¿HAY BURBUJA?

A continuación reproducimos la columna de Cecilia Cifuentes, investigadora del Programa Económico de LyD, publicada en El Mostrador Mercados:

No creo que existan a estas alturas economistas a los que no les hayan hecho esa pregunta en los últimos tres meses, y deben ser también muy pocos los que se atreven a responderla en forma tajante. Esto porque por definición una burbuja se produce cuando nadie la reconoce como tal, ya que si se reconoce, en ese momento deja de serlo. Esto no significa obviamente que la profesión deba desentenderse del tema, ya que los reventones de burbujas de precios de activos son muy perjudiciales, no sólo en términos económicos sino también sociales. Desde ese punto de vista, es rol ineludible de las autoridades económicas monitorear este tipo de situaciones. De hecho, uno de los objetivos del Banco Central de Chile es la estabilidad financiera, la que se ve amenazada en caso de una burbuja inmobiliaria, no tanto por el aumento y caída del valor de las propiedades, sino por los efectos que esto tiene en la situación financiera de los bancos, ya que es usual que parte importante del activo inmobiliario tenga financiamiento bancario.

¿Por qué se produce temor a una burbuja? En general este tipo de situaciones se asocia con dos elementos que están presentes en la situación actual. El primero es un entorno de tasas de interés bajas, y el segundo es la tendencia a la apreciación de la moneda. Estos factores suelen llevar además a un crecimiento de la demanda interna por sobre el del PIB, lo que genera un deterioro de la cuenta corriente. Por ende, aunque no sabemos si existe o no una burbuja inmobiliaria, sí podemos decir que existen las condiciones para que se pueda generar una. Es bastante obvio que en un entorno de crecimiento económico elevado aumente la riqueza y suba el valor de los activos, el problema es si existen las condiciones para que esa situación sea sostenible en el tiempo. El que se genere un déficit creciente en la cuenta corriente nos insinúa que la situación actual no parece sostenible, a no ser que finalmente la mayor inversión que proviene del exceso de gasto genere retornos elevados. Por ende, aunque los precios de las propiedades no sigan subiendo al ritmo de los últimos años, no necesariamente deben mostrar una caída, es decir, si el globo deja de crecer, no necesariamente se va a reventar.

¿Es razonable que el Banco Central tome algún tipo de medidas frente a la situación actual? La respuesta debería ser afirmativa, aunque cuando se pregunta por las medidas específicas, el consenso empieza a desaparecer. La respuesta obvia sería utilizar su principal instrumento, la tasa de interés, pero deja de ser obvia cuando lo que suben son los precios de activos, mientras los precios de bienes y servicios se mantienen sin presiones inflacionarias evidentes. En este sentido, una intervención verbal como la que se ha hecho podría ser razonable, aunque debe ser cuidadosa en términos de denunciar situaciones de muy difícil comprobación. Por último, si el instituto emisor tiene una preocupación fundamentaba sobre este tema, la intervención verbal puede parecer como “ponerse un parche antes de la herida”, ya que en este caso se tiene un set bastante amplio de medidas administrativas y de supervisión bancaria que se pueden implementar.

Hasta ahora sería prudente dejar las cosas como están, y que sean los agentes económicos, los  que ya informados de los riesgos, tomen sus propias decisiones.