¿Qué pasa con el empleo?

Por Sergio Morales, investigador del Programa Legislativo de Libertad y Desarrollo.-

Recientemente, fueron dadas a conocer las últimas cifras de empleo del INE, las cuales, de acuerdo con la Ministra del Trabajo, corresponden a buenas noticias para el mercado laboral, pues se aprecia en términos gruesos un tasa desocupación en el último trimestre móvil de 6,9% que corresponde a una disminución de un 0,2% en relación con la medición del año anterior para igual período. Sin embargo, al desagregar estas esperanzadoras cifras nos encontramos con algunas sorpresas.

En primer término, este crecimiento en materia de generación de empleos implica tan sólo un aumento en un 1,6% en empleo asalariado, mientras que el trabajo por cuenta propia crece en términos relativos en más del doble con un 3,5%, lo cual no pareciera dar cuenta de un futuro prometedor.

Asimismo, se observa cómo gran parte de esta política de empleo apunta a la creación de nuevos cargos en la administración pública y de lo cual como es de público conocimiento, en su mayoría honorarios, no siempre asegura buenas condiciones de trabajo.

Llama mucho la atención de cómo las autoridades celebran el hecho que alguien haya trabajado al menos una hora a la semana (forma de medir ocupación) y no ha levantado las alertas en lo que a calidad de los empleos ser refiere.

La situación de los que trabajan por cuenta propia es un tema que debiera ser una prioridad, toda vez que aquellos no corresponden siempre a emprendedores o empleadores consolidados, sino que dan cuenta de trabajos que se originan por necesidad, en que una persona que no encuentra un empleo formal ejerce una actividad lucrativa para sobrevivir y asegurar, en la medida de lo posible, su mantenimiento y el de su familia.

Los trabajadores por cuenta propia son independientes, en su mayoría no cotiza en materia de previsión y salud, tampoco cuentan con seguro por accidentes del trabajo, y que, en general, sus actividades son muchas veces precarias o que no dicen relación con la ocupación u oficio para la cual se prepararon, así vemos cómo ha crecido el número de vendedores ambulantes, conductores de uber, personas que desarrollan actividades gastronómicas o artesanales desde el hogar, entre otros.

Luego de una poco feliz reforma laboral y de varias leyes aprobadas durante esta administración, podemos dar cuenta de un patrón común y es un aumento de costos en la contratación de trabajadores y una mayor rigidez en las relaciones laborales, que ha soslayado cualquier intento por generar incentivos inteligentes a la contratación y a la productividad que, sin duda, contribuye de manera relevante en el crecimiento económico y la calidad de vida de las personas.

Hoy la política en materia de capacitación está prácticamente abandonada o al menos no ha sido capaz de generar los resultados esperados, principalmente por razones de diseño. Asimismo, en el Congreso los proyectos de leyes que se están gestionando van precisamente en la dirección contraria a lo que un mercado laboral golpeado como el nuestro necesita para revitalizarse y modernizarse, así vemos como parlamentarios insisten con rebajar horas de trabajo o aumentar permisos y vacaciones.

Sin duda, existe una tarea pendiente en lo que a empleo se refiere, que no es simple y que requiere ser priorizada lo antes posible, la cual va a requerir esfuerzos por parte de todos los sectores y una gran voluntad política que hasta ahora no se reconoce.

Así las cosas, en el actual escenario laboral no hay nada que celebrar.