PSU 2019: Desafíos pendientes para el sector técnico profesional

 

Esta semana se publicaron los resultados de la PSU 2019 y, como cada año, han surgido con ello una serie de cuestionamientos al principal mecanismo de selección para la educación superior. Lo cierto es que hace ya más de 5 años se publicaron los resultados de una auditoría realizada por la consultora Pearson, que hizo una serie de recomendaciones para la mejora de esta prueba. Si bien luego de eso se han llevado a cabo algunas medidas que buscaron atender a este informe, la pregunta es si estos cambios han sido suficientes y qué otras mejoras se deben seguir introduciendo en el proceso de selección a la educación superior.

En su informe, la consultora Pearson identificó varias áreas en las que la PSU debía afinarse. En cuanto a la elaboración de las pruebas, se recomendó mejorar el proceso de revisión y análisis de las preguntas, así como también el pilotaje de éstas. Adicionalmente, se planteó la necesidad de corregir ciertos aspectos de la puntuación de las pruebas, con la finalidad de reducir los márgenes de error de los resultados y de mejorar la comparabilidad de los puntajes entre períodos diferentes. De igual forma, se identificó la falta de alineamiento de las pruebas con el currículo de la enseñanza media, especialmente con la modalidad técnico profesional, y se constató además que al ser una prueba que mide el manejo de contenidos y no aptitudes -como la antigua PAA-, ello actúa en perjuicio de quienes provienen de establecimientos de menor nivel socioeconómico.

"A partir de las recomendaciones del informe, el Demre -organismo a cargo de la prueba- ha ido realizando una serie de modificaciones que buscaban subsanar algunos de los problemas detectados, no obstante, éstas parecen haber sido insuficientes", señala María Paz Arzola, Coordinadora del Programa Social de Libertad y Desarrollo. Así, por ejemplo, si bien el Demre incorporó la recomendación de eliminar el descuento por preguntas erróneas, lo cierto es que aún persiste el desafío de mejorar la precisión del instrumento a la hora de discriminar entre puntajes similares para carreras altamente selectivas. En esa línea, el poder de la prueba para predecir el desempeño del alumno en la universidad también es una materia pendiente. "Por otro lado, se ha avanzado en la incorporación de mayor análisis para la construcción de las preguntas, no obstante, aún no se ha resuelto el sesgo anti educación técnico profesional, que persiste hasta el día de hoy", dice Arzola. Ello es altamente preocupante e injusto, especialmente si consideramos que un 38% de los alumnos que cursaron 4° medio en 2018, lo hicieron bajo esta modalidad (ver Gráfico N° 1).

"Hasta que dicho problema no se resuelva, no debiera extrañar que el acceso de alumnos egresados de la enseñanza media técnico profesional se encuentren ampliamente subrepresentado en las universidades del Consejo de Rectores (CRUCh) y en las demás cuyo acceso se realiza mediante la PSU", explica Arzola. Tal como muestra el Gráfico N° 2, mientras un 45,8% de los egresados de educación media científico humanista que ingresaron en 2018 a la educación superior, lo hicieron a una universidad del CRUCh, y otro 15,8% a alguna de las universidades que no pertenecen al CRUCh pero que participan del sistema de admisión vía PSU, en el caso de los egresados de la modalidad técnico profesional, estos porcentajes fueron de apenas 21,5% y 5,2%, respectivamente. "Si bien es posible que una mayor proporción de quienes egresan de la enseñanza media técnico profesional opten por seguir en esta misma modalidad luego en la educación superior, lo importante es que ello responda a una elección y no a que el instrumento de admisión les impida decidir con libertad, asegura Arzola". En este sentido, la ley de educación superior promulgada a comienzos de este año establece la creación de un nuevo sistema de admisión para la educación superior, e incluye explícitamente el deber de reconocer las particularidades de la educación técnico profesional, por lo que es esperable que al fin se comience a avanzar en este sentido.

Por último, en cuanto a los sesgos socioeconómicos que se ha identificado posee la PSU, cabe señalar que la pretensión de eliminar completamente dichas brechas es poco realista, pues éstas existen independientemente del instrumento que se utilice. Así, lo que debiera esperarse es que las pruebas de selección no amplíen dichas brechas, pero de todas formas no será posible eliminarlas completamente en tanto no se resuelvan efectivamente. "En ese sentido, además de mejorar los instrumentos de selección, lo más sensato es tener una mirada de largo plazo y enfocar los mayores esfuerzos en las etapas en que se originan estas brechas, es decir, en los niveles educativos previos, incluida la educación temprana, algo de lo que nuestro país lamentablemente se ha alejado en los últimos años", sentencia María Paz Arzola.