permanencia de la exclusiva confianza del líder del Ejecutivo, los gabinetes no sólo son un buen termómetro de la prospectiva o estilo de conducción política y administrativa que se le quiere dar a un gobierno entrante, sino que son también un buen parámetro para ir evaluando el pulso político de la implementación de un programa de gobierno. De ahí que sean múltiples las dimensiones de análisis que se derivan de su conformación.

En primer lugar, nos encontramos con dos paradigmas de la configuración ministerial, gabinetes políticos y/o gabinetes técnicos. La experiencia revela que técnica y política se complementan, no obstante, alcanzar el punto de equilibrio entre personeros de alta expertiz técnica y un peso político específico no es una tarea sencilla para el formateur.  La experiencia reciente indica que ni Bachelet 2006 ni Piñera 2010 lograron dar con el justo medio. En ambas administraciones entraron más técnicos en el gabinete de los que salieron al culminar el periodo, y por supuesto, también salieron más políticos de los que "juraron" o "prometieron" al inicio del mandato. Dado el clima político actual, y la necesidad de fraguar grandes acuerdos -en materia constitucional, por ejemplo- al menos, en lo que se ha denominado como el "centro de gobierno" (Interior, Segpres, Segegob y Hacienda), se ven rostros políticos, pero con un claro predominio del "Bacheletismo" (Peñailillo en Interior, Elizalde en Segegob y Arenas en Hacienda) respecto del rol de líderes con carrera política parlamentaria como Ximena Rincón en Segpres.

Una segunda dimensión dice relación con los equilibrios entre las propias carteras. Por ejemplo, la tensión Hacienda-Trabajo siempre ha sido un tema sensible en las administraciones Concertacionistas. Al respecto, sólo cabe recordar las constantes disputas entre Andrés Velasco y Osvaldo Andrade en el anterior mandato de Bachelet. O bien, la sinergia que durante los primeros años de transición lograron generar Alejandro Foxley desde Hacienda con René Cortázar en Trabajo. Sonaba como algo probable que Bachelet, dado los nuevos bríos de la Nueva Mayoría intentase reinstalar dicho equilibrio poniendo coto a la hegemonía que experimentó Hacienda en el último periodo concertacionista, de la mano de la designación de una figura potente del denominado mundo "revisionista" en Trabajo. Sin embargo, primó la moderación de la mano de la designación de Javiera Blanco; cuestión a todas luces positiva.

Finalmente, está el tema de la proyección política que ofrece una plataforma ministerial. En el Chile de las últimas décadas, los liderazgos de alcance nacional con proyección presidencial surgen desde Ministerios y no desde el Congreso. Dependiendo del diseño, estos liderazgos se pueden proyectar a partir de una cartera específica, o bien, consolidar si es que son personas provenientes desde otros mundos como el municipal o el parlamentario. Acá la cuestión es si ingresan en el primer tiempo, o en el segundo tiempo de la administración. Al parecer, la carta presidencial de la Nueva Mayoría hará su entrada en un segundo tiempo. Salvo un extraordinario manejo de Nicolás Eyzaguirre en Educación, cuestión que se vislumbra como en extremo compleja, por la natural exposición que impone el cargo.

Por último, está la pregunta de cómo se conjugan las altas expectativas de cambios estructurales con un sector maximalista que no se situará en carteras de amplia visibilidad y peso político, con la presencia de rostros  moderados. De aquel diálogo entre estos dos mundos, dependerá en buena parte la estabilidad política a nivel interno de esta nueva administración.