9 de febrero de 2019

Columna de Luis Larraín en La Tercera: “La agenda del 2019”

Está terminando el “año político” 2018 con una buena evaluación del gobierno de Piñera. Las encuestas coinciden en que su aprobación está unos puntos sobre el 40% y la desaprobación algo por debajo.

¿Cómo se viene el 2019? Bueno, depende del control de la agenda.

El gobierno se ve favorecido por la proverbial miopía de la izquierda que tiene un par de puntos ciegos en que su ideologismo les ha impedido ponerse a tono con las aspiraciones de la mayoría de los chilenos. Se trata de la educación y la migración. En la primera, la ministra Marcela Cubillos conduce una agenda de cambios que sin revertir las reformas de Bachelet entregan a apoderados y escuelas más flexibilidad para que sus preferencias y proyectos educativos tengan cabida en un sistema que se rigidizó hasta el extremo en temas como la admisión.

En migraciones, el gobierno realiza un ordenamiento de los extranjeros con estatus irregular y promueve un proyecto que permita en adelante recibir inmigración sustentable, adecuada en tiempo y forma a los requerimientos del país de personas de otras latitudes que buscan oportunidades en Chile y suplen nuestras carencias demográficas.

En ambas materias la oposición se debate entre una resistencia ciega y una aceptación tardía atendiendo a un sentido de realidad política. La agenda entonces para el gobierno está señalada y debe complementarse con avances en su proyecto de clase media protegida que se hace cargo de otras necesidades muy sentidas.

La reforma previsional debe impulsarse con decisión para mejorar el nivel de las pensiones actuales y futuras. El proyecto está bien inspirado aunque tiene carencias incomprensibles como un panel de expertos que se pronuncie periódicamente sobre la actualización de parámetros necesaria para adecuar el sistema a cambios demográficos y de mercados laborales y financieros; y también algunos mecanismos objetables como la negociación grupal de comisiones con participación de sindicatos, que es una invitación a la corrupción.

Simples y acotadas reformas pueden mejorar el sistema de Isapres que es aspiracional para la clase media chilena y ampliaría el acceso a salud de mejor calidad resolviendo cuestiones como la cautividad y la excesiva diferencia de riesgos.

Se requiere seguir avanzando, también en mejorar y nivelar la calidad de nuestros espacios públicos en materia de transportes y entorno de las viviendas.

Y hay dos cuestiones que aparecen como deficitarias o en duda: ¿Seguiremos aumentando la inversión para cumplir con la promesa de tiempos mejores? ¿Avanzaremos en el combate a la delincuencia?

Para lo primero la modernización tributaria es una necesidad.  Y en lo segundo, además de persistir en reformas policiales es también imprescindible la colaboración de jueces y fiscales. Allí hay tareas por hacer.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-