La lectura recomendada de Bernardo Larraín, Presidente de la Sofofa: «En búsqueda de la productividad perdida»

Por Bernardo Larraín, Presidente de la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa)[i]

El ex consejero del Banco Central, Sebastián Claro, en una columna reciente en El Mercurio “Moody´s y el crecimiento” decía que el llamado a diversificar la economía es atractivo, pero que se había transformado en un lugar común.  Lo mismo podemos decir a los llamados abstractos a aumentar el I&D o el emprendimiento. O los llamados a enfrentar un desafío tan relevante como es el tema nos convoca, la productividad.

Diversificación, innovación, emprendimiento y productividad efectivamente se han transformado en protagonistas de la retórica, de los deseos, de las soluciones mágicas, y mucho menos de las acciones sistemáticas. Son temas demasiados relevantes para dejarlo para los lugares comunes. Son demasiado pertinentes como para dejarlos a soluciones mágicas como si bastara tocar una tecla para activar su desarrollo.

Por eso considero tan oportuno, pertinente y valioso este libro.

En búsqueda de la productividad perdida parte con dos conclusiones de Hernán Cheyre que dicen relación con lo que acabo de decir: No hay balas de plata para resolver el problema de la productividad y segundo, que el desafío de mejorar la productividad es de un carácter esencialmente dinámico. 

Y es bueno partir por los datos y la evidencia, como hace el capítulo escrito por Joanna Davidovich. No voy a repetir los datos que muestran cómo la productividad pasó de ser un potenciador a un lastre para el crecimiento de nuestra economía. Sí haré algunas menciones a los datos por sector y por tamaño de empresa.  Porque es importante focalizar la acción, y preguntarse, ¿dónde está el mayor potencial de mayor productividad gestionable?

Es efectivo que minería, electricidad, gas y agua son sectores donde la baja en productividad ha sido especialmente pronunciada. Sin embargo, parece ser que para los dos primeros sectores, al menos, las razones son exógenas: para la minería, baja ley minera y menor disponibilidad de agua. Para la generación eléctrica, más de 10 años de sequía y el cambio abrupto de gas a diésel durante varios años.

Por tamaño de empresas, aquellas con mayores brechas de productividad se concentran en las pequeñas y medianas empresas. Es más, se cita un estudio que indica que la productividad de las empresas grandes es equivalente a las del mismo tamaño en EE.UU. La principal brecha se observa en las empresas medianas. Dice Davidovich que “la diferencia de menos de 10% entre las empresas más grandes en los dos países se convierte en un déficit de 75% de productividad laboral para el segundo grupo de empresas más relevante en Chile”.

Relación del objetivo de rentabilidad con el objetivo de productividad.  En relación al capítulo 1 de Greve y Ulloa, se insinúa una contradicción entre el objetivo de rentabilidad y el objetivo de productividad. Como si el primero en su esencia fuera de corto plazo, y el segundo fuera naturalmente de largo plazo. Me parece por el contrario que un objetivo de rentabilidad de largo plazo es totalmente coherente con un objetivo de productividad.  Me parece que la dimensión económica de largo plazo, es por contrario una buena guía para decisiones que pretendan subir la productividad.

Sobre los determinantes inmediatos de la productividad, la gran mayoría de ellas, tienden a aumentar según el tamaño o escala de la empresa: acumulación de capital humano, físico, escala, alcance, especialización, volumen de participación dentro de la industria. 

Vinculo esto, con lo que concluye correctamente el capítulo escrito por Jorge Fantuzzi en cuanto a existir un vínculo positivo entre competencia y productividad a través de dos mecanismos: (i) un proceso de selección Darwiniana entre productores con diferentes productividades y (ii) mayores incentivos para tomar decisiones costosas para elevar productividad.

Creo que en beneficio de dar un salto en productividad, sobre todo en mercados chicos como el chileno, debemos migrar hacia una definición de intensidad competitiva que se aleja del número de actores o de los índices de concentración, y se acerca más bien a indicadores de competencia asociados, como concluye Jorge Fantuzzi, a apertura comercial, leyes e institucionalidad de libre competencia y políticas regulatorias activas para reducir o eliminar cuellos de botella y barreras de entrada.

 

PROCESO DE FORMULACIÓN Y EVALUACIÓN DE POLITICAS PÚBLICAS

Hemos hablado de políticas públicas asociadas a facilitar los determinantes de la productividad. Tanto los inmediatos, a los que me referí anteriormente, como los determinantes fundamentales asociados al entorno regulatorio e institucionalidad del estado de Chile.

