A propósito de la PSU: 83 mil jóvenes no se matriculan en la educación superior

Ayer finalizó la Prueba de Selección Universitaria (PSU), que según reportó la prensa, en esta ocasión contó con 294 mil inscritos. Así, si bien por estos días los ojos han estado puestos en quienes buscarán ingresar en 2019 a alguna de las 41 universidades que participan del Sistema Único de Admisión, consideramos que ésta es también una buena oportunidad para recordar a quienes cada año se quedan fuera de la educación superior. "Ello, pues el visualizar el panorama completo nos ayuda a pensar la política pública de forma más integral y a evitar lo que ha venido ocurriendo en los últimos años, en que se ha puesto un excesivo énfasis en quienes asisten a educación superior, que paradojalmente son los que tienen las mejores perspectivas futuras", explica la Coordinadora del Programa Social de LyD, María Paz Arzola.

Con esa finalidad, a continuación analizamos la cohorte de estudiantes que en 2017 cursaron 4° medio, que de acuerdo a los datos provistos por el Ministerio de Educación (MINEDUC) alcanzaron casi 190 mil. De estos, si bien más de la mitad (56%) se matriculó en alguna institución de educación superior al año siguiente, hubo más de 83 mil que no lo hicieron.

Adicionalmente, al ahondar en estos datos promedio y analizar la información más en detalle, se encuentra que el porcentaje de quienes no prosiguieron con educación terciaria es mayor entre los sectores de más bajos ingresos de la población. Tal como se muestra en el Gráfico N° 1, mientras sólo un 36% de los estudiantes de 4° medio pertenecientes al 20% de mayores ingresos (quintil 5) no se matriculó en educación superior en 2018, entre los jóvenes del 40% más pobre (quintiles 1 y 2), esta proporción alcanzó al 50%. Más aún, si se considera sólo a los beneficiarios del programa Chile Solidario -dirigido a las familias en situación de extrema pobreza-, encontramos que el porcentaje de quienes no continuaron con estudios terciarios en 2018 fue del 54%, es decir, más de la mitad.

 

Estos datos dan cuenta de que, si bien el acceso a educación superior en las generaciones más jóvenes es altísimo -al nivel de países desarrollados-, aún existen brechas que resolver. Éstas, sin embargo, tienen un origen mucho más complejo que el mero financiamiento de los aranceles, pues de hecho en 2018 ya estaba vigente la gratuidad de la educación superior para los alumnos pertenecientes al 60% de menores ingresos del país en un número importante de instituciones. En ese contexto, según la encuesta CASEN 2017, la principal razón por la cual los jóvenes de 18 y 19 que ya finalizaron su enseñanza media y que pertenecían a los 5 primeros deciles, señalaron no asistir a educación superior fue que “ya terminaron de estudiar” (42,5%). En cambio, sólo un 6,1% declaró tener restricciones económicas, mientras que 16,3% se justificó en el trabajo o la búsqueda de trabajo.

 

De esta forma, mientras el gasto público dirigido a financiar ayudas estudiantiles para la educación superior sigue subiendo año a año -y la ley de presupuestos para 2019 no será la excepción-, se siguen invisibilizando las problemáticas que enfrentan quienes hoy no están llegando a este nivel educativo. "Es posible que el creciente esfuerzo fiscal esté favoreciendo principalmente a quienes de todas formas iban a llegar a la universidad, y no a quienes se están viendo restringidos de ingresar a ella por causas mucho más profundas que la necesidad económica de corto plazo, para la cual existe una amplia oferta de ayudas estudiantiles desde el Estado", sentencia Arzola.

De esta forma, si bien durante estos días en que se rinde la PSU pareciera que hablamos de la gran mayoría de los jóvenes, es bueno dimensionar que todavía existe un grupo importante que no asiste a educación superior, y que el aumento del gasto público en este nivel educativo, incluso el que va dirigido a financiar el acceso gratuito, no se hace cargo de sus necesidades y carencias, que tienen un origen ya sea en situaciones personales o familiares, como en la insuficiente educación a nivel escolar o incluso parvulario. Aunque éstos suelen ser ignorados por los grupos de interés que sólo claman por el aumento de los recursos públicos para su propia educación superior, vemos aquí que representan a casi la mitad de quienes egresan de 4° medio en un año, ello sin sumar a quienes se encuentran fuera del sistema escolar, de quienes no contamos con registros.