
El abogado del Programa Legislativo de Libertad y Desarrollo, Sergio Morales, explica que pese a que el Ejecutivo ingresó una serie de indicaciones, ninguna de ellas apuntó a corregir los aspectos sustanciales del proyecto. Estos aspectos son la titularidad sindical que despoja a los trabajadores de una serie de derechos de que hoy gozan para traspasarlos a los sindicatos; la eliminación del reemplazo en huelga (tanto con trabajadores nuevos como propios); el rediseño de las prácticas antisindicales que propende en gran medida a desestimular la negociación individual y las facultades de dirección del empleador; y la regla de la extensión de los beneficios de la negociación (donde entrega una especie de veto al sindicato para que éste decida si es posible extender todo o parte de ellos a los demás trabajadores de la empresa).
"Las modificaciones que se introdujeron, salvo la nueva definición de servicios mínimos, no apuntan en nada a ser un avance en materia de estímulos a la productividad y a generar equilibrios en la negociación", señala Morales. Pareciera que se hubiera optado por escuchar más a la CUT (representante minoritario de trabajadores del sector privado) y no la opinión de la gran mayoría de expertos y trabajadores de nuestro país que rechazan categóricamente esta reforma, que en caso alguno se hace cargo de los verdaderos desafíos del mundo del trabajo.