ANATOMÍA DE LA NUEVA IZQUIERDA

El espacio político de la izquierda tanto en Chile como en el mundo está sufriendo transformaciones. La emergencia de una izquierda de carácter populista, con marcado énfasis anticapitalista, de inspiración ideológica neo marxista y aproximación estratégica de tono culturalista ha entrado en una abierta disputa con el modelo de la izquierda socialdemócrata, marcado por el socialismo renovado de la "tercera vía". De este modo, el avance de una nueva izquierda como Podemos en España, Syriza en Grecia y el Movimiento Cinco Estrellas en Italia, influencian -pero también se ven influenciados- por las experiencias de movimientos emergentes de la política latinoamericana, donde instancias como el Foro de Sao Paulo y el aporte teórico de intelectuales de la izquierda latinoamericana han pasado a ser decisivos.

Chile no se muestra ajeno a este proceso, experimentando una transformación en la composición de la representación izquierdista tanto en el ámbito estudiantil, sindical, como político-dirigencial. En este sentido, ya es una realidad la gestación de un nuevo referente que, en el espectro ideológico, se sitúa a la izquierda de la Nueva Mayoría con la etiqueta de Frente Amplio de Izquierda, donde agrupaciones como Revolución Democrática, Izquierda Autónoma, Movimiento Autonomista, Convergencia de Izquierda y la Izquierda Libertaria, entre otros, asumen un rol de conducción y articulación que ha mostrado cierta eficacia en el logro de objetivos comunicacionales, como es la incidencia en la configuración de la agenda pública, pero también políticos, como la conquista de espacios de influencia relevantes en sindicatos, federaciones estudiantiles, el Congreso y municipalidades.

Es una incógnita si finalmente esta nueva izquierda logrará superar la marginalidad política que poseía la antigua izquierda extraparlamentaria. Pero de todos modos, corresponde conocer sus planteamientos, sus ejes discursivos y los elementos teóricos, tanto aglutinadores como diferenciadores, que inspiran su accionar.

La emergencia de la Nueva Izquierda: ¿Quiénes son?

 El curso de gestación de una rearticulación de la izquierda a la que hacemos referencia tiene como punto de inflexión el año 2011, de la mano del ciclo de protestas estudiantiles, aunque tiene antecedentes que remiten a la medianía de la década de los '90 con la emergencia del movimiento Surda en la Universidad de Chile, fundado por los referentes intelectuales de la actual Izquierda Autónoma.

Pero es definitivamente la incidencia política de organizaciones estudiantiles y su proyección política, desde el “pinguinazo” de 2006 y las multitudinarias marchas de 2011, los elementos que permitieron abrir el horizonte de expectativas políticas de diversos grupos que por primera vez, y de la mano de la revitalización de la puesta en escena de los movimientos sociales (no sólo estudiantiles sino que medioambientales y otros), vieron posible superar la marginalidad y la anomia que caracterizó durante décadas a la izquierda “extraparlamentaria”, ajena a la conformación de grandes bloques políticos. En este sentido, romper el ámbito de autonomía de las organizaciones sociales para impregnarlos de una visión política de alcance nacional, donde la amalgama movimiento social y organización política pase a ser sólo uno, es uno de los objetivos estratégicos del Frente Amplio.

De este modo, las demandas estudiantiles pasaron a ser el catalizador de un relato desde el cual se hace patente un cuestionamiento explícito al modelo político, económico y social de desarrollo. En este, las consignas como “no al lucro”, el fin al “duopolio político”, y la supuesta  “mercantilización de los derechos sociales”, se configuraban como una posición antagónica a los principios sobre los cuales se erigió el período más fecundo en términos de progreso de la historia reciente de Chile: rol subsidiario del Estado, responsabilidad fiscal, focalización del gasto y de la política social, provisión privada de bienes públicos y patrones de gobernanza en torno a dos grandes corrientes políticas de consenso.

De la revolución activa a la revolución pasiva

 Uno de los elementos distintivos de esta nueva izquierda está dado por su inspiración teórica neo marxista. La visión marxista ortodoxa propia de la interpretación leninista del análisis de clases (modificar la estructura económica para luego cambiar la superestructura) es superada por nuevas lecturas, que van desde la tesis culturalista de Gramsci, hasta los aportes de Chantal Mouffe y Ernesto Laclau respecto de la hegemonía y la estrategia socialista en el campo de la identidad nacional-popular.

Desde la posición de la Nueva Izquierda, la lectura marxista ortodoxa fracasó en su intento por explicar las dinámicas del cambio social. La pregunta del post-marxismo parte de un supuesto de trabajo interesante: ¿por qué la expansión del capitalismo no redundó en el proceso mecánico de agudización de contradicciones sociales que posibilitaran la emergencia del socialismo? Los teóricos postmarxistas, son conscientes de las viejas derrotas de la antigua izquierda, en la medida que la modernización capitalista ha logrado difuminar la distinción de clases, con extensiones en el ethos cultural y las identidades que imposibilitan la cristalización del proyecto histórico izquierdista de manera plena. De este modo, apelan a nuevas estrategias como el control del aparato hegemónico cultural, adoptando a la usanza de Antonio Gramsci, una guerra de posiciones (control de posiciones estrategias en la academia, el mundo de la cultura y las artes, las comunicaciones, etc.) que dan forma a una revolución pasiva, pero sólo desde la cual, posteriormente, la revolución activa (o guerra de movimientos[i]) se tornará viable.

En este sentido, la Nueva Izquierda es plenamente consciente de las limitaciones y la extemporalidad del análisis de clases, de ahí la apelación al recurso populista. En este punto, resulta fundamental la concepción de populismo de Laclau y Mouffe, que nutren de elementos teóricos a la acción política de estos nuevos grupos.

