La lectura recomendada de Pablo Ihnen: “Free Market Fairness”

Por Pablo Ihnen, Miembro del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo.

Free Market Fairness es un libro de divulgación de filosofía política accesible, provocativo y, en ocasiones, denso. Su título es un sugerente anticipo del desafío que se plantea el autor, John Tomasi: free market es un término que usualmente evoca ideales libertarios o del liberalismo clásico. Por su parte, la palabra fairness (o “equidad”) normalmente se asocia al pensamiento liberal de izquierda o socialdemócrata. ¿Pueden estas visiones conciliarse? Recurriendo simultáneamente a planteamientos morales de pensadores como Hayek y Rawls, el autor sostiene que sí es posible, planteando a su vez el bosquejo de una opción que denomina “democracia de mercado”.

Su bibliografía es una útil fuente de referencias para quienes gustan de lecturas sobre este tema. Además, está tan bien escrito como documentado.

A partir de la afirmación de que por demasiado tiempo el pensamiento liberal se encuentra en estado de hibernación profunda en dos posiciones separadas e irreductibles, Tomasi propone una salida que denomina “democracia de mercado”.

La tradición liberal clásica y de los libertarios propicia la libertad económica; son tradiciones adversas al concepto de justicia redistributiva. Ellos estarían en una posición. En la otra estarían los socialdemócratas o liberales de izquierda, que en defensa de sus ideales de justicia social buscarían limitar las libertades económicas.

La propuesta que ofrece John Tomasi, según sus propias palabras, sería un híbrido. Si bien adhiere globalmente a la estructura institucional del liberalismo clásico, combina elementos de ambas corrientes liberales a nivel de los fundamentos morales.

En este último plano, Tomasi rompe con la tradición liberal clásica al concebir la sociedad como algo eminentemente público y esencialmente deliberativo respecto a los asuntos de la vida política. Adopta el principio de justicia “de diferencia” de John Rawls como fundamento moral; declara que adhiere a una concepción robusta de justicia social como instancia última de evaluación institucional. Tal principio establecería que un conjunto de arreglos institucionales sería justo solo si luego de haber garantizado las libertades y derechos básicos, cualquier desigualdad que pudiese emerger resulte ventajosa para los más pobres. Como veremos más adelante, la interpretación de tal principio por parte de Tomasi es distinta a la de Rawls y la tradición social demócrata.

Pero, por otra parte –y también en un plano moral–, defiende entusiasta y extensamente una concepción sustantiva de las libertades económicas; recrimina a Rawls y sus seguidores por minimizar la relevancia de las libertades económicas y no considerarlas como parte de los derechos básicos y libertades a proteger con rango constitucional. Más aún, indica que Rawls pareciera ser incapaz de imaginar cómo la autoestima y el respeto propio están vinculados al ejercicio de la libertad. Critica las consecuencias que crearía una sociedad que promueve el asistencialismo y dependencia sobre el respeto propio de las personas. En relación a esto, Tomasi cita también a Margaret Holmgren, quien afirma que las personas tienen un interés fundamental no solo en ser exitosas materialmente, sino más bien en ser exitosos como consecuencia de sus actos. Sostiene, en definitiva, que amplias libertades económicas deben ser incluidas en la Constitución al mismo nivel de importancia que aquellos artículos asociados a las libertades políticas y civiles.

Al enfatizar la importancia de las libertades económicas, el autor no niega las razones –a su juicio más instrumentales– que los liberales clásicos ofrecerían. Su principal argumento sería de carácter moral: una concepción amplia de las libertades económicas básicas sería requisito indispensable para garantizar el debido ejercicio de los poderes morales por parte de los ciudadanos. De lo contrario no habría legitimidad democrática.

Como ya fuera sugerido antes, la “democracia de mercado” interpretaría el principio de diferencia que postula Rawls de forma distinta a la tradición socialdemócrata o de la izquierda liberal. Estas corrientes privilegiarían actuar por vías directas; por ejemplo, por una agresiva estructura de impuestos progresivos, por la implementación de programas públicos o por una combinación de ambas vías. En contraste, la “democracia de mercado” que propone Tomasi utilizaría una estrategia indirecta; procuraría maximizar la posición de los más vulnerables, creando las condiciones para un crecimiento robusto de la sociedad comercial.

Tomasi le asigna, en consecuencia, gran importancia al crecimiento económico. Plantea que el explosivo incremento de la riqueza y la emergencia de la clase media que ha caracterizado los siglos 19 y 20, lejos de validar las expectativas de los socialdemócratas y liberales de izquierda, habría valorizado las libertades económicas aún más. Critica severamente a Rawls, Mill y Keynes, quienes percibirían el valor de la actividad económica privada de forma meramente instrumental, restándole importancia al proceso de crecimiento económico.

