9 de marzo de 2019

Columna de Luis Larraín en La Tercera: “Mujer”

En Chile y el mundo miles de mujeres son víctimas de la violencia. Muchas veces la violencia se presenta en el entorno familiar y la ejercen sus parejas que aprovechan la fuerza física y las golpean con resultados que incluso pueden llegar a la muerte en el caso de femicidios. Esas son situaciones inaceptables que como sociedad debemos combatir con herramientas legales y culturales.

En ocasiones también las mujeres son víctimas de abuso por su situación de dependencia económica, que las fuerza a sufrir un trato indigno. Hay también aún una desproporcionada carga para las mujeres en labores del hogar, comparada con la que soportan los hombres. Si bien estos son fenómenos en declinación y la tendencia en los jóvenes es a mayor equilibrio entre hombres y mujeres, aún las diferencias son demasiado ostensibles para esperar que el cambio cultural civilizatorio se haga cargo de todas ellas.

El ámbito laboral es otro que puede ser una fuente de inequidad, al registrarse remuneraciones superiores para los hombres que para sus colegas mujeres con capacidad equivalente. Acá sin embargo la literatura económica establece distinciones, pues por un efecto de carga de maternidad, la carrera profesional de una mujer avanza más lentamente que la del hombre al interrumpirse con cada hijo; y en ese caso podría decirse que hay una diferencia que la mujer voluntariamente busca, la que por supuesto puede compensarse en el seno de una familia.

Estas situaciones justifican que exista una agenda para abordar las brechas. Algunas soluciones serán legales y otras llegarán con un cambio en la percepción social y cultural que puede apoyarse con políticas públicas. El diseño de estas políticas debe ser cuidadoso, pues muchas normas destinadas a favorecer a alguien terminan por perjudicarlo.

Esta agenda no puede mezclarse con reivindicaciones de otro tipo, que representan posturas ideológicas de algunos grupos, tanto en el ámbito económico social como en el valórico. ¿Por qué todas las mujeres tendrían que adherir a posturas anticapitalistas cuando ese sistema ha mejorado la condición de la mujer al permitirle acceder al trabajo y mejorar sus ingresos? Estudios de Fraser Institute de Canadá demuestran que en países de alta libertad económica la tasa de participación de la mujer es de 44,6% y llega sólo a 23,5% en países de baja libertad económica ¿Qué justificaría, por otra parte, que diferencias en materias valóricas se anulen en aras de una agenda que represente sólo algunas opiniones?

El mayor enemigo del progreso de la mujer es la posición maximalista de feministas radicales que quieren imponer una agenda ideológica. Como son minoría en nuestra sociedad no lo lograrán y sólo pondrán obstáculos al avance de una auténtica agenda para la mujer.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, publicada en La Tercera.-