Lectura recomendada de Gonzalo Cordero: «La política en tiempos de indignación»

Por Gonzalo Cordero, abogado y socio de Azerta Comunicación Estratégica

 

El 15 de mayo del 2011 una multitud ocupó la Plaza Mayor en Madrid. Se hacían llamar a si mismos “los indignados”, el manifiesto de Stéphane Hessel inspiraba y expresaba su crítica radical al denominado consenso neoliberal. Con los indignados emerge, por primera vez desde la caída del muro de Berlín, un discurso propiamente de izquierda que cuestiona frontalmente el modelo de desarrollo capitalista y de organización política democrática que dos décadas antes había derrotado inapelablemente al comunismo soviético.

A partir de entonces la socialdemocracia comienza a transitar un camino de crisis, cuestionada por haberse plegado a las políticas neoliberales empieza a recibir el ataque de nuevos grupos de izquierda que “denuncian” a esta opción supuestamente “acomodada” con el “modelo”.  Pero la crítica no se queda ahí, se extiende también a los fundamentos de la democracia representativa, siguiendo la tradición de la izquierda cuyo proyecto siempre renegó de la libertad económica, tanto como de la política.

En este contexto es que Daniel Innerarity, doctor en filosofía, académico de la Universidad del País Vasco, profesor visitante de La Sorbona y de la London School of Economics and Political Science, entre otros centros de educación superior, escribe La Política en Tiempos de Indignación, un libro cuya tesis central consiste en reivindicar la democracia representativa, la racionalidad en el debate de los temas públicos, así como la política en cuanto actividad indispensable para procesar las diferencias y enfrentar los cambios de la sociedad actual.

Innerarity es un socialdemócrata, por ende se trata de alguien con una visión crítica de diversos aspectos del modelo de desarrollo basado en la libertad individual, pero su obra se escribe para refutar el populismo de partidos como Podemos, para denunciar la inconsistencia de la llamadas nuevas izquierdas y para sostener el valor de una socialdemocracia que asuma la esencia de la libertad económica, de los mercados y de la globalización como realidades ineludibles.

Sorprendente resulta leer la relativización que hace de la desigualdad, en cuanto centro de la agenda de cambio social; por el contrario, llama a asumir que tanto o más importancia tiene hoy una agenda de reconocimiento que se haga cargo de la individualidad de distintos grupos que buscan conciliar el viejo principio liberal de la igualdad ante la ley con el respeto a las diferencias, en una cultura que crecientemente reivindica diferentes categorías de diversidad.

Innerarity explica en forma simple y entretenida los grandes desafíos de la política contemporánea, no se percibe en su reflexión el sesgo de la ideologización, cada uno de sus razonamientos -ya sea que se compartan o no- exhiben dos atributos evidentes: el sentido común y una falta total de complejo ante la izquierda de “puño en alto”.

Nos dice que hay, en la política, “tres clases de asuntos: los sujetos, los temas o las condiciones”. Este es el mapa por el que discurre su reflexión: quiénes son los actores de la política contemporánea, cuáles son sus grandes temáticas y cuáles es el entorno en que se desarrolla.

Cuando habla de los partidos, esas organizaciones desprestigiadas, pero necesarias para un sistema de representación institucionalizado, nos dice: “lo hagan mejor o peor, no parece posible la práctica democrática sin unas instituciones que realicen este tipo de función de filtro, selección y garantía; al menos cualquier alternativa de desestructuración del campo político resultaría mucho peor”.

Y también, citando a Willke: “No es posible salvar al Estado en su hasta ahora tradición de héroe de la sociedad. Como forma heroica de la historia ha envejecido, como garante del bien común está sobrecargado, como benefactor de la sociedad carece de recursos, como centro de gobierno ya no se ve frente a una periferia sino frente a un ejército de otros centros”.

Es reconfortante leer a un socialdemócrata sostener que “es habitual considerar que la prepotencia económica se debe a una excesiva libertad de mercado, cuando ocurre más bien lo contrario: la prepotencia económica es causada por la falta de libertad económica” y, en seguida, “lo que sostiene ahora las reformas económicas (es): la posibilidad de avanzar en la igualdad no tanto por la redistribución estatal (que suele generar privilegios y resulta insostenible en momentos de crisis) sino mediante la creación de una mayor igualdad de oportunidades en el mercado”.

En definitiva, se trata de un libro esperanzador, al menos en cuanto nos hace creer que es posible converger en un futuro, ojalá no muy lejano, hacia posiciones razonables, moderadas y en que sea posible un debate acerca de la mejor manera de progresar y salir, de una vez por todas, de la anacrónica e insostenible disyuntiva entre crecimiento y redistribución estatal.

 

La política en tiempos de indignación

Daniel Innerarity

Editorial Galaxia Gutemberg

352 páginas

2015