Una brisa de aire fresco en Argentina

Por Manuel A. Solanet
Director de Políticas Públicas de la Fundación Libertad y Progreso

MANUEL SOLANETLas elecciones del 25 de octubre aportaron una fundada esperanza de cambio. Sólo algo más dos meses después de las llamadas primarias abiertas, los resultados mostraron un giro inesperado. La posibilidad cierta que triunfara el oficialismo sin necesidad de ballotage que se había insinuado en aquel 6 de agosto y que corroboraban las encuestas, fue desmentida por la realidad. Cuando después de seis horas de sospechosa demora en publicar los primeros cómputos, se conoció que Mauricio Macri encabezaba los resultados por un pequeño margen, la sorpresa fue generalizada. También la alegría de una mayoría de la ciudadanía que, de una u otra forma, deseaba el cambio. El recuento final dejó al candidato oficialista Daniel Scioli con una ventaja del orden del 2%, pero con una clara sensación de derrota. Así lo entendió la ciudadanía y los propios seguidores de los partidos en la disputa eleccionaria.

Al resultado nacional se agregó la derrota de Aníbal Fernández, actual Jefe de Gabinete de Cristina Kirchner, que aspiraba a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, la más importante del país. Su triunfo se consideraba asegurado por el arrastre del candidato presidencial y por el particular y anodino sistema de votación de Argentina. Se utiliza una larga boleta que comprende todos los cargos a elegir. Si un votante desea modificar algún cargo, debe cortar el papel e incorporar el tramo que resulte de dividir otra boleta. Algo tan complicado como una cirugía de apéndice. Pues bien, miles de personas se tomaron ese trabajo para votar por María Eugenia Vidal, una destacada y carismática profesional y madre de familia que es actualmente Vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, secundando a Mauricio Macri.  Su contrincante, Aníbal Fernández, que fue apoyado por la Presidenta contra los deseos de Scioli, tiene un enorme desprestigio y ha sido acusado de estar relacionado con el narcotráfico. Su caída se extiende a Cristina Kirchner, quien también es vista como la causa de un cansancio social hacia sus abusos totalitarios, sus poco creíbles efluvios revolucionarios, y su permanente confrontación. No sólo Anibal Fernandez ha sido la razón del fracaso eleccionario de Scioli. En los últimos sesenta días, se acentuó la sensación del fracaso de un gobierno cuya Presidenta apeló varias veces por semana a la cadena oficial de medios para atacar a todo lo que no fuera adhesión a su persona; que escenificaba esa transmisión desde lugares armados con una claque de obsecuentes aplaudidores y de tumultuosos “pibes para la liberación” con consignas setentistas y de corte chavista.

Mientras tanto, en las últimas semanas comenzaron a ponerse en evidencia las consecuencias de las políticas populistas y cortoplacistas de los últimos doce años. Un déficit fiscal desbordado financiado con emisión monetaria y con los fondos confiscados del sistema privado de jubilaciones. Una inflación del orden del 2% mensual y un fuerte atraso en la cotización oficial del dólar que destruye las exportaciones y que impulsa un mercado paralelo con una brecha del 70%. Un agotamiento de las reservas del Banco Central que motivaron un cada vez más estricto control de cambios.

En los largos años de la gestión kirchnerista, el lenguaje político fue el de la confrontación. En todos los planos primó el populismo como instrumento de generación de poder. Por un tiempo gozó de una situación internacional favorable en cuanto a los precios de los bienes primarios. Pero no fue aprovechada, se mantuvo la situación de default de la deuda pública y cuando se ofreció un arreglo, se hizo de manera agresiva, lo que a la postre se pagó duramente. Un porcentaje alto no aceptó la propuesta, litigó y ganó. Irresponsablemente, el gobierno kirchnerista desacató la sentencia de los tribunales que él mismo había propuesto. La ruptura con el mundo exceptuó a Chavez, Castro y el eje bolivariano. La dialéctica que acompañó estos desquicios ya no convence y hoy aporta al cansancio social.

Hay motivos para ese cansancio de una ciudadanía que, tal vez por temor, no se expresaba en las encuestas, pero sí al depositar su voto. Todo hace pensar que el 22 de noviembre, fecha del ballotage, tendremos un cambio que encauce la Argentina en el buen camino.