26 de marzo de 2019

Columna de Carolina Grünwald en Diario Financiero: “¿Qué tanto estamos aportando para nuestras pensiones?”

Actualmente en nuestro país, existe una percepción generalizada de que se pagan bajas pensiones y esto ocurre en gran medida porque las personas no relacionan el monto de las jubilaciones que reciben con lo que ellas aportaron a lo largo de su vida laboral, sino que con los últimos salarios obtenidos.

Al respecto, y en medio de la discusión sobre la reforma al sistema de pensiones, vale la pena repasar uno de los elementos centrales en todo sistema de pensiones. ¿Cuánto se cotiza efectivamente? Porque una cosa es definir la tasa obligatoria de cotización, pero otra cosa es ver que efectivamente se cotice de manera regular en el tiempo (es decir, con alta densidad de cotizaciones) y que se participe formalmente en el sistema.

En Chile, la tasa de cotización obligatoria de 10% se ha mantenido inalterada desde 1981, aun cuando ha aumentado la longevidad: la sobrevida después de la jubilación hoy excede en nueve años a la que se tenía en 1981 en el caso de las mujeres y en siete en el caso de los hombres. De esta manera, nos encontramos con una situación donde actualmente se pretende financiar, cotizando por 35 años el 10% del sueldo, para vivir 30 años luego de jubilarse (esto, para el caso de una mujer que comienza a cotizar de manera ininterrumpida a los 25 años). Difícil. Más difícil aun si tomamos en cuenta que en Chile muchas personas no cotizan durante toda la vida laboral. Es más, en promedio, se cotiza por menos años de los que estarán pensionados.

En concreto, según información de la Superintendencia de Pensiones a enero de 2019 se tiene que un 53% de los pensionados a esa fecha cotizó menos de 15 años. Por otra parte, solo un 6% de los jubilados cotizó por más de 30 años. Esto es del todo insuficiente.

Más dramático aún: este universo de personas llamadas “cotizantes” representan (a diciembre del 2018) sólo 5.559.084 personas, de 8.490.000 ocupados. Es decir, un 65%, dejando fuera un importante número de personas que no cotiza formalmente en el sistema. De esta manera se tiene que tenemos una densidad de cotizaciones promedio sólo del 53%.

Por tanto, para generar mejores pensiones, además de subir la tasa obligatoria de cotización, debe velarse porque efectivamente, se cotice. En muchos países del mundo existe un número mínimo de años cotizados para poder acceder a una pensión (15 años para una pensión parcial o entre 30 y 40 años para una pensión completa). Incluso en Chile, en el sistema previsional antiguo, se requerían 20 años, para poder acceder a la jubilación. Quizás sería bueno proponer una cantidad base de aportes al sistema para poder considerarse “pensionado”, denominado de una manera diferente a aquello que reciban, al jubilarse, quienes aportaron menos de un “requisito mínimo”.

Columna de Carolina Grünwald, Economista Senior de Libertad y Desarrollo, publicada en Diario Financiero.-