7 de febrero de 2019

El caso Frei y la vergüenza

Sentí vergüenza cuando a raíz del caso Letelier nos enteramos que agentes del Estado del gobierno que yo apoyaba habían asesinado a un ex Canciller de Chile. La acusación acerca del asesinato de Eduardo Frei Montalva, que venía a sumarse a otras, resultaba entonces devastadora.

Sin embargo, al leer el fallo del Juez Madrid opino que, esta vez, las verguenzas debieran estar en otra parte.

Si bien debo reconocer que resultaba posible que Eduardo Frei hubiese sido asesinado por decisión del régimen, luego de dieciseis años de investigación no hay siquiera una prueba que ello haya sucedido.

Pese a ello el Juez Alejandro Madrid acusa a seis personas por el homicidio del ex Presidente, entre ellos el doctor Patricio Silva, ex Subsecretario de Salud del propio Frei. Dijo Madrid en su acusación original que Frei murió “por la deficiente y tardía atención médica proporcionada al momento de su reingreso a la Clínica Santa María” y por “la introducción paulatina de un producto farmacológico no autorizado denominado Transfer Factor (…) o negligencias que paulatinamente deterioraron su sistema inmunológico y facilitaron la aparición de bacterias oportunistas”. ¿Qué clase de acusación es esa? Se supone que una acusación de homicidio debiera tener un mínimo de precisióndado que está imputando a una persona nada menos que la comisión de un crimen.

Recién el 18 de diciembre pasado declaró por primera vez en el caso el doctor Juan Pablo Beca. Lo extraño es que el doctor Beca es un eminente médico, yerno del ex Presidente y estuvo presente en las dos intervenciones quirúrgicas que se practicaron a Eduardo Frei en la Clínica Santa María. En 16 años de investigación, jamás había sido citado a declarar.

¿Qué dijo el doctor Beca en su declaración? Lo que ha dicho siempre según informó El Mercurio: “tengo la absoluta convicción de que su muerte se debió a una complicación médica”. Consultado por el medicamento Transfer Factor que decidieron aplicarle para tratar la infección multirresistente que lo afectaba, Beca dice que “se envió a Chile porque mal no le iba a hacer y le podría servir” y luego agrega: “no sirvió para nada y no le produjo ningún daño; y pensar que se trajo con la intención de causarle algún daño no tiene ningún sentido”.

Pero el doctor Beca no es el único médico que descarta categóricamente la tesis del envenenamiento del ex Presidente. Lo hace también el doctor Patricio Rojas, quien fuera Ministro de Salud de Frei y luego Ministro de Defensa del Presidente Patricio Aylwin. Lo dice también el doctor Patricio Ventura Juncá, que hace referencia al peritaje efectuado en un laboratorio extranjero por el prestigioso científico español doctor Aurelio Luna de la Universidad de Murcia, que descarta la presencia de sustancias tóxicas en sus restos. Este peritaje fue solicitado porque varios médicos expertos opinaron que el antecedente que sirve de sustento a la acusación, que fue un peritaje el año 2008 de la doctora Borgel que concluía que el ex Presidente había sido envenenado con gas mostaza y talio, adolecía de falencias y errores mayores, de acuerdo a informes realizados en laboratorios de Canadá y Estados Unidos.

Recordemos que además están acusados dos médicos de la Universidad Católica por haber realizado una autopsia “no autorizada” y embalsamiento del cadáver del ex mandatario, y se objeta al actual Subsecretario de Salud, doctor Luis Castillo, porque hace años, cuando asumió un cargo directivo en el Hospital Clínico de la UC, “no informó” de la existencia de esta autopsia y sus resultados. Bueno, el doctor Beca declara respecto al embalsamiento: “estuve en conocimiento, como lo estuvo toda la familia”.

Así las cosas, el fallo del Juez Madrid es una vergüenza para la justicia chilena.

Quiero dejar fuera de este calificativo a la familia del ex Mandatario porque me parece evidente que no han tenido la distancia necesaria para apreciar lo que ocurrió. Pero del propio fallo del Juez, puede colegirse que está acusando a seis personas de participar en un homicidio sin tener ninguna prueba para hacerlo.

Así, dice el propio Juez Madrid: “Informes, algunos de ellos realizados por prestigiosos laboratorios extranjeros…concluyeron que aún respecto del talio la cantidad que se encontró era tan exigua que no producía el efecto de causar la muerte”.  Vale decir la base de toda la acusación, que era que el ex Presidente había sido envenenado queda descartada por el propio Madrid.

Luego señala: “la sospecha de haber existido una operación especial de inteligencia permanece vigente pero lamentablemente la investigación criminal no llego a acreditar la participación de otros” ¿ O sea por la existencia de una mera sospecha se puede condenar a alguien por homicidio? ¿Ese es el estándar de la justicia chilena?

Agrega Madrid: “Sobre el hecho de haber obrado los partícipes en el ilícito con premeditación conocida resulta del caso señalar no haberse comprobado la existencia de una conspiración para  producir la muerte del occiso”. O sea no hay conspiración. De hecho los abogados de los médicos acusados han señalado que sus clientes ni siquiera conocían al chofer del ex mandatario.

Sigue el fallo: “Tampoco resultó posible acreditar con certeza y los medios de prueba suficientes que la decisión final correspondiera a una autoridad superior”. De manera que quienes afirman que el supuesto crimen fue ordenado por las máximas autoridades simplemente no han leído el fallo. Lo mismo quienes manifiestan indignación por lo ocurrido ¿Indignación contra quién? La comodidad política que esta sentencia le provoca a la mayoría no puede pasar por sobre la honra y la libertad de seis personas inocentes.

Será una vergüenza si la justicia chilena, casi treinta años ya funcionando en democracia, es capaz de condenar a cuatro médicos y dos personas más por participar en un homicidio sin tener ninguna prueba para hacerlo. Será una vergüenza si la justicia permite que se establezca que aquí hubo un homicidio, sin homicidas, conspiradores sin conspiración, envenenamiento sin veneno. Vale decir se cayeron todas las hipótesis del homicidio y el Juez Madrid no tuvo el coraje de reconocerlo y dejar caer la acusación, para evaluar la de la negligencia médica que sería la única verosímil en una muerte no accidental del ex Presidente. Nuestro sistema penal, en particular el antiguo no permite condenar a alguien por un delito distinto al que se le acusó. El Juez Madrid pasa por encima de todo eso.

Por difíciles que hayan sido las circunstancias que hayamos vivido como país, debemos mantener la capacidad de seguir sintiendo vergüenza. Y es una vergüenza para todos los chilenos que se condene a seis compatriotas de esta manera. Como dijo un connotado penalista, no sabemos si refiriéndose en particular a este caso: “el derecho penal no es el guardián de la memoria histórica de los pueblos”.

Chile no puede sacrificar la honra y la libertad de seis chilenos: Silva, Valdivia, Rosenberg, González,Becerra y Lillo en la pira que se quiere erigir al ex Presidente Eduardo Frei Montalva, sin tener ni una prueba para hacerlo.

Conocidas las circunstancias del caso y habiendo estudiado en detalles el fallo me ha parecido una obligación revelar estos hechos, no sólo pensando en los inculpados, sino también en el ex Presidente Eduardo Frei Montalva, un hombre cabal que tiene toda mi consideración y que no se merece esto.

Columna de Luis Larraín,  Director Ejecutivo de Libertad y Desarrollo, en El Líbero.-