LUIS LARRAÍN EN PULSO: “LA PRESIDENTA, POR CARÁCTER, NUNCA LE ENTREGARÁ TOTAL LIBERTAD A SUS MINISTROS PARA MOVERSE EN LA CANCHA”

Luis Larraín es un hombre del fútbol, y con esa visión hace una analogía del desafío que enfrentan los nuevos ministros del gabinete. La capacidad de liderazgo de Jorge Burgos y Rodrigo Valdés se probará en la convivencia entre el sector más moderado del oficialismo y el ala de izquierda de la coalición, a juicio del director ejecutivo de Libertad y Desarrollo, ya que ambos -dice- “están sujetos a tironeos” de la Nueva Mayoría.

¿Han sido consistentes las señales de los nuevos ministros en orden a retomar el diálogo y recuperar confianzas?

El cambio de gabinete representa una vuelta a la sensatez en la política chilena. Con el gabinete anterior habíamos perdido eso, un poco del sentido común, y se estaba en un proyecto muy voluntarista. Los nuevos ministros, en particular Burgos y Valdés, son ministros que han expresado una voluntad de diálogo, que la han ejercido, y desde ese punto de vista hay un cambio. Sin embargo, es cierto que tampoco puede interpretarse esto como que el Gobierno está  abandonando su ideario o que está haciendo un marcado giro al centro, no dan las señales para decir eso. Los ministros tienen que moverse en una cornisa que es compleja y que tiene que ver con, por un lado, satisfacer a la parte de la coalición que quiere reformas más radicales, y por otro lado, a los sectores más moderados del Gobierno, la DC, el Partido Radical y la gran base de apoyo de esta administración que es la clase media.

¿Cómo se enfrenta el discurso del nuevo gabinete ante un sector moderado y un ala de izquierda?

Ahí se va a probar la capacidad de liderazgo de Burgos y Valdés, porque las posiciones que ellos ocupan son tradicionalmente en Chile dos posiciones muy importantes, donde deciden muchas cosas y que están sujetos a esta suerte de tironeo entre distintos sectores al interior de la coalición. Ellos tienen que ir tomando posiciones y en algunos casos lo han hecho. Burgos en materia constitucional ya tomó una postura respecto de la asamblea constituyente y Valdés en algunas materias relacionadas con la reforma laboral lo que ha dicho es que no se irá más allá del proyecto original, pero también dejó claro a los empresarios que va a trabajar porque se implemente la reforma laboral original del Gobierno.

¿Ve claridad en el rumbo del Gobierno? Por un lado se lee cierta moderación y al día siguiente surge la presión del sector más progresista que se niega a renuncia al programa.

Hay vaivenes. Cierto vaivén es parte de la política. El político tiene que tener alguna capacidad de maniobra, de apreciar la situación, apreciar su propia coalición, pero el excesivo vaivén es símbolo de inestabilidad. Cuando el Gobierno va para un lado y va para el otro sin que haya una cuestión clara, de alguna manera se está reflejando una falta de liderazgo y eso tampoco es bueno. Los ministros en esta primera etapa tienen que ir calibrando la situación. En el caso de Valdés, tiene una responsabilidad que no es nada de fácil, que es restablecer confianzas en materia económica. Las confianzas para invertir están muy debilitadas, no hay un ambiente propicio para la inversión, por lo tanto, lo que se ha visto el primer año del Gobierno es que cuando la situación económica no está buena la gente se empieza a alejar del proyecto del Gobierno y empieza a dejar de creerle al Gobierno, y Valdés tiene que estar preocupado de eso. Él tiene que reestablecer las bases para que la economía chilena crezca.

¿Cuánto tiempo es razonable entonces de ‘luna de miel’ de los nuevos ministros hasta que den señales concretas?

Se especuló mucho con que el 21 de mayo era la fecha para que hubiera definiciones y no lo fue; siempre pensé que no lo iba a ser, porque era muy poco tiempo. El tiempo que tienen los ministros es el segundo semestre de este año, ahí se juega este partido. Si transcurridos tres o cuatro meses no hay una línea clara y siguen los vaivenes excesivos, entonces el Gobierno va a estar en problemas.

¿Qué problemas identifica que puedan surgir en este período de tres meses para que no existan claridades?

Que siga habiendo una discusión muy abierta en su propia coalición respecto a cómo se tiene que hacer un cambio constitucional. Si siguen peleando entre ellos respecto a cómo se hace un cambio constitucional, si siguen los tironeos, obviamente eso le resta fuerza al Gobierno. Y en materia económica, si esto no se enriela hacia un proceso en que haya una notoria preocupación del Gobierno por el crecimiento ya las confianzas no se recuperaron y la gente va a empezar a esperar qué va a pasar con el próximo Gobierno.

¿Siente que los nuevos ministros están tratando de quedar bien con los moderados y los progresistas?

