Entrevista a Lucía Santa Cruz en El Mercurio Valparaíso: «Nos polarizamos mucho con el gobierno anterior»

La primera edición se agotó a fin del año pasado, apenas un mes después de haberla lanzado.

"Ha sido una maravilla para mí. He recibido muchos comentarios lo que me ha hecho pensar que valió la pena por ser un punto de vista distinto. Traté de ser intelectualmente honesta y no de escribir un panfleto", dice la historiadora y Consejera de Libertad y Desarrollo, Lucía Santa Cruz, acerca de su último libro "La igualdad liberal" que presentó por primera vez en noviembre y que hoy será lanzado en Valparaíso, ya con una segunda edición que ingresó a imprenta en enero.

Fueron a los menos 12 años de maduración de una investigación que ella resume como un ensayo en el que recopila todos los argumentos incluso aquellos que contradicen los suyos propios.

El texto final acotado a 234 páginas tardó año y medio en quedar listo. "Me demoré en parte por un defecto mío. Siempre quiero saber más... estudiar, leer y escribir más. Entonces lo que hay es una síntesis de un problema complejo, pero había un compromiso de seguir adelante con lo que ya había comenzado, y me costó", confiesa la académica y una de las intelectuales más influyentes del país.

LIBERALISMO CLÁSICO

-¿Cómo acuñó ese título entendiendo hoy que el término "liberal" está siendo usado por diversas corrientes incluso opuestas?

-La palabra liberal la uso en el sentido del liberalismo clásico, de ese fenómeno que sucede en los siglos XVII y XVIII que se caracteriza por el surgimiento de un individuo más autónomo, por la idea de que los gobiernos deben ser elegidos por los gobernados, que la economía debe ser libre. Son cambios que yo llamo la verdadera revolución de la igualdad y que llevan a esta profunda transformación que es el establecimiento, por primera vez en la historia del hombre, de la idea de la igualdad ante la ley y de la igualdad en dignidad. Todas las personas, al margen de donde hayan nacido y de sus condiciones materiales, tienen derecho a ser tratadas por la comunidad, el Estado y los gobiernos en forma exactamente igual.

-¿Cuál es el hito en ese proceso para que la igualdad sea liberal? -junto con eso se produce la revolución más importante -que describo en el libro- que tiene que ver con la posibilidad por primera vez en la historia de la humanidad de que el producto, la riqueza que existe en el planeta aumente en cantidad.

Hasta antes de esta gran transformación liberal, la riqueza se mantiene absolutamente estable, con pequeñas alzas y luego retoma a la baja. Lo mismo sucede con la población, pero cuando se establece un sistema de economía de mercado, mayor democracia política, igualdad ante la ley y derechos individuales, la riqueza empieza a crecer enormemente, lo que permite mejorar las condiciones materiales de la población como no se había visto nunca.

-¿Cambia entonces la naturaleza de la riqueza?

-Sí claro, porque antes de esta gran revolución liberal la riqueza era estática, era un juego de suma cero. Después no es lo que ya está dado sino lo que el hombre es capaz de crear a través del uso de la libertad. Este es el sistema que garantiza la libertad individual de la personas.

-Desde esa perspectiva ¿la palabra liberal se desvirtuó en su sentido clásico?

-Por supuesto...Es un concepto muy bonito como para no tratar de rescatarlo. La Era Moderna, al revés de lo que muchos nostálgicos piensan, es maravillosa. Nunca tanta gente ha tenido tantas posibilidades, libertad, bienestar material, ha vivido por tantos años, ha tenido tanta salud.

-Hoy se tiende a confundir ser liberal con ser progresista. ¿Qué diferencia hace usted?

-Yo me rehúso a usar el término progresista porque muchas veces quienes se definen progresistas están contra todos los progresos. Como concepto, ser progresista no me dice nada. Sí hay una lista enorme de personas que se definen liberales. En Estados Unidos, ser liberal es ser más bien de izquierda. Después hay corrientes a las que sólo les importa la autonomía moral, pero no les importa que el Estado sea gigantesco e imponga a rajatabla. Es un término bien confuso.

DEUDA PENDIENTE

-¿Será por eso que seguimos teniendo los mismos dilemas que tienen que ver con las desigualdades?

-Por supuesto que hay problemas porque la naturaleza humana lleva congénita los conflictos. Justamente es interesante ver, cuando se produjo este cambio, qué tipo de sociedad es la que queríamos tener, una que respete la libertad en todos los ámbitos, económico, de expresión... libertades que a veces están amenazadas.

-Siempre se hace referencia al ingreso desde el punto de vista económico para abordar la desigualdad. ¿No hay ahí una deuda de los sociólogos y más directo en su caso, de los historiadores?

