Fin de los rankings en educación escolar

La semana pasada -última semana de gobierno de Michelle Bachelet- el Gobierno ingresó presurosamente al Congreso diversos proyectos de ley, algunos prometidos desde su última campaña presidencial. Entre ellos, en medio de una ley miscelÔnea que reforma una serie de normas legales en materia educacional (Estatuto Docente, Sistema de Aseguramiento de la Calidad, Ley de Subvenciones, Ley de Sistema de Educación Pública, entre otras) se encuentra una limitación a la forma en que la Agencia de la Calidad de la Educación podrÔ informar los resultados de las mediciones -entre ellas las del SIMCE-, propuesta que se venía planteando desde el año 2015 y que implica que sólo podrÔn ser publicadas cifras agregadas de carÔcter nacional, regional, comunal o por agrupación de comunas, referidas a la totalidad de los establecimientos educacionales para el nivel y el territorio de que se trate.

La Ministra Adriana Delpiano, en su exposición del proyecto ante la Comisión de Educación de la CĆ”mara de Diputados, seƱaló que se busca impedir la realización de rankings comparativos entre establecimientos, ya que la información es utilizada como ā€œmarketing frente a los padresā€. Ā Contradictoriamente, la ministra al mismo tiempo reconoce que ā€los padres de familia tienen derecho a saber cómo le va al colegio de sus hijosā€, lo que, en su opinión, se lograrĆ­a con ā€œtener una media general de la comuna y, por lo tanto, del sostenedor, y el dĆ­a de maƱana, la media del servicio local, y cómo lo hace el sostenedorā€.

"Frente a ello, si bien es cierto que los datos son utilizados por los colegios para promoverse por sus buenos resultados, lo que a todas luces es algo positivo, e incentiva a los establecimientos a mejorar, también es una de las pocas fuentes de información objetivas que tienen los padres para comparar entre las distintas instituciones", explica María Trinidad Schelyer, investigadora del Programa Legislativo de LyD.

Los resultados a nivel territorial no son del todo Ćŗtiles en la toma de decisiones, puesto que encuentran distorsionados. Entonces, Āæcómo podrĆ­an elegir un colegio por sobre otro sin tener ninguna base de comparación? El avance del que se jactaba la Ministra de que gracias a las reformas a la educación escolar las familias tendrĆ­an ahora las mismas oportunidades de acceder a las mejores instituciones que cualquiera otra (ā€œsin auto excluirse de ellasā€), refiriĆ©ndose a la ley de inclusión, es tan sólo nominal, ya que no existirĆ­a una verdadera libertad de elección, en cuanto sin conocimiento no hay libertad.Ā "Lo mismo serĆ­a tener que elegir un cuadro con una venda en los ojos", asegura la abogada.

Por último, sin poder comparar resultados y obtener estÔndares de referencia, serÔ muy difícil para las instituciones diagnosticar en qué estÔn fallando y determinar la efectividad de las medidas que pudieron haber implementado, y ademÔs, se les quitarÔ a los padres la facultad de ser parte de la educación de sus hijos. "En el fondo, con este proyecto de ley lo que se estÔ haciendo es esconder los números y con ello la realidad del mal desempeño de ciertas instituciones -entre ellas, las de educación pública, y privando a los padres de informarse y optar por las mejores instituciones", indica Schleyer.

 

otras publicaciones