8 de septiembre de 2016

Inflación a la baja: Apreciación del peso, combustibles y poco dinamismo

Francisco KlappEl Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dio a conocer el Índice de Precios al Consumidor (IPC) para el octavo mes del año 2016, el cual registró una variación respecto a julio de 0%. Esto se sitúa por debajo de las expectativas del mercado, recogidas en la última Encuesta de Operadores Financieros (EOF) y Encuesta de Expectativas Económicas (EEE), ambas realizadas por el Banco Central de Chile (BCCh), que adelantaban una variación algo más elevado de 0,1% y 0,2%, respectivamente. Luego de este nuevo dato la variación en doce meses disminuye de manera mucho más acelerada de lo que lo venía haciendo en los meses previos, situándose cerca del centro del rango meta del BCCh con un 3,4% de variación en 12 meses. Vale la pena recordar, que en agosto de 2015 se registró la variación máxima de este ciclo que alcanzó un preocupante 5,0% interanual, lo que naturalmente afecta la base de comparación actual.

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En concreto, ocho de las doce divisiones de la canasta presentaron aumentos en sus precios, lo que sin embargo incluye variaciones prácticamente nulas en comunicaciones, y equipamiento y mantención del hogar, mientras que educación –nuevamente- no mostró variación alguna y dos categorías presentan retrocesos.

Las alzas son por lejos lideradas por Alimentos y Bebidas no Alcohólicas (con un importante aumento de 0,8% mensual, tras el 1% del mes pasado), división que como es bien sabido es la de mayor peso en la canasta del IPC, con un 19,06% de participación, lo que se traduce en una incidencia de 0,164 puntos porcentuales en esta ocasión. Tanto ahora en agosto, como en mayo y julio, esta división encabeza las alzas explicando una fracción relevante del aumento de precios. Si bien hay un cierto componente estacional con el encarecimiento de algunas frutas y verduras de estación con la llegada del invierno, los alimentos acumulan importantes alzas en 12 meses (4,2%), y las mencionadas frutas y verduras superan el 8% de aumento de precio respecto a un año atrás.

Este encarecimiento de los alimentos –como se ha insistido en este espacio anteriormente- es una situación que lamentablemente resulta más perjudicial para las familias de menores ingresos, quienes de acuerdo a mediciones como la Encuesta de Presupuestos Familiares del mismo INE, insumo utilizado en la construcción de la canasta del IPC, destinan a la compra de alimentos una fracción de sus ingresos que prácticamente duplica al promedio de las familias chilenas. Mientras la familia promedio del quintil de mayores ingresos destina en torno a un 12% de su presupuesto a Alimentos y Bebidas no Alcohólicas, una familia del 20% más pobre destina más del 34%. 

En cuanto a las bajas, nuevamente destaca Transporte (con una incidencia de – 0,195 puntos o -1,4% respecto al mes anterior), que responde a la relativa baja en el precio de del crudo en los mercados internacionales, especialmente en las primeras semanas de agosto, sumado a un dólar que se situó incluso por debajo de los $650 a comienzos del mes. Como mencionamos en informes anteriores, esta  división –más allá del resultado particular de junio pasado- ha venido registrando disminuciones en sus precios y ayudando a la convergencia. La variación acumulada en el año del precio del Transporte es negativa (-3,1%), y el nivel actual del crudo pareciera más alineado con su precio de largo plazo, por lo que no se esperarían grandes alzas.

Francisco Klapp, investigador del Programa Económico de LyD, explica que si bien la convergencia hacia el centro de la meta del BCCh fue algo más marcada de lo esperado en agosto, los indicadores subyacentes, aquellos que excluyen los productos más volátiles –como alimentos y energía-  y que  por lo general tienden a entregar una idea más clara del comportamiento de tendencia, también se moderan, aunque de manera más pausada, en línea con esta economía poco dinámica y un mercado laboral –remuneraciones, horas e ingresos-  que muestra mayor deterioro.

“Un elemento que nos ha ayudado a acelerar la convergencia a la meta es que la tendencia de depreciación del peso frente al dólar –como también ha ocurrido con otras monedas emergentes- se ha relativamente detenido. Sin embargo, existe un importante riesgo, tal como lo ha recordado el Banco Central en su más reciente IPOM de septiembre, que dependerá de lo que suceda con la trayectoria de tasas que decida la FED”, comenta el economista. Y si bien tras la última reunión de Banqueros Centrales en Jackson Hole, el comienzo de la normalización monetaria en EE.UU parecía inminente, las relativamente decepcionantes cifras de empleo más recientes, ponen en duda lo anterior.  

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En cuanto a las cifras concretas para las medidas de inflación subyacente, el IPCX, que excluye combustibles, frutas y verduras frescas, experimento una variación de 0,1% con respecto al mes anterior, algo por debajo del IPCX1 (0,2%), que corresponde al IPCX menos carne y pescados frescos, tarifas reguladas de precios indexados y servicios financieros. Como resultado de lo anterior, la inflación subyacente, IPCX, disminuyo 0,3 puntos, con respecto al mes previo, alcanzando un 3.9% interanual, al igual que la IPCX1 que bajó de un 3,8% a un 3,5%. El IPC SAE, que excluye alimentos y energía, y que es uno de los indicadores más seguidos a nivel internacional, también se modera en 0,3 puntos llegando a un 3,9%.

En las próximas reuniones de Política Monetaria, y  con cada  vez más datos que revelan el deterioro de la situación laboral en el país, un IMACEC que no da señales de repunte, expectativas de inflación a uno y dos años que continúan acotándose, un tipo de cambio que por ahora se mantiene lejos de los $700, la otrora real posibilidad de una alza no solo se aleja –especialmente tras el cambio de sesgo del Banco Central y el último IPOM- sino que ya hay quienes piensan que incluso se abriría un espacio para futuras alzas, lo que al menos por ahora no parecería prudente.