ALERTA CONCEPTUAL: RADIOGRAFÍA A LA MATRIZ IDEOLÓGICA DEL FRENTE AMPLIO

El Frente Amplio cerró en seis semanas dos acontecimientos que fijan su curso. En julio publicó las conclusiones de su Primer Congreso Ideológico y Estratégico, y el 16 de agosto eligió a quien debe dirigir el partido durante los próximos dos años. El triunfo de Gael Yeomans para la presidencia del Frente Amplio (54,71% de los votos) develó un giro de dicha colectividad hacia su ala más izquierda. Cabe recordar que fue la directiva de la extinta Convergencia Social, liderada en ese entonces por Yeomans, quienes llevaron a Gabriel Boric al Tribunal Supremo por su participación en la firma del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución. Sin ir más lejos, el investigador Pablo Ortuzar señalaba a comienzos de esta semana que “con la elección de Gael Yeomans, el Frente Amplio se mueve más hacia la izquierda octubrista e identitaria”[1]. Este triunfo tiene un correlato con lo emanado del primer Congreso ideológico de dicha colectividad.

Es en ese sentido,  a dos semanas de un nuevo aniversario del rechazo a la propuesta  de la Convención Constitucional (2022) - la cual  buscaba dinamitar las bases de nuestra institucionalidad y fue liderada en gran parte por el bloque de Apruebo Dignidad (Frente Amplio y el Partido Comunista)-, el triunfo de Yeomans y las conclusiones del Congreso ideológico dejan abierta la pregunta de si la segunda etapa del Gobierno de Gabriel Boric, tras el rechazo a la propuesta constitucional, respondió entonces a una “moderación” táctica más que a un giro doctrinario.

Definiciones que trascienden

Las definiciones ideológicas y programáticas del Frente Amplio recogidas en el primer Congreso Ideológico se sustentan en base a un ideario colectivo, mantienen su raíz en el identitarismo, aspecto rector de la propuesta de la Convención Constitucional rechazada en 2022. Desplazando al individuo como sujeto político principal para considerar—incluso prioritariamente— a colectivos definidos por su identidad.

El documento rememora lo que fueron los cimientos de la propuesta de la Convención Constitucional. Al momento de definir los principios y horizontes que los guían, hacen referencia a promover “mecanismos de democracia económica y participación incidente en tanto la redistribución del poder político y económico es condición para ampliar derechos y libertades colectivas”[2], van incluso más allá al propugnar “que la economía se someta al control democrático”[3].

Esta interpretación de democracia atenta contra un principio básico del funcionamiento económico: la propiedad privada, pilar de la economía social de mercado. Estos elementos fueron recogidos en la Convención Constitucional en artículos como el 48 que señala expresamente “Las trabajadoras y los trabajadores, a través de sus organizaciones sindicales, tienen el derecho a participar en las decisiones de la empresa”[4]. En cuanto a la participación incidente, esto tiene su expresión en la Convención Constitucional, cuando buscaron incorporar mecanismos de participación directa, elementos que colisionan con los principios de la democracia liberal.

En el documento presentan “un nuevo modelo de desarrollo productivo, sustentable, inclusivo e industrializado con base tecnológica, lo cual exige un nuevo rol activo del Estado que planifique, invierta, proteja y articule dicho modelo”[5], señalan expresamente buscar “la superación del neoliberalismo, aspirando no sólo a la consecución de mayores derechos, sino a la transformación de las relaciones sociales de producción, modificando concretamente la matriz productiva”[6]. Más allá de errores semánticos, pues en economía no existe el concepto de neoliberalismo, Chile ya vivió una experiencia en que el estado tomaba las principales decisiones de la economía, interviniendo y distorsionando las señales de mercado.

Durante la Unidad Popular el Estado tenía participación en cerca de 600 empresas con un resultado económico y fiscal desastroso. El mercado se volvió cada vez más ineficiente y costoso, requiriendo sucesivas intervenciones. Entrando en un círculo vicioso. Es en el mercado donde consumidores y productores vuelcan sus intereses atomizadamente. La propia Convención Constituyente, en su artículo 182, manifestaba que el Estado “participa en la economía para cumplir sus fines constitucionales, de acuerdo con los principios y objetivos económicos de solidaridad, pluralismo económico, diversificación productiva y economía social y solidaria. En el ejercicio de sus potestades regula, fiscaliza, fomenta y desarrolla actividades económicas”. En este contexto los postulados del Congreso Ideológico del Frente Amplio son más extremos que la propia Convención Constitucional.

