Entrevista a Lucía Santa Cruz en El Líbero: “Hoy día es la Nueva Izquierda la principal impulsora de las restricciones culturales”

El precio de la libertad es la eterna vigilancia”. Citando a Thomas Jefferson, la historiadora y Consejera de LyD, Lucía Santa Cruz, explica la necesidad de estar alerta ante cualquier amenaza que vaya contra la libertad de expresión. “La civilización siempre ha dependido de quienes se atreven a cuestionar doctrinas que, en definitiva, lo que hacen es poner en jaque la libertad humana”, subraya.

La académica y Master of Philosophy de la Universidad de Oxford hoy participará en el seminario “La libertad de expresión en una nueva encrucijada”, organizado por Libertad y Desarrollo, Fundación para el Progreso, Fundación Jaime Guzmán, Fundación Chile Siempre y Horizontal. El panel también estará conformado por Mauricio Rojas, doctor en Historia Económica y ex ministro de Cultura, y por el director de El Líbero, Eduardo Sepúlveda.

Horas antes de su presentación, Santa Cruz plantea su visión sobre los “nuevos peligros” que atentan contra la libertad de expresión.

-Tomando el nombre del seminario, ¿cuál es a su juicio “la nueva encrucijada” que enfrenta la libertad de expresión?

-La verdad es que, a través de la historia, la libertad de expresión ha estado siempre en una encrucijada. Es un derecho ganado a un costo muy alto y que ha estado siempre amenazado por los gobiernos, por los estados, por las iglesias y también por la presión social. De hecho, es solo en la modernidad que la libertad de pensamiento, de religión y de expresión quedaron proclamadas como derechos inalienables de la persona humana. Por lo que yo entiendo, su consagración más explícita fue en la Primera Declaración de los Derechos del Hombre de 1789 en los inicios de la Revolución Francesa en la cual, en orden a defender lo que llama “la libre comunicación de pensamientos y opiniones”, obliga a respetar “el derecho de cualquier ciudadano a hablar, escribir, e imprimir libremente”. Todas las declaraciones de derechos desde entonces -incluida la actual de la ONU- han estado regidas por los mismos principios. A mi juicio, entonces, no puede existir una contradicción entre derechos humanos y libertad de expresión, porque es casi la más fundamental. Sin libertad de expresión no hay pensamiento ni posibilidad de avances del conocimiento. Por eso, con razón Jefferson decía que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”.

-Se plantea que ya no es el Estado el que censura, sino que existe una “censura social”. ¿Cómo analiza este fenómeno? ¿Es más difícil de identificar y, por lo tanto, de combatir?

-Efectivamente, el temor a lo que Tocqueville llamaba la “tiranía de las mayorías” ha estado presente en todos los pensadores que defienden la libertad. Lo dicho por John Stuart Mill, uno de los grandes filósofos del siglo XIX es igualmente válido hoy. Él sostenía que para combatir la tiranía no bastaba con resguardarse de la autoridad: se necesita también protección contra “la tiranía de las opiniones y sentimientos prevalecientes; contra la tendencia de la sociedad a imponer, por medios distintos a las sanciones penales, sus propias ideas y reglas de conducta en todos quienes disienten de ellas”. Yo creo que, ciertamente, hoy día el mundo occidental está amenazado por el predominio de ideas derivadas del postmodernismo que se tratan de imponer por medio del escarnio social.

-¿Quiénes son estos “nuevos censores”? ¿Tienen creencias, color político, edad, género? ¿O es algo más transversal?

-Pienso que esta tendencia tiene sus orígenes muy marcados en la academia norteamericana, con el surgimiento de la “política de identidad”, llámese multiculturalismo, feminismo radical, racismo (no solo de supremacistas blancos sino también de grupos afroamericanos radicales), pero que tiene sus ecos en el mundo entero. Por la vía de censurar ciertos temas, ciertas expresiones lingüísticas, de imponer ciertas bibliográficas, al margen de su calidad, y prohibir otras, se quiere imponer una ortodoxia sofocante que está impidiendo la discusión libre de las ideas. Si antes se podría decir que el pensamiento más religioso o conservador trataba de primar y limitar a otros por medidas coercitivas, hoy día es la Nueva Izquierda la principal impulsora de las restricciones culturales y de imponer modelos únicos y homogéneos en el ámbito del pensamiento y la expresión. No olvidemos que la mayoría de las tiranías son precedidas por un conjunto de ideas que limitan la libertad de las personas y lo primero que tratan de hacer es destruir o silenciar cualquiera expresión disidente; y las primeras víctimas son los hombres de ideas y los espíritus libres.

Siga leyendo esta entrevista en El Líbero...