Entrevista a Juan Andrés Fontaine: “Las tres reformas estelares del gobierno necesitan cirugía mayor”

JUAN-ANDRES-FontaineFue ministro de Economía de la administración del ex Presidente Sebastián Piñera. Luego, a principios de este gobierno, fue invitado a participar como representante de la oposición en las negociaciones por la reforma tributaria y ahora utiliza esta impronta para analizar la situación económico-política que vive el país. Por ello, el economista Juan Andrés Fontaine dice tener claro que “desgraciadamente, el estancamiento que muestra Chile parece volverse crónico. No veo fuerzas que nos saquen del socavón en que hemos caído”. Al punto, agrega, que su mejor pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) para este y el próximo año está en torno al 2%.

Mañana, el ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés, presentará su actualización de proyecciones económicas. ¿Cuál debería ser el mensaje principal de esta presentación?

Tendrá que reiterar, porque ya lo ha dicho antes, que corren tiempos difíciles, que al Fisco se le acabó la fiesta, que hay que apretarse el cinturón. Lo que ello implica es que el programa de gobierno, del cual sus autoridades hablan como si fuese esculpido en piedra, se ha tornado inviable: se acabó la plata. En parte, se debe al deterioro del cobre, pero principalmente al estancamiento en el que ha caído nuestra economía. Su mensaje debería ser que sin una economía dinámica, el manejo fiscal se hace tremendamente estrecho.

Bajo este contexto, ¿cuánto debería crecer el gasto fiscal el próximo año?

Habrá que conocer los parámetros claves de PIB potencial y el precio del cobre de largo plazo que recomienden los expertos, pero será difícil que el gasto máximo permitido por la regla fiscal supere el 3% real.

¿Cree factible ir hacia la meta de balance estructural o cree necesario revisarla y modificar el timing nuevamente?

La meta vigente es de una reducción gradual del déficit estructural a razón de 0,25% del PIB por año. Pero habrá que mirar también el déficit efectivo, que es el que determina la necesidad de endeudamiento fiscal, por cuanto cada vez más hay preocupación entre los evaluadores internacionales de riesgos por el ritmo al que ha empezado a crecer nuestra deuda pública. No creo que esto preocuparía mayormente si  el aumento del gasto público fuera destinado a inversiones de alto rendimiento y la economía marchara bien, pero en una economía cuasi estancada, en la que los mayores  gastos se usan principalmente para financiar transferencias, la mochila de la deuda pública puede hacerse demasiado pesada.

¿Cree que el ministro Valdés cuente con el respaldo político necesario para llevar adelante un Presupuesto 2017 austero? 

Espero que cuente con el respaldo necesario. Agregar a la incertidumbre reinante desconfianza en la solvencia fiscal sería fatal.

Dado el incierto escenario internacional producto del Brexit, la fuerte desaceleración económica que vive el país y la urgencia que ha manifestado el gobierno por llevar adelante sus  reformas, que a juicio del sector privado han instalado altos grados de incertidumbre, ¿cuándo cree que la economía logrará volver a crecer sobre el 3%?

Distingamos: lo del Brexit ha creado gran conmoción, pero no sabemos qué tan negativo puede ser. Por ahora, el principal efecto parece haber sido postergar el alza de intereses por parte de la Reserva Federal  de EE.UU., que es la espada de Damocles que pendía sobre las economías de los países emergentes. En el margen, ahora China luce un poco mejor y nosotros también. Pero, claro, el trastorno en Europa puede ser grande y terminar dañando a nuestras exportaciones de frutas, vinos y otros productos. Por eso es tan importante que el gobierno  apague los focos de incertidumbre política que ha prendido su programa y formule una estrategia de crecimiento convincente. Mientras ello no ocurra, nuestro crecimiento potencial  seguirá declinando.

Si a este escenario se suma que en 2017 Hacienda tendrá que lidiar con un año marcado por dos grandes  antagonistas: estrechez fiscal y elecciones, ¿cree que el ministro Valdés logre sortear estas turbulencias y llegar hasta el fin del gobierno?