-Uno de los problemas que ha impedido que comprendamos los cambios que se han producido en los últimos años en la sociedad chilena, por ejemplo, tienen que ver con que la mayoría de los estudios se han enfocado a analizar la desigualdad sólo mirando cómo los ingresos están distribuidos, vale decir con esta fórmula -curva de GINI-, índice que no refleja las dinámicas que existen dentro de una sociedad. La distribución del ingreso en Chile desde que tenemos datos para inferirla, años 60 en adelante, ha sido prácticamente la misma y eso refleja esa posible deuda de la que habla. A los economistas les gusta lo que pueden medir en forma exacta, pero hay otros parámetros.

-¿Por ejemplo...?

-De partida, en los últimos años por primera vez pareciera que la desigualdad de ingresos está disminuyendo en forma significativa entre las generaciones jóvenes porque tienen mayor escolaridad. Otra manera de verlo es que hace 30 o 40 años había bienes exclusivos para los más ricos. Hoy hay acceso al automóvil, a los viajes, al ocio. Otras cifras relevantes tienen que ver con las expectativas de vida. La brecha en este sentido, tiende a beneficiar a los más pobres.

-¿Qué prima en este proceso que hace que estos cambios sean realmente transformadores?

-La sociedad, por sobre todo, empieza a ser organizada de acuerdo no a los criterios tradicionales del origen del apellido, sino en tomo al mérito porque el mercado necesita a los mejores y la concurrencia de talentos donde sea que estén. Una empresa que quiere competir globalmente hoy no se puede dar el lujo de contratar a alguien por llamarse de una manera determinada; eso hace que las formas de reclutamiento hayan cambiado. Fuera de eso el crecimiento económico y la prosperidad van reversando la pirámide. Antes había pocos trabajos de elite, pero con la modernización cambia la forma de producción y se empiezan a necesitar no solamente unos pocos ejecutivos sino una gama amplia de personas calificadas. Así se abren nuevas oportunidades.

-Es lo que en su libro aborda como movilidad social...

-Si uno premia al mérito, eso lleva necesariamente a una movilidad social y eso se refleja en dos grandes fenómenos que se dan en la sociedad chilena. Uno tiene que ver con la transformación de un país en donde prácticamente la mitad, un 45%, vivía hace unos años bajo la línea de la pobreza. Hoy podemos decir que la pobreza ha bajado al 11%.

-Sigue habiendo más de dos millones y medio de pobres. No deja de ser relevante.

-Es muchísimo claro que sí, pero somos un país en el que la pobreza ha ido migrando a las clases medias y ésa es una gran transformación social. El otro fenómeno es la movilidad que se da a nivel de las elites precisamente porque para ser gerente de una corporación o un ejecutivo o rector tienes que ser el mejor. La sociedad antes era rígida basada en privilegios ya sea gubernamentales, sociales o económicos. Hoy puede que algo perdure de eso, pero la tendencia es hada el otro lado y vemos una elite más diversa y heterogénea.

FENÓMENO DE LA MIGRACIÓN

-¿En ese contexto de la movilidad codal como se instala el fenómeno de la migración?

-La inmigración representa uno de los problemas más complejos de la era contemporánea y lo estamos viendo en todas partes. Eso hace más necesaria la idea de la igualdad liberal. Un Estado tiene derecho a establecer una política migratoria y nosotros no lo hemos hecho; pero una vez que hay inmigrantes deben ser traslados como parte de esta sociedad, con la misma igualdad ante la ley que los demás.

-¿Por qué la resistencia a estas migraciones?

-Yo creo que se están creando problemas porque hay suspicacias, miedos y competencia. Hay una campaña del terror de que entran 100 mil haitianos cada mes, que llegan cientos de sicarios colombianos, que hay un complot de Naciones Unidas con el gobierno anterior, son mentiras que exacerban los prejuicios. Eso justamente se disuade con una política clara lo más abierta posible dentro de lo que la realidad permite, porque la realidad limita la cantidad de nuevos niños, de nuevas demandas en educación y salud. Ahora, el liberalismo clásico habla de la libre circulación de los bienes los servicios y las personas. Lo que pasa es que existe el temor de tener más personas viviendo en la pobreza.

-A propósito, es sabido que la pobreza ha existido antes y ahora. ¿Existirá siempre?

-No. No debería existir para siempre. Desde el momento en que podemos crear la riqueza, la pobreza se puede resolver porque eso da la oportunidad a todos de tener trabajo. Así cada uno resuelve su pobreza. Y si no es así, se recauda fiscalmente más y por tanto se tiene para ayudar a quienes no pueden valerse por sí mismos.

