Un nuevo diagnóstico a la baja productividad chilena

Recientemente, se publicó el segundo Informe de Productividad de la Comisión Nacional de Productividad. En él, se actualizan las estimaciones de productividad, agregando una proyección para el 2017, y una revisión de las estimaciones anteriores en función de la nueva disponibilidad de información. Por otro lado, se vuelve a encontrar una caída en la Productividad Total de los Factores en 2017, reforzándose la tendencia a la baja de los últimos 30 años.

El investigador del Programa Económico de Libertad y Desarrollo, Marcos Balmaceda, explica que en términos simples, una disminución de la productividad total de los factores, equivale a decir que se requieren de una mayor cantidad de insumos para generar un mismo nivel de producto. Vale decir, para alcanzar un determinado nivel de crecimiento de la economía necesitamos, en proporción, de un mayor nivel de trabajo y/o de capital.

Lo anterior es muy relevante en políticas públicas debido a la relación directa entre productividad y bienestar social. "En efecto, países con mayores niveles de productividad exhiben también niveles de producto per cápita más altos; lo que está asociado a mejor calidad de vida, mejores salarios y oportunidades laborales, más recursos disponibles, más tiempo libre, más y mejor salud y educación, sin necesidad de sacrificar ingresos", explica Balmaceda. Por otra parte, aumentos en productividad permiten reducir los precios para los consumidores, y aumentar los beneficios para los productores. Por último, nos permite hacer un uso más eficiente de recursos productivos que pueden ser escasos, e incluso favorecer al medioambiente al disminuir los residuos por producir (contaminación).

"Lamentablemente, según constató el informe anual de esta Comisión, el 2017 fue un año en el que como país volvimos a ser menos productivos", señala el economista de LyD. El indicador de productividad alcanzó un valor que va entre -0,7% y -0,1% -dependiendo del ajuste cíclico utilizado, por desempleo o empleo asalariado respectivamente-, sumándose a una negativa tendencia que se sostiene desde el año 2005.

"El hecho de transitar desde una productividad promedio anual de 2,3% durante la década de 1990 hasta los niveles actuales, ha significado un freno a nuestras posibilidades de progreso, lo implica un gran desafío", indica Balmaceda.

Al analizar los datos podemos constatar que estas reducciones han sido impulsadas mayoritariamente por una menor productividad en la minería –con una caída en torno a un 1% anual promedio-, lo que puede explicarse principalmente por la disminución en las leyes del mineral y el aumento consecuente de la intensidad de uso de factores (capital, mano de obra y energía). "Sin embargo, la productividad en los sectores no mineros, si bien no es negativa, también se ha visto reducida, por lo que los problemas de la evolución de la productividad son problemas transversales en la economía chilena", asegura el investigador de LyD.

Por otro lado, vemos caídas durante el año 2016 en 4 de los 8 sectores (minería; industria; electricidad, gas y agua; comercio, hoteles y restaurantes). De esta forma, la evidencia sectorial nos muestra que el estancamiento productivo no es solo reflejo de un sector.

Adicionalmente, se debe mencionar que el estancamiento observado en productividad es robusto a la información y metodologías utilizadas en periodos largos.

Por su parte, el informe encuentra brechas productivas importantes con los países desarrollados. Señalando que la empresa promedio de los países OCDE tiene productividades dos veces y medio por sobre la empresa promedio chilena, concentrando su efecto en la empresa de gran tamaño donde se triplica a la local (en PYMES se duplica la productividad).

En conclusión, permanecen gran parte de las interrogantes que explican la baja productividad del país. Sin embargo, sabemos que hay una tendencia negativa que se ha mantenido desde 2005, y que no es algo netamente localizado en el sector minero. Por otro lado, se levanta la importancia de mejorar las estadísticas nacionales, de manera de fortalecer las políticas públicas, y mejorar la toma de decisiones de los agentes involucrados.