La experiencia indica que las dificultades económicas lejos de debilitar, fortalecen a los ministros de Hacienda. Cuando los tiempos apremian, su rol es crucial, para inspirar confianza y para determinar qué es posible y qué no. Pero la tarea es difícil, especialmente si la situación obliga a virar el rumbo que traía el programa de gobierno. El ministro Valdés, hasta ahora, ha tenido éxito en detener el desenfreno fiscal, pero no ha logrado que el gobierno abandone sus iniciativas anticrecimiento. Por ello, no ha logrado levantar las expectativas.

El economista Vittorio Corbo indicó en entrevista con La Tercera que el test verdadero para sopesar cuánto apoyo real tiene el ministro Valdés de la Presidenta de la República va a ser la Ley de Presupuesto 2017. ¿Comparte ese diagnóstico?

Indudablemente, será una prueba crucial. Pero, insisto que tan importante como ello es priorizar el crecimiento, archivar los malos proyectos y activar los buenos.  Echo de menos allí más visión y más determinación por parte del equipo económico de gobierno.  El desenlace de la reforma laboral, por ejemplo, fue decepcionante: un veto que quitó del proyecto lo mejor, cierta adaptabilidad, y mantuvo lo peor, el cuasi monopolio sindical para imponer alzas salariales por sobre la productividad, mediante huelgas sin reemplazo.

¿Qué le parece que el ministro Valdés le haya pedido al Comité Asesor Financiero estudiar los usos de los fondos apuntando a paliar el déficit para no endeudarse?

Es una idea razonable y me parece conveniente que haya optado por recabar la opinión técnica de ese consejo. Sólo me preocupa, sí, que de tratarse de un volumen significativo, ello implique liquidar instrumentos financieros en dólares y rebajar artificialmente el precio  del dólar.

¿Se justifica ahora echar mano del FEES? La primera y última vez que se usó fue en 2009, para mermar los efectos de la crisis subprime. 

No me parece que echar mano al FEES sea una medida de emergencia, sólo para situaciones críticas. Esos fondos son ahorros y, por tanto, constituyen una fuente de financiamiento alternativa al endeudamiento, cuyo uso habrá de evaluarse teniendo a la vista las tasas de interés y disponibilidades actuales o futuras de financiamiento.

Usted dice que el crecimiento de este año y el próximo será en torno al 2%. ¿Podría registrarse una expansión negativa en el corto plazo? 

Si el crecimiento anual es de 2%, cualquier traspié puede llevarnos a cifras negativas por uno o dos trimestres. Es preocupante, por eso, la persistente caída de las expectativas de los consumidores, que podría exacerbarse con el aumento del desempleo que se espera para los próximos meses.  También la falta de dinamismo en la inversión privada, para compensar la baja explicable de la minería  y la construcción, después del término del beneficio del IVA. Una excepción interesante es el auge de la inversión en energías no convencionales, lo que prueba una vez más que, aun en condiciones adversas, bastan unas pocas buenas señales para poner en movimiento a los emprendedores.

Queda ahora la tramitación de la reforma a la educación superior. ¿Cómo evalúa la forma de financiamiento de la gratuidad? 

Lo que el proyecto hace es, implícitamente,  declarar lo que sospechábamos: para avanzar a la gratuidad para los estudiantes de la mitad más rica de la población, simplemente no hay plata. En cambio, los que provienen de la mitad más pobre, que hasta el 2015 recibían becas parciales o totales, unos este año y otros el próximo, accederán a estudios gratuitos en universidades o establecimientos técnico-profesionales.  El proyecto promete elevar el acceso a la gratuidad al 60% el 2018, con cargo a los fondos provenientes de la reforma tributaria.  Los tramos siguientes se postergan y condicionan a importantes aumentos futuros de la carga tributaria. Gratuidad total, por ejemplo, sólo sería viable, dice el proyecto, si los ingresos normales del Fisco alcanzan al 29,5% del PIB potencial. Hoy se estiman en 21%. Nuestra economía está a años luz de tener la potencia suficiente para soportar una carga tributaria semejante. En otras palabras, el verdadero mensaje del proyecto es que el programa de la Nueva Mayoría prometió lo imposible.

¿Le gusta la gratuidad universal?

