Reajuste del salario mínimo: escaso espacio

En pocos días comenzará la discusión por el reajuste del  salario mínimo y en el contexto actual de crecimiento reducido se ve difícil acomodar un aumento generoso de éste sin que se generen efectos negativos en los trabajadores más vulnerables, que son los que suelen pagar el costo de salarios mínimos muy altos.

En efecto, la tasa de desempleo muestra una tendencia al alza, al igual que la precariedad laboral. Es así como de los 110 mil empleos creados a nivel nacional en los últimos doce meses, la categoría de cuenta propia representa un 77%, mientras que el empleo asalariado crece a un modesto 0,5%.

Dado además que el salario mínimo afecta en mayor medida a mujeres y jóvenes, no basta quedarse en las cifras agregadas de ocupación, es importante ver lo que ocurre en el empleo de estos segmentos. En el caso del empleo femenino, el 73% de los nuevos puestos de trabajo son por cuenta propia, observándose también un aumento más pronunciado de la tasa de desempleo femenina que de la masculina. Mientras esta última ha aumentado de 5,4% a 5,9% en los últimos cuatro meses, la desocupación femenina sube de 6,4% a 7,1% en ese lapso. En el caso de los jóvenes entre 15 y 24 años, se registra una caída en la ocupación de 5,5% en doce meses, junto con un aumento de la tasa de desempleo de 15,1% hace un año, a 15,6% actual. Se observa también un aumento del empleo a tiempo parcial involuntario de casi 4%, siendo éste otro indicador de mayor precariedad en el mercado del trabajo.

Este conjunto de indicadores recomienda prudencia a la hora de determinar el reajuste del salario mínimo, ya que un reajuste elevado podría generar más costos que beneficios para los trabajadores en su conjunto.

De esta forma, los actuales $ 250.000 alcanzados en enero pasado sólo podrían ser reajustados en un 2%-3% nominal frente a un aumento del IPC esperado de 2% en el primer semestre y un ajuste moderado por productividad. Reajustes más altos pueden acentuar la tendencia a la informalidad laboral, considerando que el nivel de salario mínimo actual no es bajo para la realidad salarial y de productividad chilena.

Tampoco parece razonable reiterar en la política de reajustes plurianuales, considerando la incertidumbre externa e interna que enfrentamos actualmente. Si el objetivo es evitar la complejidad política de esta discusión, se puede avanzar en “parametrizar” el reajuste de cada año, en la línea sugerida por la Comisión de Salario Mínimo convocada por el gobierno anterior[i], pero no en establecer niveles predeterminados, que luego pueden quedar desalineados de la realidad de precios y actividad en que se hagan efectivos.

El salario mínimo en Chile no es bajo

Se suele dar como argumento para un reajuste elevado el hecho que tendríamos un problema del nivel de salario, ya que el actual sería insuficiente para que una familia promedio supere la situación de pobreza. Sin embargo, eso habla más bien de un problema de falta de calificación laboral en los grupos más vulnerables, ya que en términos de productividad y en relación al nivel promedio de salarios en el país, el salario mínimo en Chile parece relativamente alto.

De acuerdo al “Employment Outlook 2015” para Chile de la OCDE, el salario mínimo en el país es alto si se compara con el nivel promedio de salarios, quedando entre los más elevados de ese grupo de países. En Chile (2014) el salario mínimo equivale a un 45% del salario promedio y a un 68% de la mediana de salarios, valores que para el promedio de la OCDE son de 39% y 50%, respectivamente.

Por otra parte, si se compara la relación entre productividad promedio del trabajo y salario mínimo, tampoco parece ser bajo el nivel de Chile. Efectivamente la OCDE señala que en términos de nivel, el salario mínimo en Chile es insuficiente para superar la pobreza, pero como solución no se plantea un alza del mismo, sino un rol más activo de las políticas públicas en capacitación laboral, de tal forma de entregar herramientas a los trabajadores más vulnerables. Dentro de la OCDE nuestro país es uno de los que menos recursos destina en términos del PIB a la política de capacitación laboral, siendo éste un desafío pendiente, no sólo en términos de la cantidad de recursos sino también en la eficiencia y eficacia con que se gastan, donde existen falencias evidentes.

Por otra parte, si se compara la relación entre productividad promedio del trabajo y salario mínimo, tampoco parece ser bajo el nivel de Chile.

En dicho informe de la OCDE se señala también como un desafío importante para Chile reducir el porcentaje de jóvenes que no estudian ni trabajan, que resulta superior al promedio de ese grupo de países, 14,9% vs un 14,2%. Este es uno de los grupos que no aparece en las estadísticas laborales, que se vería perjudicado con un alza importante del salario mínimo. De hecho, la OCDE ha propuesto varias veces extender más allá de los 18 años la edad del salario mínimo diferenciado que existe actualmente.

[i] “Informe Final Comisión Asesora Laboral y de Salario Mínimo”, junio 2010.

Estudio completo sobre salario mínimo