Y creo que una buena demostración del bajo estándar de nuestro proceso de formulación regulatoria, es precisamente el re-conto que hace Joanna Davidovich de los proyectos de ley de productividad que se han intentado, y los escasos resultados que se han obtenido. Una buena demostración de la escasa prioridad que tienen estas iniciativas, es lo que contaba el ministro Valente en una reunión donde invitó a un grupo de dirigentes gremiales para contarnos los contenidos del proyecto de ley de productividad. Nos decía que las dos últimas iniciativas legislativas en esta materia, habían sido ingresadas los últimos días del gobierno del presidente Piñera y los últimos días del gobierno de la presidenta Bachelet.  Y que este gobierno estaba innovando al ingresar un proyecto de ley de productividad en los primeros meses de este gobierno. 

Creo que en esta materia es fundamental introducir al Estado la cultura de evaluación ex ante de impacto regulatorio, en particular de impacto en productividad, etc.

 

CÓMO ANDAMOS POR CASA: EL DESAFÍO A NIVEL EMPRESARIAL

Me referiré a tres dimensiones relevantes para la productividad, asociadas al mundo empresarial Chilena:

  • Sus sistema de gestión y gobiernos corporativos a los que se refiere Sergio Guzmán
  • Su relación con la innovación
  • Su relación con el emprendimiento

En cuanto al talento empresarial y gobiernos corporativos, comparto con Sergio que es el directorio y la dirección superior los que entonan la cultura empresarial.  Y creo que los directorios de empresas chilenas tenemos brechas en dimensiones que son relevantes para activar procesos de innovación y emprendimiento corporativo.  Uno, las señales que da un directorio son más pro saber, que pro aprender ¿Se incentiva la prueba y el error?¿Se incentiva la opcionalidad a la hora de evaluar proyectos? ¿Se focaliza en el comportamiento pasado o en anticipar los desafíos y tendencias futuras? ¿Se focaliza en la resolución de problemas o bien en prevenir los que vienen? Son todas preguntas muy pertinentes de Sergio.

Relacionado con las brechas anteriores, está la capacidad (o incapacidad) de la empresa chilena para innovar. No hay duda que tenemos una brecha de I&D a nivel país, pero sobre todo a nivel de empresas. Sin embargo, para que esto no se transforme en un lugar común del cual se habla pero se hace poco, creo que es importante poner las cosas en perspectiva.

Chile y su sector empresarial están en una etapa de desarrollo tal, que sigue siendo competitivo y productivo en industrias como son la minería, agroindustria, forestal, salmonicultura, transporte, servicios,etc, cuyos productos y servicios están plenamente vigentes en la economía del siglo XXI. Y en ellas siguen teniendo oportunidades de generación de valor. Como observa este libro, las grandes empresas chilenas, que son precisamente protagonistas en los sectores referidos, son productivas y competitivias en estas industrias ¿Cómo se compatibiliza esto con que sean poco innovadoras? ¿La innovación y la diversificación hacia otras industrias debe venir de estas empresas? O bien es mejor que se sigan especializando en sus respectivas industrias? Quiero que ARAUCO, por ejemplo, se transforme en una empresa proveedora de servicios tecnológicos o bien que siga siendo competitivo y productivo en la producción los más de 4000 productos que surgen de una semilla de pino o eucaliptus en distintos países de la región ?

La pregunta que hay que hacerse es más bien por qué no están llegando masivamente nuevos actores a desarrollar nuevas industrias a Chile.  Por qué Fernando Fischmann o Cornershop son más una excepción que una normalidad.

Para incentivar la innovación y el emprendimiento, que también se aborda muy bien en este libro, se requieren profundizar este ecosistema que tenemos, para escalarlo a una industria del emprendimiento y la innovación. ¿Y cuando se transforma en una industria? Cuando, creo, se desarrolle un mercado dinámico de capital de riesgo, y cuando empecemos a observar transacciones que permitan escalar los emprendimientos. Así como el gran foco debiera ser la PYME que crece, en esta materia, el foco debe ser evolucionar desde un ecosistema que hemos desarrollado con redes de inversionistas ángeles, incubadoras, aceleradoras, y plataformas de innovación abiertas, hacia emprendimientos que escalan, a través de un mercado desarrollado de capital de riesgo, que empieza a producir transacciones y salidas.

Estos desafíos tienen más que ver con políticas públicas transversales que facilitan el tránsito de una PYME y de un emprendimiento,  a una gran empresa, que con política industriales verticales.

Y desde el punto vista del sector privado, implica una evolución hacia una cultura más prospectiva, más anticipadora, más diversa, que además genere espacios de contacto entre 3 actores que hoy están bastante aislados: las empresas, las universidades y los emprendedores e innovadores.


[i] El texto corresponde a un resumen de la presentación que Bernardo Larraín hizo del libro durante su lanzamiento el 23 de agosto en LyD.

 

En búsqueda de la productividad perdida

Varios autores

2018

Ediciones LyD

144 páginas

*En venta en las principales librerías, Amazon y en www.lyd.org