En materia de derechos sociales persiguen garantizar derechos sociales universales en salud, educación (definiendo proyectos educativos que orienten el desarrollo del país), vivienda, pensiones y cuidados, todos estos elementos estuvieron presentes en la Convención Constitucional como derechos que debía garantizar el Estado.

El Frente Amplio en materia de impuestos propone “reformar el sistema tributario con una fiscalidad más progresiva y estructural que implemente impuestos reales y rebaje los privilegios tributarios”[7], la Convención Constitucional por su parte funda el sistema tributario en principios de igualdad, progresividad, solidaridad y justicia material, con coincidencias en su matriz.

Todos estos cambios y modificaciones las sustentan en base a consignas como “lucha de clases”, la existencia de una elite “oligárquica”, “rentista” y “corporativa”, la “ultraderecha”, un relato que tradicionalmente ha utilizado la izquierda.

Preocupa que no solo heredan en gran medida la visión económica, política y social que sustentó a la Convención Constitucional, si no que incorporan ciertos aspectos que van incluso más allá de lo que plasmó el proyecto rechazado. No solo no hay un aprendizaje, hay una profundización de estas ideas, y por ello, no renuncian a sus aspiraciones de cambio constitucional, definiendo un horizonte estratégico que “se orienta a construir una mayoría social y política capaz de sostener un proyecto transformador de largo plazo, entendiendo ese poder social y político como condición previa para impulsar cualquier transformación estructural en Chile, y que debe proyectarse más allá de los ciclos electorales”[8].

La brecha de la izquierda con la nueva realidad

El partido señala que la “ultraderecha” desarrolló estrategias comunicacionales y emocionales altamente efectivas sin respuesta progresista equivalente, y se plantean como desafío la necesidad de traducir sus “principios a un lenguaje cercano a la vida cotidiana, evitando que (…) seamos percibidos como lejanos, academicistas o excesivamente urbanos”[9]. En la orgánica: consideran que el paso al Ejecutivo debilitó el trabajo territorial y de base, y su debilidad organizacional hoy limita la capacidad municipalista[10]. En el texto, las correcciones apuntan a responder de forma más efectiva a la gestión de la derecha, que a identificar y abordar errores propios de su gestión. De todas formas, declaran que parte de las transformaciones estructurales quedaron pendientes por decisiones adoptadas durante la gestión del Gobierno y expresan como aprendizaje que los cambios de fondo requieren mayorías sociales y políticas sostenidas.

En definitiva, la lectura que realizan sobre el partido, su herencia histórica, el avance de la “ultraderecha” y los desafíos tras el ciclo político no se acompaña de una revisión y reflexión equivalente de sus propios supuestos programáticos. Sin ir más lejos, el documento pone de manifiesto la necesidad de reflexionar sobre seguridad “sin ceder terreno a la derecha ni abandonar este campo como espacio de disputa”, sorprende que, tras meses de deliberación y encuentros, no hayan abordado con propiedad la mayor preocupación de los chilenos, y se limiten, por ejemplo, a considerar que la criminalidad “surge de la individualización extrema, del debilitamiento del tejido comunitario y de la política social focalizada”[11].

Conclusión

El documento del Frente Amplio reafirma que el partido no abandona su objetivo de impulsar transformaciones estructurales en Chile, pero sostiene que dichas reformas requieren construir previamente una mayoría social y política amplia, capaz de sostener un proyecto de largo plazo, sin renunciar al cambio constitucional.

En este marco, el triunfo de Gael Yomans en la elección interna del Frente Amplio refuerza la orientación identitaria del partido. Su liderazgo se alinea con la necesidad de superar el neoliberalismo para construir un nuevo orden político, económico y social.

El presente texto corresponde a una sección del Informe de Coyuntura Política N° 50- agosto 2026


[1] El Mercurio, cuerpo C. Lunes 17 de julio de 2026.

[2] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°15, página N°16.

[3] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°18, página N°17.

[4] Propuesta Constitución Política de la República de Chile (2022), artículo N°48, página N°21.

[5] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°43, página N°27.

[6] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°37, página N°25.

[7] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°43, página N°27.

[8] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°44, página N°27.

[9] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), tarea N°1, página N°23

[10] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), conclusión N°39 y N°40, página N°26

[11] Conclusiones primer Congreso Ideológico Estratégico (2026), definición estratégica N°9, página N°34

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