Entrevista a Cristián Larroulet: «La batalla de las ideas no se termina nunca, es una tarea permanente»

C LarrouletCuando en 1990, un grupo de académicos e intelectuales se abocaron a la idea de crear un centro de estudios, el papel que jugó Cristián Larroulet como primer Director Ejecutivo fue crucial. "Estábamos en un momento muy especial, Chile volvía a un régimen democrático en plenitud y por lo tanto consideramos que era fundamental que hubiera una institución que, con mucho rigor académico, hiciera un aporte sustancial a la elaboración de políticas públicas desde la perspectiva de la defensa de una sociedad abierta y libre".

¿Cómo se eligió al primer grupo de gente que integró LyD?

Hernán Büchi fue el principal impulsor de esta idea, que nos reunió a mí y a un pequeño grupo de personas -entre ellas Luis Larraín, Lucía Santa Cruz, Patricia Matte, Denise Couyoumdjian y Pablo Inhen que estuvimos en el equipo ejecutivo y quienes se integraron al Consejo, como Carlos F. Cáceres, Hernán Felipe Errázuriz y otras distinguidas personalidades- para comenzar a trabajar. Era gente que tenía cierta experiencia en el ámbito público y gente que venía del mundo académico, de las empresas, en general, personas unidas por un profundo sentido de responsabilidad pública, que consideraban que parte importante de su tiempo tenían que dedicarla a que Chile tuviera cada  día más y mejores políticas públicas.

¿Cómo se validaron como institución?

Lo primero es que para nosotros la democracia siempre fue y ha sido un objetivo fundamental. Cuando uno cree en una sociedad de libertades, eso significa democracia en lo político, significa economía de mercado en la institucionalidad económica y significa también una preocupación por la justicia, como elemento central en todos los aspectos.

La segunda dificultad fue el financiamiento. Para superarlo, lo primero que hicimos fue demostrar que era una institución de largo plazo y no transitoria y que valía la pena apoyarla. Asimismo, demostramos con hechos que éramos una institución autónoma e independiente.

La tercera adversidad fue abrirse espacio, ya que generalmente en el país no existía una cultura del rol de centros de estudios. Para lograrlo, nos esforzamos en que LyD fuera una institución que con rigor, elaboraba, proponía y defendía políticas públicas para el bien de todos los chilenos.

¿Cuál fue su rol como primer Director Ejecutivo?

El primer rol fue formar el equipo humano, liderarlo, buscar fuentes adicionales de financiamiento todos los años de tal manera de hacer crecer los programas de la institución. Diseñar con más precisión el perfil de la institución: qué tipo de investigadores había que tener, qué tipo de publicaciones realizar y en ese sentido, fue muy importante el haber conocido con mucho detalle la experiencia norteamericana. EE.UU. es el país que tiene más cultura de centros de estudios, y pude visitarlos, lo que me ayudó muchísimo para el diseño. Por último, la gran tarea fue abrirse espacios en básicamente dos áreas: en el diseño y la elaboración de políticas públicas, esto es en el Poder Legislativo y en el Ejecutivo y en segundo lugar, en la opinión pública, trabajo con los medios de comunicación, con el mundo académico y universitario y con los otros centros de estudios que habían en el país.

¿Cuáles fueron las principales batallas?

Fueron muchas, pero si tengo que recordar algunas, fueron importantes las batallas para seguir abriendo espacios a la iniciativa privada. Dimos una batalla desde muy al principio en la utilización de las concesiones como un instrumento para mejorar la infraestructura pública. Publicamos libros e hicimos seminarios sobre la importancia del sector privado en las concesiones de carreteras, cárceles y otros servicios sociales.

La segunda gran batalla fue seguir abriendo la economía chilena: apoyar a los gobiernos de esos años en la rebaja de aranceles, en la firma de tratados de libre comercio con países como EE.UU., Canadá y México, entre otros, fue fundamental.

Una tercera batalla importante es la que dimos en el área social, con especial énfasis en la Reforma Educacional del primer período de gobierno de Michelle Bachelet, cuando hubo un intento claramente en contra del aporte de la sociedad civil en la educación, como es lo que está ocurriendo hoy en nuestro país. Logramos armar una propuesta alternativa y llevarla al Congreso, negociarla y finalmente colaborar con los partidos políticos para sacarla adelante.

En el mismo sentido, las batallas por continuar perfeccionando la institucionalidad social, en la dirección de focalizar los programas hacia los sectores más pobres ha sido muy importante.

Por último, un sello propio de LyD es la importancia que ha puesto desde el primer día en el debate de la Ley de Presupuestos que hoy nos hace líder en el análisis de esa materia.

Mirando hacia atrás, ¿Cree que los objetivos que se plantearon a la hora de crear LyD, se han cumplido?

La batalla de las ideas y las políticas públicas no se termina nunca, es una tarea permanente. Obviamente han habido logros muy significativos: en 1990, Chile no figuraba en lugares destacados en los rankings de libertad económica, como ocurre hoy.  ¿Faltan cosas por hacer? Por supuesto que sí, y el mejor dato es que hoy estamos retrocediendo, estamos en presencia de una coalición política que está tratando de llevar al país por una línea más estatista, de menor confianza en la capacidad que tiene la sociedad civil para resolver los problemas sociales, de pobreza, de inclusión, de calidad de vida en las ciudades y en ese sentido hay tareas nuevas que la institución tiene que acometer, ideas que tiene que defender

Cuando se cumplieron los 20 años de LyD a usted le tocó dejar el cargo de Director Ejecutivo para unirte al Gobierno, ¿Cómo vió ese rearme de LyD desde afuera?

Siempre nosotros tuvimos presente que el gran test desde el punto de vista de la permanencia de largo plazo de Libertad y Desarrollo iba a ser el día en que un gobierno con ideas similares a las nuestras gobernara Chile. Nos preparamos con mucha anticipación en ese proceso, en la línea de definir el perfil de la institución y asegurarnos que continuara fuerte, sin perder  su característica de ser una institución con ideas y principios propios. Yo creo que LyD, a pesar de que perdió a gran parte de sus investigadores, se rearmó muy rápidamente y durante esos años tuvo un cuerpo muy calificado que hizo su pega como correspondía, con críticas al Gobierno en algunas materias y colaboración activa en otras.

Además, todos los que se incorporaron al Ejecutivo hicieron un gran aporte para que realizáramos un muy buen Gobierno.

¿Cómo le gustaría ver a LyD en los próximos 25 años?

Continuando en la línea de lo que fueron los primeros 25 años, defendiendo principios a través de políticas públicas, con capacidad para diseñar esas políticas públicas, para entrar al detalle de ellas con rigor, seriedad. No somos un centro de estudios sólo de ideas, el "expertise", la diferenciación, la contribución única que hace LyD en el país es que, defendiendo los principios de una sociedad libre y abierta, es capaz de entrar en el diseño e implementación de políticas públicas.

¿Cuáles serán los temas del futuro?

Yo creo que el foco va a estar en temas como la calidad de vida en las ciudades, el envejecimiento de la población, las nuevas formas de proteger la salud de la población, nuevas tecnologías que reemplazarán ciertos oficios. Temas antiguos como el Estado de Derecho, la importancia de la seguridad en la ciudadanía, conflictos asociados a la descentralización, también creo que van a estar muy presentes en los próximos 25 años.