La columna de Leonardo Daneri, Presidente de COPSA: «Infraestructura para las personas: agrandemos Chile»

En las últimas décadas, nuestro país ha sido testigo de grandes e importantes transformaciones sociales, políticas y económicas. El aumento en el poder adquisitivo de las personas, el incremento en el acceso a bienes y servicios y una población que legítimamente quiere tener más -y mejor-, son rasgos de un país que debería ser capaz de responder a tiempo a sus necesidades. Sin embargo, en diversos aspectos esto no ha ocurrido y me refiero específicamente a temas de infraestructura.

Desde la promulgación de la Ley de Concesiones el año 1993, el Estado, a través del Ministerio de Obras Públicas, ha desarrollado casi 90 proyectos con una inversión total cercana a los 19 mil millones de dólares. No cabe duda alguna que estas obras le cambiaron la cara a nuestras ciudades y generaron un positivo impacto en la calidad de vida de las personas. ¿El único problema? No supimos ser consistentes en el tiempo. El país creció y nos pilló la máquina. Chile cambió y esa promesa de modernidad y mejor calidad de vida se fue desvaneciendo frente a una sociedad que hoy lo quiere todo y no está dispuesta a esperar por ello.

Dicho de otra manera, Chile nos quedó chico, el curso de la vida fue más veloz que la capacidad de desarrollar infraestructura y el costo de este rezago lo padecemos a diario.

Estamos atrasados y mucho. Pero aún hay tiempo y es nuestro deber avanzar en forma prioritaria en dos grandes áreas: planificación macroterritorial e hiperconectividad. La primera se refiere a entender que nuestras principales urbes se expanden hacia el interior y hacia los costados, conectándose con sus alrededores. A modo de ejemplo, en la zona central del país tenemos las regiones Metropolitana, de Valparaíso y la de O´Higgins. Si hacemos una caricatura rápida y sencilla de ellas, tenemos un puerto, una megaciudad y un gran huerto. Hoy las vemos como tres unidades por separado y por ende, tendemos a pensar en conectarlas como islas unidas por puentes.

Pero la realidad es otra, las sinergias e interacciones entre las ciudades más representativas del área, San Felipe, Santiago, Rancagua, San Antonio y Valparaíso, son múltiples y constantes, así las cosas, en la práctica la zona central es una macrozona, una “Pan-Urbe” cuya conectividad debería tender más a estándares urbanos que a interurbanos, como es hoy.

Lo segundo, la hiperconectividad, dice relación con dar el paso siguiente en cuanto a engordar el país, desarrollando la ruta Longitudinal Costera y comenzar a trazar también una al “Piedemonte” a fin de dotar de resiliencia y alternativas a nuestra actual y única vía longitudinal, que es la Ruta 5. Lo anterior se traduce automáticamente en una mayor dificultad de partir al país en dos ante la ocurrencia de un hecho inesperado que afecte su disponibilidad. Sumado a lo anterior, debemos avanzar en más y mejores aeropuertos, capaces de adaptarse a la tendencia de vuelos “Low Cost”, trenes de cercanía que interconecten a las personas de las Pan-urbes; más embalses que permitan enfrentar el cambio climático; nuevos hospitales que equilibren el acceso a la salud por parte de los grupos más vulnerables; tecnología 5G para iluminar nuestras vías permitiendo el ingreso de vehículos autónomos, etc.

Todos estos desarrollos sólo serán posibles en la medida que contemos con un Ministerio de Obras Públicas mucho más robusto y musculoso que el actual: presupuestariamente más fuerte, capaz de atraer a los mejores profesionales de la industria, a los que se debe empoderar en todo lo que sea necesario para adelantar las obras y prever aquellas donde el progreso y las tecnologías lo requieren, además de poder gestionar en forma eficiente la permisología necesaria para ejecutarlas.

La buena noticia es que el horizonte aparece más claro tras los anuncios del Gobierno y la institucionalidad impulsada en el último tiempo en cuanto a la creación del Fondo de Infraestructura, los cambios al reglamento que rige las iniciativas privadas y las instancias del Ministerio de Economía que buscan acortar la permisología detrás de cada proyecto, por citar algunos.

Hoy, existe la voluntad de hacer las cosas bien, de aprender y sacar lecciones del costo de los errores cometidos en el pasado. Hoy se ven las oportunidades para que públicos y privados trabajemos en conjunto construyendo el país que queremos proyectar hacia el futuro.

Por Leonardo Daneri J., Presidente de Copsa A.G.