PARTICIPACIÓN EN ELECCIONES LOCALES / REGIONALES CON VOTO VOLUNTARIO

  • En la encuesta CEP de agosto de 2012, un 50% de los encuestados expresó votar con toda seguridad en la respectiva elección municipal y finalmente sólo un 43% lo hizo. En la misma encuesta de agosto 2016, dicha cifra descendió a un 27%. Efectivamente hoy hay menos interés por participar, por lo que la cifra de participación debiera ubicarse por debajo del 40% de la población en edad de votar.
  • La participación electoral también debe verse desde una perspectiva global de desafección ciudadana. Es una tendencia en el mundo el que en primer lugar, las elecciones locales despierten menor interés -medida en términos de participación efectiva- que las elecciones generales (sean éstas presidenciales o parlamentarias). Éste ha sido también el caso de Chile, donde la participación en elecciones municipales ha sido siempre más baja que en las elecciones presidenciales.

Ad portas de las elecciones municipales del 23 de octubre de 2016, las expectativas de participación electoral tienden a ser desalentadoras. Como contracara de algunos de los aspectos positivos de la nueva regulación sobre transparencia en la propaganda electoral, las condiciones e instancias de voto informado se han reducido, repercutiendo en un escaso clima eleccionario. Las encuestas de opinión que circulan reflejan dicho desinterés.

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Los sondeos vaticinan un escenario de participación electoral que debiera ubicarse dentro del margen de participación de la elección de 2012 (43%), aunque también se debe advertir que en algunos de estos estudios, para la elección de 2012, estimaban mayores niveles de disposición a sufragar.

Al respecto, sabemos que en la encuesta CEP de agosto de 2012, un 50% de los encuestados expresó votar con toda seguridad en la respectiva elección municipal y finalmente sólo un 43% lo realizó. En la misma encuesta de agosto 2016, dicha cifra descendió a un 27%. En este sentido, surgen dos escenarios posibles: (i) La gente dejó de considerar la afirmativa a sufragar como una respuesta socialmente deseable y/o (ii) Efectivamente hoy hay menos interés por participar, por lo que la cifra de participación debiera ubicarse por debajo del 40% de la población en edad de votar.

Pero el presente informe complementa el análisis de participación, ofreciendo una mirada global en relación a los patrones de participación electoral en países con procesos eleccionarios que cumplen con las siguientes características:

  1. Realización de elecciones locales o departamentales
  2. Dichas elecciones son de carácter concurrentes (celebradas simultáneamente)
  3. Celebradas en países con voto voluntario

Hallazgos

La participación electoral también debe verse desde una perspectiva global de desafección ciudadana. Es una tendencia en el mundo el que en primer lugar, las elecciones locales despierten menor interés -medida en términos de participación efectiva- que las elecciones generales (sean éstas presidenciales o parlamentarias). Éste ha sido también el caso de Chile, donde la participación en elecciones municipales ha sido siempre más baja que en las elecciones presidenciales.
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¿Cómo se sitúa Chile en el marco internacional de participación de elecciones locales con voto voluntario? La mirada internacional muestra un escenario variado. En este sentido, hay países con sistema de voto voluntario con una tradición de altos niveles de participación como Suecia y Dinamarca. Al respecto, los niveles de participación en dichos países se empinan por sobre el 65%, llegando incluso a niveles en torno al 80%. Se trata de culturas escandinavas, con niveles de cultura cívica muy elevados y donde el tejido democrático es lo suficientemente denso como para sustentar procesos democráticos voluntarios con esos niveles de participación.

Luego, encontramos un segundo conjunto de países, como Francia, España, Portugal e Italia, con características institucionales (sistema de partidos) y culturales más homologables a la situación chilena. En este grupo de países la participación oscila entre el 50% y el 65%. Con un esquema de voto voluntario bien ejecutado e implementado, es perfectamente posible alcanzar esos niveles de participación, que constituyen el estándar de las democracias robustas centro europeas.

Interesante parece ser el caso de Costa Rica, un país que tradicionalmente ha sido considerado junto con Uruguay y Chile, como uno de los más estables y desarrollados de la región, con una densa clase media, con bajos niveles de corrupción política y con solidez institucional, pero donde en las elecciones locales sólo participa un 37% de la población. Un buen ejemplo de que el fenómeno de la desafección experimenta un auge global y que no necesariamente sólo se hace presente en democracias frágiles. Un caso contrario es Venezuela, donde los elevados niveles de participación electoral no son reflejo de una democracia robusta, sino más bien, lo contrario: la expresión de polarización y tensión social acompañada de una severa crisis político-institucional.

Finalmente está el caso colombiano, un caso con ciertas similitudes al chileno y donde los niveles de participación han ido descendiendo gradualmente en todos los niveles, hasta llegar al conocido 37% de votación para el referéndum por el proceso de paz.

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