Me da la impresión que es la Presidenta la que está en ese juego, porque ella no ha sido demasiado clara en qué es lo que quiere en materia constitucional. Si bien es cierto no ha pronunciado las palabras asamblea constituyente, tampoco las ha desechado totalmente, y habla de un proceso constituyente, con lo cual quiere dejar contenta a su ala izquierda y a una bancada por la asamblea constituyente que es fuerte.

Usted que es un hombre del fútbol, ¿cree que los ministros tienen cancha para jugar solos?

La cancha se la tienen que tomar ellos. La Presidenta, por carácter, nunca le entregará la total libertad a sus ministros para moverse en la cancha, se la tienen que tomar ellos. Al final así se prueban los liderazgos en política. Los ministros de Hacienda que pasan a la historia son los que hicieron una gestión de mucho impacto. Los ministros del Interior que tienen estatura política son los que se toman atribuciones de un jefe de gabinete. Eso está pendiente en Burgos y en Valdés y es parte de lo que se juega en este segundo semestre.

¿Ve con autonomía al ministro de Hacienda, pensando en otros que han sido todopoderosos?

 

A eso me refiero cuando le digo que la cancha se la tiene que tomar él. El estilo no me importa. Por lo que uno conoce a Valdés no es una persona altisonante, pero eso no significa que no mande.

¿Las señales de Valdés han sido las adecuadas para recuperar el crecimiento?

Algunas cosas sí, otras no. Las cosas positivas que veo es que ha puesto por primera vez en este Gobierno el discurso del equilibrio entre el impulso fiscal, crecimiento del gasto público, con el gasto privado. Él ya dijo que con el crecimiento del gasto público que tenemos hoy día no podemos pensar que el próximo año vamos a tener un crecimiento similar, tiene que ser menor. Eso fue en la dirección correcta. En materia laboral se da la situación contraria, él se fijó un objetivo que es que el proyecto no vaya más allá de lo que originalmente era y ni siquiera está tan claro, porque si uno mira la tramitación, el proyecto laboral contiene dos o tres disposiciones que no estaban en el proyecto original, que contenía una disposición que terminaba con la práctica del que se ha llamado el ‘sindicato del día después’, que es una manera fraudulenta de constituir un sindicato aprovechando el fuero, y el Gobierno mandó un proyecto que lo termina, sin embargo, cedió a las presiones de la CUT y puso una indicación sustitutiva que lo restablece y sobre eso Valdés no ha dicho nada.

En El País Bachelet dijo que pretende demostrarle a la gente que todavía puede confiar en ella. ¿La ciudadanía ya no le cree a la Presidenta tras el Caso Caval?

Es verdad que ella sufrió una pérdida de confianza de la ciudadanía importante, pero eso no significa que parte de esa confianza no sea remontable. Ella bajó un escalón fuerte y puede recuperar algo, pero no va a llegar nunca a lo que fue. A veces las confianzas se pierden una vez y después no se recuperan.

La Presidenta dijo que quiere recuperar su capital.

El Caso Caval le golpeó, pero también le golpeó una cierta insensibilidad a la reacción de mucha gente de clase media respecto del efecto de sus reformas. Encontré un poco insensato de la primera parte de su Gobierno esto de echarle para adelante contra viento y marea sin escuchar lo que estaba pasando. Estaba claro que una parte de la reforma educacional no estaba diseñada y que se empezó a improvisar. Y eso causó en mucha gente, de partida los padres y apoderados del 50% de los niños de Chile, inquietud legítima. Cualquiera de nosotros si te van a cambiar cómo funciona el colegio donde están tus niños, está preocupado. La reacción de la gente fue ninguneada por el ministro de Educación y por el Gobierno. Trataron mal a los apoderados y le atribuyeron intenciones políticas cuando no las tienen.

¿No cree que el discurso reformista responde a un diseño? Que el primer año se pusiera el acelerador a fondo a las reformas incluso asumiendo que se iban a pagar costos.

Así lo he deducido yo de algunas entrevistas que se hicieron en su oportunidad al ex ministro Peñailillo. Pareciera que era un diseño de él. Y hacia el final del Gobierno plantear algunas reformas más amables, como el tema de gratuidad universitaria, que les iban a favorecer. Puede ser, pero se les pasó la mano.

¿Es sostenible que la Presidenta no supiera nada del financiamiento de su campaña?

Yo creo que no. Es muy probable que no haya sabido los detalles, pero sí sabía perfectamente las personas y sí sabía, creo yo, cuáles eran las fuentes de financiamiento principales. No se le puede pedir a un Presidente o al líder de una coalición que esté enterado de los detalles, o de quien pasó boletas y quién no.

Pero más allá de las boletas, el mecanismo…

Yo creo que ella sabía. Ella no tenía por qué estar enterada de los detalles. Pero tiene que saber que el señor Peñailillo y muchos señores más que trabajaron para ella y para su campaña no podían vivir del aire y tenían que comer. Y eso obviamente lo estaba financiando alguien y probablemente ella sabía también quién lo estaba financiando.