7 de julio de 2018

Columna de Luis Larraín en La Tercera: “¿Qué amenaza a Piñera?”

El gobierno de Sebastián Piñera resolvió bien la instalación; quejas más o quejas menos, tiene un apoyo que se acerca al 60% y ha logrado, hasta ahora, una buena sintonía con lo que quiere la mayoría de la ciudadanía. Su programa y la esencia de su accionar demuestran que la centroderecha ha leído mejor que la izquierda a los chilenos. Particularmente acertada ha sido su gestión en materia de migraciones, acogiendo inmigrantes pero de manera ordenada y sustentable, y su esfuerzo por cambiar las cosas en materia de seguridad pública. Si bien es cierto no hay evidencia de una mejoría en el combate a la delincuencia, la gente percibe y aprecia una nueva actitud que exige coordinación y efectividad a las policías, Fiscales y al Poder Judicial. Estas dos materias explican una buena parte del apoyo popular, al que colaboran también una proverbial oportunidad para resolver con rapidez y oportunidad temáticas impensadas, como la ola feminista, y la siempre difícil unidad de sus partidarios, entre los cuales se han resuelto mejor diferencias, como las del ámbito valórico, que son inevitables en una coalición que pretende ser mayoritaria.

Así las cosas y con una oposición que no logra aún perfilarse, en buena medida porque no tiene claridad alguna acerca de qué ofrecer a los chilenos, ¿cuáles son las amenazas que enfrenta Piñera?

Los chilenos votaron mayoritariamente por Sebastián Piñera porque prometió que en este gobierno y el siguiente Chile lograría una segunda transición: la transición al desarrollo.

En materia social, con los énfasis en la infancia y los adultos mayores, con la promesa de atender a las contingencias de la clase media y con el poderío que puede entregar un nuevo concepto de colaboración público privada, las cosas aparecen bien aspectadas. Pero claro, todo ello debe sustentarse en un incremento sustancial del crecimiento económico alentado por un nuevo dinamismo de la inversión.

Las cifras que hemos visto hasta ahora y que auguran un año 2018 con crecimiento del PIB de 4% y han arrojado valores para el IMACEC mayores a los esperados podrían hacer creer a algunos que la meta en materia económica se alcanzará de todos modos.

Pero ello no es así. El año pasado ofrece tan bajas bases de comparación que el desafío está puesto por lo que ocurrirá del año 2019 en adelante. Y a ese respecto, a decir verdad, el actual gobierno no ha emprendido cambios que permitan pensar en condiciones estructurales para un mayor crecimiento económico. En su programa contemplaba una reforma tributaria que bajara la tasa de impuestos corporativos (la que más incide en el crecimiento) a niveles promedio de la OCDE. Ello es indispensable para aumentar la inversión. Sin embargo nos hemos enterado que la modernización tributaria que enviará el gobierno al Congreso no incluye dicha rebaja. En países con economía abierta y libre movilidad de capitales, como el nuestro, la competitividad tributaria es fundamental. El índice de Competitividad Tributaria de la Tax Foundation nos muestra en el lugar 32 de 35 países en 2017. Somos el único país de la OCDE que ha aumentado los impuestos corporativos desde el año 2000. La discusión en la prensa sobre la modernización tributaria discurre acerca de cuáles impuestos vamos a subir para compensar la baja de recaudación que implicaría volver a integrar nuestro sistema de impuestos. Así no vamos a ninguna parte.

La situación se agrava porque la inercia de malas leyes del gobierno anterior empieza recién a actuar. La reforma laboral agrava la brecha salarial entre informales y sindicalizados y aumenta el costo de la huelga. Planes regionales de ordenamiento territorial serán una nueva traba a la inversión. Decisiones judiciales y administrativas en materia de telecomunicaciones abren nuevos focos de incertidumbre a la inversión. Las iniciativas del Ministerio de Economía para incentivar la inversión están recién en etapa de estudio, discusión parlamentaria o incipiente puesta en marcha.

La mayor amenaza a este gobierno es un insuficiente crecimiento económico que frustre las expectativas de los chilenos de acceder a mayor bienestar. No vemos en el gobierno cabal conciencia de ello ni iniciativas para evitarlo.

Columna de Luis Larraín, Director Ejecutivo de LyD, publicada en La Tercera.-