-En su libro desliza una afirmación políticamente incorrecta al decir que en el problema de la desigualdad hay que optar y definir lo que realmente molesta: que haya un 1% muy rico o que todavía existan más de dos millones y medio de chilenos que vive en la pobreza.

-La desigualdad es una ecuación de dos patas. Una es que hay pocos que tienen mucho, la otra es muchos que tienen muy poco. Las cifras muestran que si quitamos los muy pobres y los muy ricos el promedio país es bastante igual. Desgraciadamente hay que hacer una opción entre qué es lo que realmente nos importa en esta ecuación. A mí, la verdad, que exista gente mucho más rica que yo me da lo mismo...no me disminuye en mi dignidad ni en mis derechos...en nada... Entonces, tratar de lograr la igualdad eliminando el 1%, es hacerlo muy rápido; veamos lo que pasa en Venezuela. Para resolver la pobreza hay que crear más riqueza, trabajo y recaudar más. Entregar oportunidades, pero no de cualquier tipo, oportunidades educacionales es, por lejos, lo más importante. Si no, no puede haber meritocracia.

-No obstante, usted es contraria a la gratuidad. ¿Por qué si hoy hay casi 270 mil alumnos estudiando, muchos de los cuales nunca creyeron tener la oportunidad de entrara la universidad?

-Cuando los chilenos, comunes y corrientes, llegan hoy a la universidad ya están marcados por una desigualdad enorme. Hay personas que no han tenido educación básica ni media buena y, por eso, no tienen las aptitudes y preparación para rendir una educación universitaria de calidad, aunque sea gratuita. Los recursos son limitados y si hay que asignarlos la prioridad son los jardines infantiles, las salas cunas, la educación básica, que es donde se gestan las verdaderas desigualdades y donde se debe intervenir para paliarlas. Lo que sí yo sostengo al mil por ciento es que nadie con talento y capad-dad puede dejar de ir a la universidad por no tener medios económicos. El sistema de becas y créditos que estableció el primer gobierno de Piñera dio facilidades, en cambio la ley de gratuidad, como fue concebida, limita la libertad de las universidades porque las que se acogen tiene que ceder parte de sus funciones que pasan a ser tuteladas por el Estado y el Ministerio de Educación.

GOBIERNO NUEVO

-¿Cómo anticipa el nuevo gobierno de Sebastián Piñera lidiando con una estructura política diferente y una oposición diversa?

-Ya no existen dos grandes bloques ni coaliciones. La DC ha dicho hasta el cansancio que la NM se acabó. Así es más factible hacer alianzas puntuales sobre temas específicos y que haya más movilidad en la alineación, lo que me parece va a responder mejor a la realidad de lo que el país quiere y lo que las personas piensan.

-Se ha dicho que ya no existe un centro político. ¿Es Chile un país cada vez más polarizado?

-Puede ser que las instituciones formales hayan desaparecido, pero éste es un país que tiene una base muy de centro que hay que representarla y crear estructuras que le den esa representación. Creo que nos polarizamos mucho con el gobierno anterior. En su primer gobierno Michelle Bachelet tuvo la simpatía y respeto de la mayoría, en el segundo no porque era una amenaza para un porcentaje. Cuando hay intentos de efectuar cambios radicales al margen de la voluntad real de las personas y se usan las retroexcavadoras, eso polariza. Tengo la esperanza de que Sebastián Piñera una de las cosas que quiere mejorar es los puntos en común que tenemos los chilenos.

-¿Congelen su postura de privilegiar el consenso y el diálogo?

-La única forma en que puede avanzar en su programa es llegando a acuerdos con las distintas fuerzas políticas todo el tiempo. El Presidente tiene un desafio gigante.

-Se ha dicho que usted es la musa de la derecha. ¿Le acomoda esa definición?

-Eso no tiene nada de verdadero. No soy la musa de nadie.

-¿Pero va a participar de este gobierno?

-No me han convidado a nada. Ni siquiera al cóctel de La Moneda en que había mil personas. Trabajo en Libertad y Desarrollo y desde ahí hago presente cosas; pero, insisto, no soy musa de nadie, menos de este gobierno.

-¿Chile es hoy un país justo?

-No. Es un país mucho más justo que hace 40 años, pero tiene mucho que andar para que haya justicia en el sentido que yo defino la justicia, que es la posibilidad de que todos los seres humanos desarrollen la totalidad del potencial que Dios les dio. Para eso se requieren ciertas condiciones y eso no se da. (Emile) Durkheim dice que sólo hay cohesión social verdadera cuando las personas ocupan un lugar en la sociedad de acuerdo a lo que sus talentos permiten.

Fuente: El Mercurio Valparaíso.-