Columna de Sebastián Soto: «El día después»

sebastian sotoEn una cosa coincidirán muchos el día después. Que la participación en la elección fue baja, que el voto es de los 'pocos' deberes que exige la vida en sociedad, que la legitimidad está amenazada, etc. Todo ello, prepara el ambiente para retroceder al voto obligatorio. Y es que ya se oyen crecientes voces en la clase política y en ciertos intelectuales, incluso los más 'liberales'. El voto, nos dicen, es demasiado importante como para dejarlo al ejercicio libre.

Eso, sostiene El Otro Modelo, sería una nueva expresión de neoliberalismo pues 'privatiza la política'. Con argumentos similares, ya el PS y la DC han propuesto volver a la obligatoriedad en sus documentos constitucionales. Y un grupo transversal de senadores ha presentado una moción en igual línea.

En todo esto hay algo de confusión. A los que alegan que la baja participación deslegitima la democracia, habría que preguntarles si es normativamente más legítimo un sistema en que la participación se impone a costa de una sanción o aquel que se construye sobre la participación libre. Porque el voto obligatorio no está muy lejos de las 'campañas del terror', es decir, aquellas en que se motiva la participación por temor; sólo que en este caso, la participación se logra por miedo a ser castigado. Aún así, la obligatoriedad del voto no se suele relacionar con la sanción asociada. Tal vez se omite porque en Chile por décadas no se aplicó ninguna. Pero promover el voto obligatorio sin estar dispuesto a multar a aquellos que no lo hacen sería una nueva disociación entre la realidad y la ley. Y ya hemos aprendido que eso no es recomendable.

El asunto tiene soluciones que requieren, con todo, liderazgo político. Y todas las sorpresas que hemos enfrentado esta semana (incluido el acotado ajuste en el gabinete) nos muestran que en el gobierno el liderazgo escasea y la acertada gestión política es cuestión del pasado. Tanto así que, en lo que respecta a la participación en las elecciones, pareciera que el gobierno está más interesado que voten los chilenos en Suecia que los que estamos en Chile.

Ello pues la gran preocupación ha sido implementar la votación de los chilenos en el extranjero postergando cualquier otra medida que incentive la participación. La injustificada demora en buscar soluciones al bochorno por el cambio de inscripciones, es una muestra de ello.

Pero hay más. Hasta la fecha no se ha hecho mucho por depurar y fortalecer la credibilidad del padrón sacando de él a las personas que con toda seguridad ya han fallecido. El año 2013 la Nueva Mayoría inexplicablemente rechazó un proyecto que avanzaba en este sentido. Desde entonces no ha pasado nada y el día de la elección volveremos a preguntarnos por qué hay más de 10 mil inscritos que nacieron el siglo XIX y no llegaron a votar. Otras fórmulas son comunes a nivel internacional. Sorprende saber que desde hace semanas los electores en EE.UU. ya están votando.

¿Por qué en Chile no podría pasar lo mismo? O por qué no habilitar un sistema electrónico que permita votar durante toda una semana desde lugares distintos a los locales habituales: en un mall, en las estaciones del metro o en la universidad. Con decisión y capacidad de gestión perfectamente el gobierno pudo haber promovido que en esta elección se hiciera un plan piloto de voto electrónico en algunas comunas. Pero, una vez más, no pasa nada. La inacción parece sugerir que el gobierno no se siente incómodo con la baja participación. ¿Será por qué así facilita el tránsito hacia el voto obligatorio?