Encuentro que la gratuidad universitaria total, esto es que incluya a alumnos provenientes de familias acomodadas, es una mala idea, injusta, lesiva de la libertad académica y reñida con la excelencia. Me alegraría que la fórmula propuesta en la práctica significara su indefinida postergación.

¿Usted participó en las conversaciones de la arquitectura de la reforma tributaria, cuyo objetivo principal era obtener recursos para la educación, ¿por qué cree que el gobierno recurre a “gallitos” para financiar los US$ 3.500 millones de la gratuidad universal si se considera que los cambios impositivos recaudarán US$ 8.000 millones?

Efectivamente, la reforma tributaria se promovió como una forma de financiar la reforma educacional y otros objetivos como reducir el déficit fiscal. Como hicimos presente durante el trámite parlamentario, me tocó hacerlo ante la comisión respectiva del Senado, al recargar de impuestos a las empresas se corría el riesgo de frenar la inversión y el crecimiento.  Desgraciadamente, es lo que pasó. El grueso de la nueva recaudación ha cubierto el faltante causado por el menor crecimiento potencial, el deterioro del cobre y la fuerte expansión del gasto del primer año de la presente administración.

¿Fue responsable la fórmula de financiamiento respecto de la mantención de la regla fiscal?

Desde la perspectiva estrictamente fiscal parece bien: los nuevos gastos que exige la gratuidad se supeditan a los nuevos ingresos fiscales que a futuro eventualmente se generen y, por tanto, mientras no haya financiamiento, no hay gasto.

A su juicio, ¿es correcto condicionar a ingresos estructurales el financiamiento de esta reforma y que quede por ley?

Entiendo al ministro Valdés. La Presidenta y su coalición se habían embarcado en una promesa inviable, como es avanzar a la gratuidad plena, y encontró una fórmula para patear la pelota al fondo de la cancha o tal vez fuera del estadio. Pero al hacerlo creará una suerte de prenda o embargo sobre el futuro aumento de los ingresos fiscales. Eso no me parece correcto. Incluso, me parece injustificable políticamente. El propio ministro ha salido a decir que con la fórmula propuesta, la futura gratuidad total estaría garantizada. Pero hay sólo tres maneras mediante las cuales podría llegar a cumplirse la condición estipulada de que los ingresos fiscales sean equivalentes al 29,5% del PIB: que al desarrollarse la economía, por mayor formalización de las actividades u otras razones, haya proporcionalmente mucho mayor pago de impuestos; que suban mucho los ingresos del cobre u otras empresas públicas, o que vuelvan a subirse fuertemente los impuestos.

¿Es factible? ¿En cuánto tiempo?

Lo primero, puede ocurrir, pero tomaría mucho tiempo: unos 40 años. Lo segundo, exigiría un alza  permanente del cobre sobre los US$ 5 por libra, pero sin aumento de costos y que Enap descubriera petróleo o algo tan inverosímil como eso. La única fórmula viable sería seguir elevando la carga tributaria con  sucesivas reformas tributarias como la del 2014. En mi opinión, allí radica el problema: en lugar de descartar la gratuidad total hasta nuevo aviso por falta de recursos, al ponerla como meta en la ley, el gobierno vuelve a instalar en el tapete la discusión sobre nuevas alzas tributarias; por crear confianza en que no se incurrirá en un déficit fiscal excesivo, levanta el temor a un nuevo impuestazo.

¿El ministro ya dijo que no habrá otra reforma tributaria, ¿no basta con eso? 

La aclaración del ministro fue específica: no habrá otra reforma tributaria en este gobierno, la duda es qué pasa después.

¿El o los candidatos presidenciales de Chile Vamos deberían plantear un cambio de estas reformas?

Mi opinión personal es que las tres reformas estelares del gobierno necesitan cirugía mayor. Habrá que reintroducir estímulos tributarios adecuados al ahorro y la inversión. Habrá que aliviar la carga regulatoria y burocrática impuesta sobre el sistema educacional. Habrá que volver a discutir fórmulas de adaptabilidad y flexibilidad laboral.

Entrevista a Juan Andrés Fontaine, Consejero de Libertad y Desarrollo, en La Tercera.-