El Gobierno sigue dando muestras de su improvisación en cuanto a qué instituciones serÔn incluidas en el financiamiento estudiantil gratuito para el año 2016.
Durante el discurso del 21 de mayo, la Presidenta seƱaló que accederĆan a la gratuidad efectiva āsin beca ni crĆ©ditoā, los alumnos pertenecientes a los 6 primeros deciles que estudiaran en las Universidades del Consejo de Rectores (CRUCh) o en Centros de Formación TĆ©cnica e Institutos Profesionales que tuviese acreditación y estuviesen constituidos como fundación. Con esto, se verĆan beneficiados 220 mil alumnos, equivalentes al 35% del total de alumnos de los 5 primeros deciles que asisten a educación superior.
Luego, tras el cónclave de la Nueva MayorĆa realizado a comienzos de este mes, el anuncio fue modificado, para incluir a los estudiantes provenientes de las familias del 50% de menores ingresos (5 primeros deciles) que asistieran a las instituciones ya seƱaladas, o bien a una universidad privada fuera del CRUCh, que cumpliera con al menos 4 aƱos de acreditación, no mantuviera entre sus controladores a una sociedad comercial, y que ademĆ”s tuviera participación triestamental en su gobierno. SegĆŗn nuestras estimaciones en LyD, con esto se favorecerĆa a 189 mil alumnos, equivalentes al 38% del total de alumnos de educación superior que pertenece a los 5 primeros deciles[1].
Y durante los Ćŗltimos dĆas, se conoció una información entregada en la pĆ”gina del MINEDUC, en que se explicaba en tĆ©rminos distintos el beneficio para el caso de las universidades. SerĆan incluidas las Universidades estatales, mientras que todas las privadas (CRUCh o no CRUCh) deberĆan cumplir con los requisitos ya seƱalados. En consecuencia, quedarĆan fuera los alumnos de la Universidad Austral, que posee participación de una sociedad comercial. Apenas fue alertada de esta situación, la Ministra de Educación tuvo que salir a explicar que no se habĆan cambiado las instituciones elegidas, pues la exclusión de aquellas que tuvieran entre sus miembros a una sociedad comercial, era sólo si Ć©sta representaba a mĆ”s del 10% de su directorio.
En consecuencia, si bien no hubo un verdadero cambio en las instituciones elegibles, y por lo tanto en el número de potenciales beneficiarios, lo ocurrido hasta ahora ha servido para dejar en evidencia la poca claridad con que el Gobierno estÔ buscando llevar adelante esta iniciativa, y lo poco robusta que ha sido su elección, en cuanto no se basa sobre criterios objetivos que verdaderamente apuntan a la calidad de la institución o a la necesidad de los alumnos, sino mÔs bien se trata de una decisión a dedo. Para las instituciones de educación superior lo anterior reviste una gran incertidumbre.
Adicionalmente, ha quedado de manifiesto cómo el Gobierno estĆ” tratando de regular el sistema de educación superior a travĆ©s del financiamiento estudiantil, lo que lo ha llevado a perder el principal fin al que Ć©ste debiera apuntar: apoyar al alumno para que pueda estudiar donde quiera segĆŗn sus mĆ©ritos y preferencias, sin que sus recursos sean una limitante. En este sentido, consideramos que la decisión de avanzar hacia la gratuidad universal es una mala idea, pues esta es una polĆtica insostenible, que muchos paĆses han ido abandonando. Peor aĆŗn, es una polĆtica ineficiente e injusta. Ineficiente porque no se hace cargo de las verdaderas restricciones que enfrentan quienes se ven limitados de acceder hoy a la educación terciaria. E injusta en tanto favorece fundamentalmente a quienes ya se encuentra hoy dĆa en una mejor situación económica, y porque ademĆ”s perpetĆŗa esta inconsecuencia en la medida que terminarĆ” tambiĆ©n beneficiando a quienes tengan mejores perspectivas de ingresos futuros. Siempre en desmedro de los menos aventajados.
[1] Incluyendo a 9 mil estudiantes de tres universidades no CRUCh, que segĆŗn ha trascendido, estarĆan en condiciones de avanzar hacia el cumplimiento del requisito de triestamentalidad: la Diego Portales, Alberto Hurtado y Católica Silva HenrĆquez.