LA FELICIDAD: ¿META DE POLÍTICAS PÚBLICAS?

A CONTINUACIÓN REPRODUCIMOS LA COLUMNA DE CECILIA CIFUENTES, INVESTIGADORA DEL PROGRAMA ECONÓMICO, PUBLICADA EN LA SEGUNDA:

Pareciera que la felicidad se ha puesto de moda en el análisis de políticas públicas. Cada vez se habla más de que nos equivocamos al medir el PIB y su crecimiento, ya que lo que le importa a la gente es ser feliz, por lo que tenemos que abocarnos a la tarea de medir la felicidad, dejando de lado un supuesto exceso de economicismo en la elaboración de políticas públicas. En realidad, no se está descubriendo la rueda, desde siempre la aspiración de los seres humanos ha sido la felicidad, y lo absurdo es tratar de reducirla a un concepto medible y lograble a través de la acción de los gobiernos, porque claramente no lo es. Es muy probable que ni siquiera nosotros mismos sepamos cómo lograr esa ansiada felicidad, y no es raro que la busquemos en forma equivocada.

¿Tiene algo que ver la acción del Estado en la felicidad de los individuos? Probablemente sí, aunque es evidente que planteamos un imposible si decimos que el Estado es responsable de esa felicidad. Como planteara Thomas Jefferson, es deber de los gobiernos posibilitar a los individuos la búsqueda de su propia felicidad, lo que implica, entre otras cosas, evitar situaciones de guerra, garantizar la seguridad pública y propender a un entorno de igualdad de oportunidades, aunque su consecución absoluta sea un imposible. Esto finalmente tiene que ver con el rol subsidiario del Estado, y no con la búsqueda de la equidad redistributiva, ya que ésta constituye igualdad de resultados, lo que no sólo es imposible, sino tampoco deseable. Entonces, antes de plantearnos objetivos de Estados repartidores, que no lograrán el objetivo de la felicidad, sí es muy importante un aspecto en que los últimos gobiernos, de ambos signos, están claramente al debe; la seguridad pública. Pero además tampoco contribuye a la felicidad crear la noción de que estamos dotados de una serie de derechos por el sólo hecho de existir, cuando para garantizar esos derechos son terceros los que deben cumplir gravosos deberes, debido al costo que implican para la sociedad.

En lo personal pienso que la persona humana está hecha a imagen y semejanza de Dios, y por lo tanto la profunda felicidad sólo se encuentra en la entrega a los demás. Esto significa que en un grado elevado la felicidad está ligada al sacrificio, es decir, al esfuerzo, pero no a un esfuerzo sin sentido, sino a un esfuerzo que hacemos por los demás. Es eso, por ejemplo, lo que explica que la gran mayoría base su felicidad en formar una familia y sienta su plenitud en el hecho de ser padres. ¿Y esto que tiene que ver con las políticas públicas? No mucho, y por eso resulta absurdo empezar a responsabilizar al gobierno de la felicidad de los individuos. Y no sólo absurdo, sino además equivocado, ya que los gobiernos con el objetivo de lograr felicidad, buscarán la facilidad, es decir, mejorar el bienestar de la gente dándole bienes y servicios, porque además es lo que la gente le pide. Es en definitiva avanzar hacia el llamado Estado de Bienestar. Sin embargo, ese facilismo deja de lado el hecho que el logro ligado al esfuerzo personal es parte muy importante del sentirse pleno como persona. De hecho es lo que como padres hacemos con nuestros hijos, sabemos que los mal educamos si no logramos ligar el premio al esfuerzo, ya que finalmente tendremos hijos “merengue”, intolerantes a la frustración e incapaces de luchar por lograr metas altas. No se entiende por qué entonces en el momento de diseñar políticas públicas, la aspiración de muchos es una sociedad “merengue” en que todo se obtiene por derecho y sin esfuerzo. Esa sociedad no sólo no será feliz, sino que además afectará su posibilidad de desarrollo, ya que disminuirá el esfuerzo personal. No olvidemos que finalmente la causa última del mayor bienestar económico es la creatividad y trabajo de los individuos. La crisis que viven actualmente varios países europeos, en que se crearon “derechos” de alto costo fiscal que desincentivaban el esfuerzo personal, es una muestra evidente de los efectos de ese tipo de políticas públicas, que han fracasado rotundamente en su intento de tener una sociedad feliz.