Menos horas laborales: ¿Mayor productividad?

Durante esta semana se aprobó en la Comisión del Trabajo el proyecto de ley que pretende reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. De este modo, en las próximas sesiones la instancia iniciará la discusión en particular de la iniciativa, a pesar de su evidente inadmisibilidad por tratarse de una materia de iniciativa exclusiva del Presidente de la República.

Actualmente, en Chile contamos con un mercado laboral sujeto a una legislación sumamente rígida, en que se regula en detalle, por ejemplo, las jornadas que deben cumplir los trabajadores. Entre otras cosas, el Código del Trabajo dicta que la jornada no puede exceder de 45 horas semanales, la cual no podrá distribuirse en más de 6 ni menos de 5 días. Pero ¿qué pasa si las necesidades o preferencias del trabajador son diferentes? ¿Qué pasa si las necesidades de la empresa son distintas? Lo ideal, y lo más eficiente a la hora de establecer una jornada laboral, es tomar en cuenta las necesidades (y preferencias) tanto del trabajador, como del empleador. Lo anterior se hace, además, cada vez más factible, dado los avances tecnológicos que nos permiten conectividad sin necesidad de estar todo el tiempo de manera “presencial” en el lugar de trabajo.

“En relación a esta materia es importante señalar que, si bien es efectivo que en Chile se trabajan muchas horas en comparación con el promedio de los países de la OECD, también es cierto que es uno de los países menos productivos. En general, a medida que aumente la productividad del trabajo, podremos acceder a jornadas laborales más cortas, o a períodos de vacaciones más largos, pero no al revés. Los autores de la moción parlamentaria, aludiendo a la productividad, parecen desconocer la diferencia entre correlación y causalidad”, afirma John Henríquez, abogado de LyD.

Jornadas más cortas no garantizan mayor productividad a priori. Aquellos países que han logrado reducir sus jornadas exitosamente, es porque han logrado mayores niveles de productividad.