La propuesta, sin embargo, también se reserva en materia económica un significativo espacio de ambigüedad. Por ejemplo, junto con señalar su rechazo a una visión del tipo de rebalse –así como a que las distribuciones que genera el mercado definan la justicia social–, afirma que la “democracia de mercado” consideraría una aproximación democrática a las cuestiones económicas. También declara su preferencia por buscar soluciones pro mercado, pero a la vez sostiene la necesidad de mantener una extensa supervigilancia regulatoria.

Tomasi recurre a la idea kantiana de que el Estado existiría como un requerimiento de la naturaleza, libre e independiente de todos los miembros de la sociedad. Ante la eventualidad de que algunos de sus miembros cayeran en condiciones de pobreza –y para evitar que dependiesen de la caridad de otros y perder así tanto sus poderes morales como ciudadanos–, justifica la existencia de una red social financiada con impuestos.

No obstante, declara que en su propuesta el ingreso de las personas y sus familias sería determinado principalmente de forma competitiva por la vía del sistema de precios.

A fin de procurar una mayor igualdad de oportunidades consideraría el financiamiento vía impuestos de aportes, por ejemplo, a la educación, pero también aclara tener preferencia por sistemas de vouchers (subsidios a la demanda) y otras formas de coparticipación público-privada, en contraposición a la provisión de servicios uniformes administrados por el Estado.

En cuanto al contrapunto entre Rawls y Hayek, el autor presenta abundantes citas y referencias de ambos autores en torno a sus respectivas visiones respecto de la idea de justicia social. Hace un gran esfuerzo por identificar una cierta convergencia al nivel de filosofía política entre ambos autores presumiblemente –y aquí especulo– con el propósito de validar, al menos a ese nivel, el uso del principio de diferencia como criterio validador de justicia en su propuesta. De cualquier forma, en mi opinión, se desprende de la misma lectura que la famosa crítica de Hayek a la idea de la justicia social mantiene total vigencia.

Tomasi, a fin de validar que su propuesta cumple con los mismos criterios de evaluación institucional que exige la tradición social demócrata, la somete a su escrutinio y a un análisis comparativo bajo su interpretación del principio de diferencia.

Reproduzco una traducción que procura ser literal de su nota final al respecto:

"Maximizando la riqueza de los pobres y ampliando la amplitud de las libertades y derechos básicos ejercidos por todos los ciudadanos, la equidad de mercado procura una concepción única de los requerimientos morales de una comunidad democrática. En tal sentido, regímenes promercado del tipo “democracia de mercado” no solo están dentro de los regímenes tipo que los filósofos debieran reconocer como justos. En lugar de eso, tales regímenes son los más justos de todos. Evaluada por la calidad de sus intenciones morales, la “democracia de mercado” es la más evolucionada forma de liberalismo".

En suma, el libro me pareció interesante, entretenido y bien documentado, pero quizá a veces algo denso. Es recomendable para quienes tengan interés en estos temas. No obstante, se sugiere leerlo con tiempo y atención.

Conviene considerar que Tomasi, al tomar como referencia moral a Rawls, parte de la concepción de la sociedad como algo eminentemente público. De partida, su propuesta pone el peso de la prueba en favor del mundo político deliberativo en desmedro de la libertad. Si bien se declara a favor de ampliar los espacios de libertad económica, lo hace respecto al modelo que propicia Rawls, que es severamente restrictivo. Recordemos que en tal modelo las libertades económicas básicas deben individualizarse y especificarse. Notablemente, estas libertades solo corresponden a la tenencia de activos no productivos (vivienda) y a la libertad de elección de la ocupación.

Declara su propuesta como un programa de investigación y al hacerlo reconoce que admitiría variantes y matices que, dado el punto de partida, no necesariamente garantizan la libertad que proclama.

En lo personal, me faltó un tratamiento más profundo de otros planteamientos, como, por ejemplo, el que formula Robert Nozick en su libro Anarquía, Estado y utopía. Si bien sus ideas se citan ocasionalmente, queda una sensación de déficit, particularmente, porque su punto de partida sería precisamente el inverso; en este caso, el peso de prueba estaría en favor de la libertad.

Viendo el vaso medio lleno, me parece que la argumentación respecto del valor moral de las libertades económicas merece atención, pues parte de ella es consistente con la tradición liberal clásica. Si fuera considerada seriamente por parte del liberalismo de izquierda, podría contribuir positivamente al acercamiento de posiciones en pro de la libertad, tanto a nivel de discusión pública como de políticas públicas.

 

Título: Free Market Fairness

Autor: John Tomasi

Editorial: Princeton University Press

Año de edición: 2013

Páginas: 349