La lectura recomendada de Pablo Kangiser: «Reformemos el Islam» de Ayaan Hirsi Ali

Por Pablo Kangiser, abogado del Programa Legislativo de Libertad y Desarrollo.-

"El libro es sorprendente por varias razones; primero, porque demuestra el apoyo que recibe el Islam, incluidos los violentistas, desde diversos sectores occidentales; segundo, porque ejemplifica los hechos con experiencias de su propia vida (sin ser esta su autobiografía), y tercero, porque es convincente a la hora de afirmar que el Islam requiere urgentemente una reforma y que no podemos mantenernos al margen de ello, porque el costo que tendría a futuro (no tan lejano) sería muy alto en libertad y funcionamiento de los sistemas democráticos.

Pero Ayaan Hirsi no se queda en el diagnóstico, que está muy bien explicado desde sus orígenes y constituye gran parte del libro, sino que se atreve a señalar los puntos insoslayables de la reforma: 1°) Es necesario dejar de considerar a Mahoma como un ser semidivino e infalible, de modo que la lectura del Corán, sobre todo cuando es literal, no se transforme en una verdad absoluta; 2°) Hay que abandonar la preferencia por la vida después de la muerte, y atender a lo que se juega en esta vida; de hecho, para la mentalidad musulmana tiene suma importancia la preparación para la otra vida y la aproximación del Juicio Final; 3°) Limitar la influencia de la ley coránica, así como los hadices o expresiones atribuidas al profeta y que complementan la ley y, por la misma razón, no se debe dar tanta relevancia a la jurisprudencia islámica; 4°) La ley islámica significa, en último término, que hay acciones a las cuales se está obligado, y al mismo tiempo, existen otras absolutamente prohibidas. El problema es que existe la práctica de otorgar poderes a ciertas personas para determinar, precisamente, los efectos de la ley en ambas clases de materias; la invalidación de la libertad individual que de aquí se sigue es una consecuencia inevitable, y 5°) se debe abandonar el imperativo de la yihad o guerra santa, según la cual, los herejes no merecen vivir (al menos inicialmente, a los cristianos y judíos que no se convertían se les perdonaba la vida a condición de pagar un tributo).

Como alternativa a la reforma de estos principios, también cabría, en algunos casos, una renuncia al menos parcial, según argumenta con mucha fuerza la autora cuando se refiere a las distintas posturas de los reformistas musulmanes, con mayor o menor incidencia en el alejamiento del Corán.

Por otra parte, para quienes siempre hemos mirado el islam desde lejos, resulta clarificadora la división de los musulmanes en tres grupos: los más violentos o grupo de Medina, obedientes absolutos de la sharía o ley islámica, y que prácticamente no han evolucionado desde los orígenes del movimiento en el siglo VII; aquí están también los chiítas, que esperan el triunfo global del Islam gobernado por un imán, y los sunníes que aspiran a la creación forzosa de un califato aquí en la tierra. Los de este grupo, el de Medina, creen que el asesinato de un infiel es imperativo si se niega a convertirse voluntariamente. Diversas otras facciones somalíes, tierra natal de Ayaan, también se ubican en esta línea: Al Qaeda, Estado Islámico, Boko Haram y Al Shabaab.

El segundo grupo, el de La Meca, es claramente mayoritario en el mundo musulmán. Sus miembros son devotos de las prácticas religiosas pero no parecen dispuestos a participar en acciones violentas. Son los principales destinatarios de este libro, según confiesa su autora. Pero ella misma también destaca la contradicción (un “estado de tensión” son sus palabras) entre sus creencias religiosas y la modernidad, expresada en cada vez más amplias innovaciones políticas, culturales y económicas. La racionalidad, laicicidad, esfuerzo personal y libre asociatividad constituyen una suerte de desafío para una sociedad tradicional, sobre todo cuando está basada en el género (en el “machismo” hay que decir), en la edad y la categoría social heredada. Es cierto que se avienen con las tecnologías en boga, celulares y computadores incluidos, sin que ello entre en conflicto con su mentalidad religiosa, pero se ven involucrados en una lucha diaria cuando se trata de hacer convivir su religiosidad con los demás aspectos del modernismo. Ayaan reconoce haber sido educada en este contexto religioso.

El tercer grupo es el de los reformistas, a los cuales incluso los de La Meca los consideran herejes porque han desafiado una tradición de tantos siglos de antigüedad. El libro contiene un repertorio de los más importantes musulmanes que se incluyen en este grupo que, no obstante, no pretende prescindir de la religiosidad, sino demostrar que se necesita una reforma.

El libro, a lo largo de sus más de 250 páginas contiene en cada una de ellas un interesante y bien documentado material que obliga a meditar respecto del mundo que se nos puede venir encima. Me resultó impactante el dato estadístico relativo al grupo de Medina, el de los más violentos: de todo el universo musulmán representan solo el 3%; pero es un 3% de 1.600 millones, lo que significa que existen 48 millones dispuestos a matar e inmolarse, y tener así acceso al cielo musulmán, que Ayaan, conocedora de todas estas enseñanzas, nos describe con bastante detalle, incluyendo siete vírgenes en cada estancia, a disposición de estos creyentes, que recibirán cada día la fuerza necesaria para cohabitar con ellas; todo lo cual no es sino otra manifestación de la inaceptable humillación de la mujer –incluso en el cielo- contra la cual Ayaan se ha rebelado con fuerza aquí en la tierra, transformándose en una víctima viviente de su condena por hereje, pero capaz de argumentar, con determinación aunque sin odio, en pro de una solución permanente, racional y de fondo.

Título: Reformemos el Islam

Autora: Ayaan Hirsi Ali

Editorial: Galaxia Gutemberg

Año: 2015

Páginas: 279