En La razón populista de Laclau[ii], hay un llamado a la constitución del pueblo como actor colectivo -que permite superar la distinción de clases- donde la agregación de demandas (variadas y diversas) confluyen en una dicotomización del espectro político o el delineamiento de fronteras antagónicas al tenor de: (pueblo/no pueblo, casta política/ciudadanía, corruptos/limpios) para incluir a nuevos sujetos antes excluidos del juego político, por medio de “cadenas de equivalencias de demandas heterogéneas”.

Lo anterior resulta fundamental para comprender a la Nueva Izquierda. Es a través de la constitución de “cadenas de equivalencias de demandas heterogéneas” que la Nueva Izquierda es capaz de ir articulando y dándole un revestimiento común de “izquierda” a posiciones de grupos específicos y diversos entre sí como medioambientalistas, minorías sexuales, trabajadoras, estudiantes, movimientos feministas, pueblos indígenas, etc. Por cierto que estos grupos no poseen una afinidad per se con la causa izquierdista, pero su identificación con el proyecto progresista obedece a un trabajo de articulación que de la mano de la estrategia culturalista (apoderándose de los símbolos y del discurso) y populista (dividendo a la sociedad por medio de una retórica maniquea y donde no hay intermediación institucional), ha mostrado ser efectiva.

La Nueva Izquierda y la Socialdemocracia

Otro de los elementos centrales de diferenciación que estas nuevas agrupaciones marcan con la socialdemocracia (tanto chilena como internacional), pasa por el rol desempeñado por la centroizquierda durante los procesos de transición democrática. Al respecto, el caso chileno y español resultan ilustrativos.

En primer lugar, para los actores que conforman el Nuevo Frente Amplio de Izquierda en el caso de Chile, o en el caso de Podemos en España, la concepción filosófica de lo político está dada por su dimensión de conflicto y antagonismo[iii] y no de intercambio o negociación. Por ende, desde esta visión, las concesiones ideológicas pasan a ser una traición al proyecto socialista en el marco de una democracia liberal, debiendo ser reparadas a través del resurgimiento de la fase conflictual y antagónica de posiciones, ahora en el contexto de una democracia radical[iv]. Es de este modo que una transición internacionalmente admirada como la chilena[v], es resignificada en clave de subordinación política frente a los opositores, pasando de ser un activo a ser un pasivo del relato político al interior del mundo de la izquierda.

Por ende, es a través de la desacreditación de la socialdemocracia que adquiere sentido la alternativa propuesta, por cuanto las correlaciones de fuerza política no permiten la coexistencia de una izquierda socialdemócrata y esta nueva propuesta en un mismo domicilio político. Sólo así se explica la animadversión hacia liderazgos como los de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero del PSOE en España o de personeros como Ricardo Lagos, en el caso de Chile, de parte de los líderes de la nueva izquierda. La máxima de estas nuevas agrupaciones es que la socialdemocracia no posee la legitimidad ni la coherencia para ser depositaria del proyecto socialista.

La Nueva Izquierda ha sido más eficaz que la socialdemocracia en elaborar una gestión del descontento (particularmente hacia las élites), no obstante, es altamente probable que sea menos exitosa es en darle soluciones a los problemas específicos de los segmentos desafectados de la sociedad. Precisamente, uno de los cuestionamientos a este tipo de agrupaciones es que su alternativa política se agota en el descontento, sin proyección de propuestas orientadas a resultados.

Conclusiones

Una Nueva Izquierda se está constituyendo como un actor relevante en las dinámicas políticas tanto nacionales como internacionales. Se trata de asociaciones, colectivos y agrupaciones que se han propuesto superar la marginalidad e irrelevancia de la antigua izquierda extrema, de la mano de un discurso que se funda en una inspiración ideológica que es revisionista de las interpretaciones marxistas ortodoxas, donde la noción de análisis de clases es superada por estrategias culturalistas, para hacerse de la conquista del discurso y los símbolos, pero también a través de un estilo populista donde es fundamental la noción de “pueblo” para así permitir articular bajo una matriz de “izquierda” posiciones, causas y reivindicaciones diversas entre sí como las de grupos medioambientales, estudiantes, minorías sexuales, trabajadores, pueblos indígenas, etc., bajo un rótulo común.

La Nueva Izquierda reivindica el antagonismo de posiciones como un elemento inherente de lo político, por sobre el dialogo y la construcción de consensos, de ahí su inclinación por un modelo de democracia radical como contraposición al de democracia liberal.

Finalmente, detrás del intento de articulación de grupos diversos tanto en lo social como en lo cultural (de ahí la ex temporalidad de la noción de clases) está el intento por aglutinar fuerzas para socavar los fundamentos del éxito de la modernización capitalista chilena: principio de subsidiaridad, responsabilidad fiscal, focalización del gasto y de la política social, provisión privada de bienes públicos y construcción de grandes consensos en torno a dos grandes corrientes políticas.

[i] Véase Gramsci, A. (2014). Antología. Volumen 1. Buenos Aires, Siglo XXI.

[ii] Véase, Laclau, E. (2005).  La razón populista. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

[iii] Esta noción teórica se desprende de la filósofa política Chantal Mouffe, referente intelectual del proyecto Nueva Izquierda. Para más detalle véase  Laclau, E & Mouffe, C. (2011). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

[iv] Véase ∙Mouffe, C (1999). El retorno de lo político. Comunidad, ciudadanía, pluralismo, democracia radical. Barcelona, Paidós.

[v] El sociólogo francés Alan Touraine inclusive señaló: “Esta no es una transición perfecta, pero es la mejor yo haya conocido”.