Desigualdad en 2015 y 2017 se reduce en más de 11 puntos al incluir los subsidios del Estado

"Las prestaciones sociales tienen un rol importante en la disminución de la desigualdad en Chile". Esta es la principal conclusión de nuestro estudio 'Transferencias no monetarias y reducción de la desigualdad' realizado con datos de la encuesta Casen 2017 e información obtenida desde la Dirección de Presupuestos (Dipres) y del Ministerio de Educación.

Según nuestro informe, al analizar la brecha de desigualdad solo por ingresos autónomos, en Chile el índice de GINI se ubicó en 50,9, donde 0 corresponde a la perfecta igualdad y todos ganan lo mismo, y 100 representa la perfecta desigualdad, donde una persona acumula todos los ingresos. De hecho, solo considerando los ingresos que reciben las personas por su trabajo, retiro de utilidades y jubilaciones, la desigualdad en la Casen 2017 aumentó respecto de los resultados de 2015 (50,1). En dicho período, el crecimiento de la economía chilena fue bastante modesto, lo que podría explicar que los hogares más vulnerables hayan visto su situación relativa desmejorada.

Sin embargo, al sumar el resto de los ingresos del hogar, es decir, subsidios monetarios, el alquiler imputado -cuando una familia es dueña de una vivienda se le imputa como ingreso del hogar el costo que tendría el arriendo de dicha vivienda-, y transferencias no monetarias en salud y educación, esta brecha se reduce a 39,7. Es decir, una diferencia de 11,2 puntos de diferencia, lo que representa una reducción de 22%. "Esto se explica porque hay focalización de las prestaciones no monetarias en los deciles de menores ingresos, mejorando así la distribución de los recursos", sentencia Guillermo Irarrázaval, investigador del Programa Social de LyD.

 

Subsidios no monetarios son utilizados mayormente en el segundo decil

Los subsidios estatales no monetarios son aquellos que no implican un traspaso directo de dinero al beneficiario. En el caso de la educación, por ejemplo, corresponde a la subvención escolar estatal que permite el acceso gratuito a la educación parvularia y escolar; becas y, a partir de 2016, la incorporación de la gratuidad para el acceso a la educación superior; programas de alimentación en colegios y jardines infantiles; la entrega de útiles y textos escolares, entre otros.

En el estudio de LyD se consigna que los subsidios no monetarios en educación están dirigidos a los tres primeros deciles de la población, enfocados principalmente en los deciles II y III, pese a que el decil I representa a la población más vulnerable. "Ello podría explicarse por la menor presencia de niños en edad escolar en el primer decil, o bien por una menor cobertura educativa", señala Irarrázaval.

A su turno, en las prestaciones de salud se cuentan los aportes del Estado para la atención en Fonasa por las modalidades de atención en organismos del sistema público o de libre elección, a lo que se suma la entrega de alimentación complementaria para niños menores de 6 años y adultos mayores, entre otros programas. Al igual que en educación, los aportes estatales en salud se dirigen principalmente al decil II (19,5%).

"Hay una mayor concentración de atenciones médicas en dicho decil. (…) Esto evidencia que estos subsidios no están pensados necesariamente para los más pobres, sino que para aquellos que necesitan de un servicio al que no podrían acceder sin un aporte del Estado, como, por ejemplo, en el caso de la modalidad de libre elección", complementa el investigador.

 

55,6% de los ingresos de los hogares más pobres proviene de transferencias del Estado

Pese a que el decil más pobre de la población no es el que más recibe recursos no monetarios por parte del Estado —15,1% en educación y 17,6% en salud—, este segmento tiene una alta dependencia de este tipo de transferencias respecto del total de sus ingresos. Los subsidios no pecuniarios representan el 41,3% del total de sus ingresos. Y si se le agregan además los subsidios monetarios —aporte familiar permanente (ex bono marzo), asignaciones familiares, pensión básica solidaria, bono bodas de oro, etc.—, el aporte de los subsidios a los ingresos totales de estos hogares asciende a 55,6%. La suma de subsidios monetarios y no monetarios va disminuyendo su aporte conforme aumentan los ingresos autónomos de las familias. Así, mientras en los deciles II y III representan respectivamente el 42,6% y 33,4% del total de sus ingresos, en el decil X, el más rico de la población, equivalen solo al 0,3%. "Queda de manifiesto la clara contribución que tienen la política social y las distintas prestaciones del Estado en la mejora de la calidad de vida de los hogares más humildes y en la reducción de la desigualdad", concluye nuestro estudio.

Fuente: El Mercurio.-