Rechazo en la Cámara de Diputados a Admisión Justa: ¿Para quién es la derrota?

Ayer, en una sesión extraordinaria de la Cámara de Diputados citada para discutir el proyecto presentado por el Ejecutivo conocido como Admisión Justa, fue rechazada la idea de legislar sobre esta materia por la mayoría de los parlamentarios (79 votos de oposición contra 69 votos del oficialismo).

El objetivo del proyecto de ley era permitir a los establecimientos educacionales de alta exigencia académica y de especialización temprana (en arte o deportes) aplicar procedimientos especiales de admisión a partir de séptimo básico, relacionados ya sea con el mérito académico, en el primer caso, o con el desarrollo de talentos especiales, en el segundo. Para poder ser autorizados a aplicar sus propios procedimientos de selección, los cuales en ningún caso podían significar discriminaciones arbitrarias, debían encontrarse en un nivel de desempeño alto según la calificación de la Agencia de Calidad de la Educación y, para dar prioridad a los alumnos provenientes de familias con menores recursos, se aumentaba al doble el porcentaje mínimo de alumnos prioritarios que debían ser seleccionados respecto al resto de los establecimientos (a un 30%) y se aseguraba también un porcentaje para alumnos preferentes (un 20%).

"Con el rechazo de esta iniciativa en la sala de Cámara, el verdadero derrotado no es el gobierno, sino todos aquellos niños y jóvenes provenientes de familias de ingresos bajos y medios cuyo talento y esfuerzo no serán reconocidos a la hora de adjudicárseles un establecimiento educacional, siendo más que nada la suerte la que determinará sus futuros", dice Trinidad Schleyer, abogada de LyD. 

Por una utopía igualitaria, a la que paradójicamente los parlamentarios que la defienden no están dispuestos a someter a sus propios hijos, se desconoce la justicia equitativa que hay detrás de reconocer y premiar conductas que como sociedad deberíamos alentar. Se deja sin respuesta a la frustración provocada por el nuevo sistema de admisión escolar en precisamente aquellos jóvenes de mejor rendimiento, que fueron adjudicados con menor frecuencia que el resto de los alumnos en los establecimientos de su preferencia, y, junto con ello, se desconoce la evidencia que demuestra que grupos de estudiantes de rendimiento más homogéneo, tanto en quienes parten con un mejor desempeño como de quienes se encuentran con rezago, favorecen el aprendizaje. "Con este rechazo, se cierra la posibilidad a mejorar un sistema que ha presentado fallas en su implementación, las que terminarán por destruir la calidad tan buscada en la educación pública", explica Schleyer.