18 de agosto de 2018

Columna de Luis Larraín en La Tercera: “Enfoque de derechos y migración sustentable”

No es exagerado decir que el de las migraciones es hoy el principal tema de la política mundial. De hecho las elecciones en buena parte del mundo desarrollado se deciden por posiciones encontradas sobre la materia.

Los receptores de inmigrantes son países con situaciones económicas estables, sociedades que progresan y ofrecen buenas perspectivas a quienes arriban a ellas. Chile debe estar orgulloso de ser precisamente uno de esos países y acoger a inmigrantes que nos dan una necesaria diversidad cultural, que tienen una actitud favorable hacia el trabajo y son emprendedores.

Desgraciadamente las posiciones en torno a la migración se han polarizado. Hay quienes los miran con desconfianza, en cuanto opinan que vienen a restarle oportunidades a los nacionales. Ambas actitudes, la de acogida y la de rechazo, son parte de las reacciones esperables de un ser humano ante la presencia de los que son distintos o se perciben de esa manera, según predicen las teorías evolucionistas y las neurociencias.

La virtual paralización del gobierno de Michelle Bachelet sobre la materia, que simplemente contempló cómo se producía una ola migratoria descontrolada, que incluía tráfico de personas y generaba una situación humanitaria compleja en materia de vivienda, salud y otras necesidades sociales que nuestro país no estaba preparado para enfrentar, predispuso a muchas personas contra la inmigración. Afortunadamente, el gobierno de Sebastián Piñera reaccionó rápido y en un par de meses fue capaz de levantar una propuesta migratoria sustentable que incluyó un proyecto de ley y medidas administrativas.

Las medidas administrativas han funcionado adecuadamente, provocando incluso el apoyo de la población migrante. Más de 260.000 inmigrantes han regularizado su situación. El proyecto de ley, en cambio, avanza con lentitud en el Congreso, donde la oposición se ha afanado en poner obstáculos a su tramitación por la vía de indicaciones que rompen la armonía de la legislación y amenazan con hacer inviable su aprobación.

Así es como se introdujo en esta ley, donde no corresponde, una indicación relativa al principio de no devolución que impide la expulsión de extranjeros en caso de riesgo a la integridad física y libertad personal en su país de origen, norma que se relaciona con los refugiados y no con cualquier inmigrante. La segunda indicación se refiere a beneficios sociales donde se rechazó la limitación de dos años de residencia en el país para recibir beneficios sociales financiados 100% con recursos fiscales. Con esto se da el absurdo que beneficios como el “bono marzo” podrían ser recibidos por un inmigrante recién llegado. Adicionalmente diputados de oposición pretendieron impedir que en puestos fronterizos se rechace la entrada al país de extranjeros, aunque hayan delinquido o tengan causales de prohibición de ingreso, lo que fue rechazado por la mayoría.

Con este tipo de indicaciones la oposición no hace otra cosa que poner obstáculos a una inmigración sustentable. Por una parte, se causa un legítimo malestar entre los chilenos residentes que ven que los inmigrantes tienen una condición más favorable que ellos. Por otra, se inviabiliza financieramente la inmigración donde se podría llegar a una suerte de “turismo de bienestar”.

Justamente ha sido este punto uno de los que ha causado la mayor controversia en otros países receptores de inmigrantes, pues un estado de bienestar muy generoso es incompatible con un país abierto a la inmigración, como lo anticipó hace ya una década el Premio Nobel de Economía, James Buchanan.

El “enfoque de derechos” para tratar el tema de la inmigración puede transformarse en el peor enemigo de ésta. El derecho internacional reconoce un derecho a emigrar, pero obviamente no un derecho a inmigrar a cualquier país, siendo el receptor quien debe establecer los requisitos para aceptar inmigrantes. Los derechos económicos no son absolutos, pues colisionan con otros derechos. No entender eso, además de hacer inviable una migración sustentable predispone a los nacionales contra la inmigración, tan deseable para un país como Chile.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-