Lectura recomendada de Javier Silva: «Cartas de Járkov» de Guillermo Cedrez

POR JAVIER SILVA, GESTOR DE DESARROLLO Y PROYECTOS DE LA FUNDACIÓN CIUDADANO AUSTRAL (X REGIÓN) 

Hace 85 años sucedió el genocidio del pueblo ucraniano: el Holodomor, la muerte por hambre de millones de inocentes producto de la colectivización del campo, llevada a cabo por el comunismo soviético.

Desde Járkov (Járkiv en ucraniano) -otrora capital de Ucrania en los inicios de la Unión Soviética- y también desde Moscú, el cuerpo diplomático italiano informó a su país sobre la situación que se estaba viviendo en el territorio ucraniano entre 1932 y 1934.

Bajo este contexto histórico, el investigador uruguayo Guillermo Cedrez ha puesto a disposición de los lectores hispanoparlantes traducciones de dichos reportes que el cuerpo diplomático italiano destinado en la Unión Soviética enviaba a Roma.

El libro Cartas de Járkov es un testimonio crudo de la situación de la Ucrania de la década de 1930, mirado con los ojos de la época. Las observaciones del momento del Cónsul Real Sergio Gradenigo dan cuenta de tesis que historiadores como Robert Conquest o Anne Applebaum han sostenido: la hambruna contra el pueblo ucraniano fue intencional.

Para llevar a cabo la colectivización del campo era necesario terminar con los enemigos del pueblo, al no existir una “clase” burguesa rural, la política estuvo centrada en la eliminación de los “kulaks”, o campesinos ricos, una entelequia creada por los comunistas soviéticos para justificar el exterminio. Con expropiaciones, deportaciones y asesinatos en masa se fue instaurando el terror comunista en el campo.

El 9 de marzo de 1930, dos años antes del apogeo de la hambruna, desde la embajada italiana ya se informaba que el proceso de colectivización se convertiría en un total fracaso y que los resultados se verían en la próxima cosecha. No había que ser un versado en temas agropecuarios para darse cuenta que la estatización de la tierra no era un incentivo para mantener o aumentar la producción. Las cuotas que el estado soviético imponía sobre los koljoses (campesinos colectivizados) eran imposibles de cumplir. La historia es conocida para quienes no cumplían.

Las deportaciones de campesinos que se oponían a la colectivización o bien que simplemente eran “enemigos del pueblo” por tener una vaca más que el promedio de sus vecinos, se relatan durante todo el libro. Los informes del consulado en Járkiv o de la embajada en Moscú cuentan cómo miles de vagones de trenes, dedicados al transporte de ganado, eran usados para llevar a los campesinos a tierras cercanas al círculo polar ártico.

Pero la violencia explícita, los asesinatos y deportaciones no eran suficiente para implantar y consolidar la dictadura del proletariado en el campo, era necesario aislar estos elementos, degradar su dignidad hasta más no poder, en definitiva, convertirlos en seres infrahumanos.

La hambruna llegó, era inevitable. La período más triste de Ucrania, el sufrimiento de un pueblo inocente llegó a un punto que es imposible sustraerse. Las familias comían hojas, raíces, pan hecho de cualquier cosa menos de harina. En el denominado “granero de Europa” no había qué comer, los más débiles empezaron a morir, las enfermedades a propagarse sin control ni tratamiento.

Desde el consulado italiano se relataba cómo en las calles cerca de los mercados aparecían personas muertas sin las mejillas, claro, algunos las extraían de los cadáveres para comérselas. Niños desaparecían por centenas en los villorrios. No se veían gatos ni perros en el campo. Cuando el ser humano lucha por vivir, los tabúes de la comida se olvidan y aparecen los instintos de supervivencia.

En el siglo XX del avión, la ecuación de la relatividad de Einstein, en la Europa de Copérnico, Miguel Ángel o de Cervantes, en ese territorio, la humanidad fue testigo de cómo la antropofagia aparecía en el campo. La eliminación del pueblo ucraniano estaba en marcha; desde Moscú el comunismo profundizaba el problema, y la prensa occidental se convertía en cómplice y no denunció.

El texto está organizado de manera cronológica, lo que permite ir viendo los cambios que mes a mes se iban sucediendo en las ciudades y particularmente en las zonas rurales, de cómo algunos ucranianos enviaban cartas a otras delegaciones diplomáticas rogando por ayuda, incluso pidiendo una intervención militar extranjera para terminar con su sufrimiento. Son cincuenta y seis los documentos que contiene la obra, un panorama que invita a continuar investigando sobre el tema.

Hoy Ucrania intenta sanar las heridas del pasado y lucha con sus propias contradicciones. El Museo del Holodomor en Kyiv es un espacio sencillo, pero avanzando unas cuadras hacia el sur por la calle Lavrska está la estatua de la Madre Patria, cuyo escudo protector todavía tiene la hoz y el martillo de los verdugos comunistas. El futuro aún tiene mucho que contar.

El libro Cartas de Járkov es una ventana a esos oscuros años de la historia de la humanidad y nos enseña que el socialismo mata. La advertencia aparece a lo largo de toda la lectura, ahí el aporte de Cedrez y la traducción de estos memos. Léalo.


Título:  Cartas de Járkov

Autor: Guillermo Cedrez

Editorial: MS Impresos

Año: 2018

Páginas: 229